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Más fragmentos encontrados

por Alejandro
lunes, 08 de junio del 2009 a las 17:31
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...Y me dejas pensando tanto en la muerte que, a decir verdad, es mejor pensarla ahora cuando se tienen veinticinco años que a los noventa; porque no tengo, en este momento, una idea concreta sobre ella. No la tengo tan encima y mi espíritu no se distrae con desesperaciones y sombras que parecen querer llevarme, luego de horas y horas esperando que mi vida finalice. Estampadas contra la pared, mis sombras, por dios, como demonios en la oscuridad. La juventud es el período escencial de la vida para hablar sobre la muerte. Pienso que, justamente por la vaga idea que tengo de ella, por el grado de abstracción que le concedo y que me sirve para desmitificarla con la impunidad de las palabras, con razonamientos de una tremenda vivacidad que invitan a mi cuerpo a lanzarse sobre las aguas del delirio y la propia religión. La muerte es un juguete, es un sonajero, es un muñequito, la infancia misma; la alegría y el terror condensados en un espíritu chiquito y desentendido de las fuerzas tectónicas y misteriosas del universo. La muerte es mi perrita, y yo mantengo la memoria de ella. Porque, yo soy su memoria, sin mi, no habría algo que pueda llamarse "la memoria de ella" y sin ofender a ningún familiar o a nadie que la haya conocido. Pero ellos no escriben, sino que guardan sus penas y tristezas en las profundidades del alma y del silencio y me parece que está muy bien! Pero mi duelo es aquel al que no debo faltar. Estoy hablando de mi propio duelo? Claro que sí. Me hacés pensar en mi propia muerte: Cuántos me gustaría que presencien mi funeral? diez, veinte, treinta personas? Con una sola, que sepa guardar mi memoria en hojas (digo, al menos para él) que sepa guardarme en su corazón por el resto de su vida; y que hable sobre mi a cualquiera que vea necesario contarle alguna cosa. Y todo esto es una reflexión de tu muerte. No tenés que preocuparte que vos esa persona ya la tenés y soy yo. Aquí vuelco todas las cosas que llevo dentro de mi corazón; esta responsabilidad de documentar como si fuera el único testigo de lo que fué tu existencia. Es construir una memoria sobre el amor; el amor es memoria, o mejor dicho, la memoria es una manera de expresar esto de que el amor no implica sólo a la vida y que yo no tengo ningún derecho a olvidarme de alguien que lo único que ha hecho en vida fue (tal vez inconcientemente, tal vez no) promover amor. Los animales promueven el amor. Así como las personas que cada uno de nosotros cree que lo han hecho, y para ellas hay también memoria; la diferencia es que las personas se la tienen que ganar en la vida y me animo a decir con esto que vos Wendy, desde cachorrita ya te habías ganado tu memoria para el resto de lo que al menos va llegar a ser toda mi vida. Quiero decir que no hizo falta que tengas que transcurrirla toda para que me diera cuenta el extremado sufrimiento que me iría a causar tu perdida; la consumación de algunas de mis felicidades más complejas y la dedicación de todas estas palabritas que son tu memoria, tu presencia infinita dentro de mi alma y que hasta parecen hacer de mí un ser obsesivo y embobado en dedicarle tanta atención a una "mera mascota" (en todo caso yo seré la mera mascota atada a los relampagos del señor (?)

Por eso éstas cosas de las que hablo son complejas, aquí estoy incluído, desde mis sueños puedo empezarte a seguir; pero me detengo al levantarme y vos seguís y yo te pierdo de vista todo el día; pero cuando me estoy de nuevo por acostar, empiezo a escribirte, respondo los poemas que me llegan de la muerte (es tu manera de hacer tus cartas, cartas-poemas, ladridos estilizados hasta el paroxismo, lágrimas hechas de sonidos que están a la altura de cualquier sonata de Beethoven) Que patético es todo esto y sin embargo lo patético nos puede hacer llorar varios años más de diferencia que un discurso encantador y discreto. Me estoy por acostar decía, y empiezo a escribirte; es la previa a los sueños, la esperanza de que todas estas frases sean parte de un sueño primero. Y es terriblemente increíble que en los sueños no me asombre que aún sigas con vida, como si en esa historia vos continuaras existiendo y que hay un paralelo con todo esto que es lo que crea los sueños, la materia prima de los sueños, pero también el lugar donde las cosas caducan, se deterioran; ambigua es la realidad, y genera tantas rupturas y desacuerdos al alma. Todo parece que va a parar a los sueños, y cuando me muera, continuaré con mi vida en un sueño, como si fuera éste ya el último lugar al que vamos en horario completo. Fíjense el problema que se le genera al sueño cuando uno parece que va morir en ellos, como si el sueño respondiera con total indiferencia hacia la muerte, porque esa idea no existe en tal lugar y nos regresa a la cama diciéndonos que esas cosas son de este mundo, que no le vayamos con cosas mórbidas y extrañas. Pero cuando el sueño me regresa en el momento que te tenía encima y te acariciaba, eso sí que lo veía muy injusto porque yo sabía que se acababa mi tiempo para estar un ratito con vos. Busco respuestas a la inexistencia de algo que para nosotros tuvo tanta repercusión en nuestra propia existencia; y las respuestas creo que nunca las encontraré. La vida no es cruel, sino la propuesta que ella nos hace, porque la idea génesis, partir de la lógica de que todo se deteriora y muere es una propuesta cruel que nos da a elegir la vida. No hay más propuestas? Segunda triste reflexión: la vida no es cruel, tampoco la propuesta que propone la vida, sino que la crueldad radica en ser la única propuesta que nos propone la vida. Tercera lamentable reflexión: La vida no es cruel, tampoco la propuesta que propone la vida y tampoco que la crueldad radique en que sea ésta la única propuesta que ella nos propone, sino que la crueldad es que no podemos mas que aceptar esa única propuesta que nos propone; la aceptamos al nacer y cuando vamos creciendo vemos que algo anda mal, aquí vemos que no todo es tan claro como lo era dentro del vientre, donde uno no necesitaba conseguirse el alimento y dormía todo el día, donde no existían ni los pensamientos ni las relaciones sociales ni los intertítulos del sueño y la realidad. Me pueden decir que ese ambiente es tan o más cruel que éste que luego nos va proponer inevitable y autoritariamente la vida, es verdad. Pero entonces estaríamos en el punto culminante del pesimismo existencial. Yo sólo quiero recordarte Wendy y decir que su muerte me ha dejado muchas manchas indelebles que no hago más que dilatarlas con palabras en el cuadro de mi vida. La mancha es necesaria y digna de ser contemplada por todos los seres humanos que se vayan a detener delante de ella.

 

 

Surrolismos para mi perra

por Alejandro
lunes, 01 de junio del 2009 a las 07:23
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Surrolismos entre cielos las cartas entre nadas para competir en el final de todos los sueños donde Wendy aparece y yo como si nada va va babea y ni me asombro a pesar de que ve ve ve veo con claridad que sigue ladrando dentro de ellos otra historia propia donde su vida continua y yo como si nada me haría mal al estómago ni me asombro que sus males aca no existan y yo como si nada veo un hermano silencioso que llora en silencio y la mezcla toda en la mesa y el fragmento se evapora surrolismos entre inviernos las parcas entre todos acaloradas igual para sonreir donde nadie parece buscarle la vuelta al chiste Wendy Wendy mi perra contingencia de ecografías y poemas que alguna vez murieron de risa y hoy se levantan de la tierra del pantano llorón Wendy a buenas noches que el miedo escogió para prostituírlas en otoño y darles unos pesos livianos de hojas que alimentar y el cancer todavía famelico iluminada y lame toda una tarde de perras que el cielo las tiene en santuarios inmaculados de surrolismos y fragmentos de mis piernas toda la mesa y el fragmento ahora no se evapora y da paso a Wendy de nuevo subida encima mio no puedo dejarla que se vaya esta vez por dios por dios que lloro violentas ganas de guardarme a Wendy todos los otoños y primaveras de veras y verás que se puede me dice el cielo cuando lo tapo con mi empanada questoy alegre todavía surrolismos encima poemas de trompas a patadas y colmillos caricias me muero la lluvia ayuda a que vualvas lombriz en ayuna por una se van multiplicando y yo como si nada ni me asombro ni me libero de esta culpa que en sueños me dan lecciones y castigos y lagrimas de mas comas tomas formas fonemas poemas fantasmas inherentes a mi cuerpo de Wendy dormilona eterna en el viaje al centro de mis errores entre los cielos guardados como secretos del inconciente donde Wendy me vive se vive terrible todas las sospechas que tengo de llevarla encima todavía hasta la muerte y liberanos del mal surrolismo ateísmo y até un dios tambien de alguna manera a mi cuello para hacer de cuenta que salgo a caminar todavía con la correa puesta animal humano hermano que te quiero perra que te quiero perra que te quiero perra aa mujer que te extraño aa mujer aamen amen por dios amen.

no nos han de separar

por Alejandro
jueves, 28 de mayo del 2009 a las 17:31

no nos han de separar

Voy detrás de la palabra sublime

 

Para subirme a las parcas candentes

 

Y bostezar haciendo que grito, en silencio

 

Por última vez

 

Al fin y al cabo

 

tanto la primera como la ultima

 

la hice abrir con la idea de salir, de alguna manera,

 

y de este lugar

 

Mi boca es quien reprime siempre sus Códigos de la tierra blanda

 

                                                            Te susurro mi fiel compañero

                                                    

                                                          pero a los ojos y no al oído

 

  Para que puedas ver lo que digo

 

      Este cadáver que sigue siendo mimado por tu corazón,

 

te susurra cosas que no forman parte de este mundo conocido

 

Que es, pues, un mero susurro, al lado de mis plegarias

 

Visionarias

 

Palabras sepultadas en mi boca se levantan para recordarte

 

que nunca te olvides de mí, de mi cadáver, que sigue queriendo

 

de paseos comidas canciones siestitas y mimos

 

Fragmentos de una carta infinita para Wendy

por Alejandro
jueves, 14 de mayo del 2009 a las 04:18
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Fragmentos de una carta infinita para Wendy

 …que nacen de mi vida para postrarse en recuerdos tan reales como el presente mismo, haciendo de éste algo sumiso donde se apoyan las nostalgias y las tristezas de mi pasado. Extrañarte es poco y mucho menos un período que he de vivir, porque reconozco ahora las horas más bien como un vaho espeso, como la eterna mancha que llevaré de tu desgracia; no queda otra que seguir y seguir contandote lo que fuiste para mi, hablarte mientras quedo acurrucado dentro mi caverna espiritual, dentro de mis llanos horizontes donde se sedimentan mis angustias más influyentes y todas las huellas que iré dejando marcadas en el aire de este mundo hasta morirme y por fin descubrir ese paseo al que sola te fuiste, sin dejarme que te llevara prendida al cuello; y que por tus alas ahora ya no precisás de ninguna correa impune, y que por tus ojos que cerraron la imagen que tenías de mi y se abrieron en otra parte donde pueden mirarme mejor y todo lo que me quieran; ¡que nacen de mi vida! A cada rato, a cada segundo: los recuerdos, la presencia que tengo de vos y que está impregnada en cada célula de mi formación; mi adolescencia te la debo, te debo cada momento que hiciste que yo no sufriera de ese síntoma tan horrendo como es el de la soledad, que hiciste que yo tuviera siempre un abrazo a mano para dar, cuando no solo que no los tenía sino que no sabía lo que eran porque nunca me habían dado ninguno y los de niño que albergaban en las fotos y en mi inconciente, y eso no servía de nada porque mi presencia continuaba yéndose de mi, sabés Wendy, había días, días pretéritos, en que estabas con mi espíritu y nada más, mi cuerpo estaba solo y deforme, mirándose en los espejos de su inocencia y desdicha, mirándose qué tan feo era, y que la vida le había otorgado el don de sentir profundamente que podía irse de ella cuando quisiera. Debo decir, aunque no recuerde perfectamente cada día de estos doce años en que te tuve a mi lado, que hay algo que fue tan a priori, tan tierno y hermoso y hermoso y hermoso, y que era saber que todos aquellos años el regreso a casa era un sinónimo de tu bienvenida, de tu sonrisa fiel, eras un ser tan pero tan alejado de un acto hipócrita y de la falsedad que la razón humana se ha acostumbrado a crear histórica y culturalmente, eras un pedazo de inocencia, rebeldía, bondad, belleza, cariño, simpatía, eras la destinataria de una misión, y esa misión fue el hecho de ayudarme a crecer, ayudarme a perder los miedos de la madurez, ayudarme a querer, porque yo no sabía lo que significaba querer, desde este punto veo lógico que ahora te vayas, como fiel peregrina que eres, y que te quedaste a mi lado el tiempo necesario para que yo sepa abrirme solo al mundo, enfrentar las cosas y a partir de tu bondad infinita reconocer un acto de crueldad en seguida; amar, llorar, no dejar nunca de insistir cuando verdaderamente querés vivir, como vos hiciste hasta el ultimo minuto de tu vida, tus llantos agónicos y tus ladridos no se desvanecían nunca a pesar de que tu enfermedad se agravaba con cada segundo que pasaba, insistías, insistías, para que ahora sea yo quien te diera una mano, quien te extirpara ese tumor maligno que ya no te dejaba jugar con la pelotita de tenis, saborear tu plato de comida preferido, subirte a la cama para estar mas calentita y cómoda. Y me lo pedías a gritos, y yo a tu lado acariciándote, con mi corazón destruido en millones de fragmentos oscuros como la sangre de un hígado asqueroso. Y yo a tu lado acariciándote para que tu dolor descanse la mayor parte posible en algún lugar sin cuerpos, para que mis manos, que iba apretando cada vez mas fuerte a tu pelo brilloso y marroncito, puedan extirparte por medio de fuerzas espirituales que confiaba que mi alma poseía, todas las malditas cosas que tan mal te estaban haciendo. Y bajo la impotencia que me carcomía como una fiera hambrienta, empezaba a preparar alguna camita en el cielo, pero no para vos, sino para mi, porque era en ese momento que comenzaba a creer más en mi propia muerte que en la tuya, ¿o acaso no te fuiste literalmente con una parte de mi? ¿Acaso no quedaron en tu cuerpo las miles y miles de caricias que mis manos te regalaron con tanto amor? ¡¡Por dios!! ¡¡Que las almas existan y libres sean!! Y que tu vida no haya quedado allí apretada en esa fosa horrenda que me toco fabricarte para tu destino póstumo, y cuando te envolvieron con cal, que parecías una fantasmita indefensa con grandes ambiciones de seguir cuidándome y brindándome amor de cualquier manera; cuando veía cómo la tierra te iba tapando, y mis ojos a punto de rebalsar y mis brazos temblando de tanto haber cavado y sosteniendo ahora una pala que parecía más un elemento para construir mi culpa que la herramienta para ajustar bien el mecanismo de tus alas emergentes que ya eran semillitas cuando tu enfermedad se acomodaba en tu cuerpito. Si, tenías semillitas de alas. Quiero morir escribiéndote, haría un texto infinito para que mis penas no sean tan horrendas como veo que son a pesar de que los días van pasando, y que va amaneciendo, y saliendo el sol, y la luna, y el viento de un otoño plañidero y modesto, y la lluvia, la lluvia que temo que te moje cuando caiga sobre tu tierra, que te vaya convirtiendo en otra cosa, que vayas haciéndote naturaleza de vuelta hasta que un día ya no quieras despedirme ni siquiera con tu imagen putrefacta, hasta que un día te olvides de mi y renazcas en otra perra otro hogar otros brazos otras manos otros ojos y otro espíritu que alimentar y cuidar por años. Y todo esto es lo que siento que me destruye, por lo que lloro y lloro, pensando que cuantas más lagrimas tenga bajo mi poder, quizá pueda construir con ellas un ejercito con la única misión de ir a buscarte y regresarte a la vida. El silencio que hay ahora en casa es atroz, es mortuorio, es un silencio muy parecido al olor que salía de tu boca poco antes de que te fueras, ese olor que no era de este mundo, hasta me parecía sentir que estaba olfateando a la misma muerte, y tanto yo como vos estábamos totalmente enceguecidos de esta posesión, ninguno de los dos quería aceptar que había un jaque mate de hacia dos semanas y que tus quejidos nocturnos eran el anuncio de que algo malo iba a pasar, ya no te podías parar sola, bebías y comías poco, y ya no jugabas o me recibías como antes, cuando llegaba a casa y tu cola se empezaba a mover por arte de magia. Ahí estaba yo, sabia Wendy, construyendo tu nuevo hogar, haciendo con todos los dolores que produce la prolijidad el molde de tu cuerpo en la tierra, y planificando sobre todo que tu corazoncito, sepultado dentro de lo que pronto también lo iba a estar, albergara bajo el peso de una eternidad lo más bella y alegre que se pudiera, como lo fue ese mismo corazoncito, que tuvo la suerte de nacer dentro de vos y que supo palpitar en vida tanto ahínco y juventud. Es que, cuando uno ha estado mas de diez años acostumbrados a que el regreso al hogar connote tu figura y tu regocijo, y energías hermosas y sonrisas y colmillos que avanecen  de una previa siestita y ojitos hechos con la borra de un sueño muy profundo; cuando uno se ha acostumbrado a observarte cada día, y que tu imagen de pichona gigante, tus orejas enormes y de plastilina (hubiera sido terriblemente horrendo sustraerte esta virtud y hacértelas como a los doberman, como nos “recomendaban” ciertos veterinarios, porque eras cruza de perro de barrio con doberman) con tus patitas marrón clarito, casi amarillas (la zona del lomo la tenias bien negra) tu trompita y tu cola como el timón sin rumbo de la raza que eras. Todo ello estaba siendo ahora depositado por mi, en esa fosa, que junto a mis demás familiares empezamos a hacer en seguida, luego de tu muerte. Todo caería y mis recuerdos, por el contrario empezarían a elevarse de una manera totalmente conmovedora sobre mi espíritu, mis sensaciones de tiempo y espacio se iban haciendo corrosivas hasta el paroxismo; pilas y pilas de recuerdos, de caricias abrazos ladridos llantos combates lúdicos retos mordidas cariñosas insistencias de salidas y baños con manguera shampo y toalla; pilas y mas pilas de momentos al ladito tuyo comenzaban a superarme aplastando mi cuerpo con vehemencia (cierto desprecio de la mente sobre mi figura) Porque era todo esto lo que me iría a quedar ahora de vos, y el hecho de haber visto cómo mi pequeña amiga se iba siendo cadáver frío y exquisito (si, porque a pesar de sus doce años tenía un halo de juventud que impactaba, y exquisita como fue, dueña y señora sin hijos y delicada se tenía que ir) La fosa me parecía insondable, porque nunca mas iba a tener la posibilidad de verle sus ojitos de uva, su piel tan suave como la de los pollos; nunca mas la posibilidad de verme a los ojos y sentir cuando lo hacía que me decía: “te quiero”, y bien directo a los ojos me lo decía, porque su timidez, si es que la tenía, se medía en otras cuestiones más sutiles, como su acercamiento a otras personas que no eran de la familia, dándonos el parte psicológico de que nos quedáramos tranquilos que aquella persona era poseedora de un buen corazón y por ende podía quedarse que de su trompa no saldría ninguna queja en vano. Porque Wendy presentía, intuía, nos llevaba tanto en el alma como nosotros a ella. Era una perra expuesta constantemente al sentimiento, era una mas en la familia, no había como en otros casos en que generalmente se los tiene, cierta distancia entre las personas y el animal, y estoy seguro que si en algún momento hubiera pretendido usar los cubiertos, la mesa, con otro plato y otra silla por favor. Así y todo, ella siempre estaba ahí a la hora de comer, junto a nosotros, pidiéndonos un tanto maleducadamente que compartiéramos con ella la comida, y no estaba equivocada, porque nosotros la habíamos criado como a un igual y sus derechos eran bien creíbles y plausibles de ser llevados a la practica. Debo reconocer que este desvío argumentativo tiene esencia de nostalgia, de irme a propósito por las ramas para escapar de mis grandes tristezas que albergan en el tronco de la cuestión. Y la cuestión es que hoy te estoy escribiendo una carta de despido, me estoy despidiendo de vos, porque ya nunca más volveré a verte; tengo fotos, tengo recuerdos, tengo tu platito de agua y comida al lado de la heladera que no me animo a tocarlo, y siento que por las noches te acercas a ellos, se escucha tu lengüita contra el agua, se escuchan tus movimientos, tu respiración tus sueños inquietos, tu presencia augura en toda la casa, como si ahora nos abrazaras con un poder mayor, como si ahora fueras diez veces más grande de lo que eras, dueña y señora de mi alma, y cada vez el platito con agua está mas vacío, ¿será que con tu atuendo blanco de cal te despertás y te hacés efímeros paseos controlando que todo esté en orden, viendo si las plantitas fueron bien regadas, si algún gato a intervenido en la mugre de tus suelos y dominios de la terraza? Quiero abrazarte y ya no puedo, quiero darte el calor que necesitás pero se que tu cuerpo ya no lo precisa, tengo ganas de llevarte hasta la agronomía, como cuando me acompañabas en mi odisea de pensamientos amorosos ¿te acordás, cuando compartías mis tristezas en ese parque que te parecía enorme? un lugar para escarbarlo hasta más no poder; después te cansabas y querías un poco de agua, querías regresar y dormir por horas, soñar con tu paseo y con algún lindo perrito que conociste en el camino. ¿Te acordás, esa noche que volvimos tan mal, porque habías sido la gran culpable de que un indefenso gatito quedara sin vida?, resulta que te fuiste a su encuentro cuando se encontraba debajo de un auto (hay que reconocer que uno de tus grandes hobbies fue siempre ahuyentar gatos escondidos en diversos lugares del barrio) y justo cuando sale escapando, otro auto, como salido de un infierno inventado solo para ese preciso momento, lo golpea, dejándolo en el medio de la calle desangrándose y en estado de una desesperación similar a la posesión por parte de espíritus nocturnos, y esa noche nos volvimos tristes, porque vos también te habías dado cuenta de lo que habías hecho, y que no había sido a propósito, y después el tema que le compuse a ese misterioso gato anónimo que tuve la desgracia de ver como moría, y cantaba en la pieza, junto a vos que me mirabas desde la cama de mi hermano; pasado unos días cantaba: “ y mis ojos se dejaron llevar, mi vulnerabilidad, se retorcía en mi cuerpo, y la muerte de aquel gato llevaron a mi alma por dentro, a descubrir su verdad” Y de qué verdad hablaba sino de la misma que se me presenta ahora con tu muerte, una verdad inhóspita, increíble, que nos deja totalmente vacíos y con las manos, que teníamos llenas de esperanzas e ilusiones, listas ahora para tirar al cesto de la impotencia, de la vulnerabilidad y hasta de la locura. Quiero que sepas que no pretendo ni siento adularte como si ahora fueras el árbol, el cielo y la tierra al mismo tiempo, seguís siendo mi Wendy, esa es tu imagen y siempre así la será, y creo que si nos hemos cruzado en esta vida, tal vez es por algo y tal vez logremos algún día encontrarnos de nuevo, te extraño demasiado como para asumir que nuestros ojitos tan parecidos en el fondo no vayan a cruzarse nunca más y que ahora con la lluvia te estés mojando bajo la tierra tan húmeda y fría, no me puedo sacar esa obsesión que tengo de verte sufrir, porque lamentablemente así es como te fuiste, y no lo merecías, porque tu bondad era inmensa, hasta diría que todo lo que fuiste se puede reducir a eso, cuando se nos muere un ser humano, quizá nuestras lagrimas las compensamos un poco con algún acto de maldad que aquella persona en su vida haya ejercido, por mínima que sea; pero en vos no hay ni hubo maldad, hay amor instintivo, hay todo lo que no se justifica por nada en el mundo que deje de existir, hay todo lo que debería existir, lo único, y eso sentía cuando te enterraba, que enterraba al amor propio, enterraba mi propia felicidad, enterraba sonrisas, enterraba otro corazón con mi pulso, enterraba sin darme cuenta el hecho de que ya no había tiempo para agradecerte por todo lo bien que me habías hecho en la vida, porque si hoy alguien me dijera que soy una persona buena, agradable y simpática, parte de ello te lo debo a vos, que moldeaste mi forma de ser, que me inclinaste con tu tierna trompita el camino para que ya no vea a mis costados vergüenzas, angustias, miedos, desconfianzas, me extirpabas la soledad como te hubiera gustado que yo extirpe esa mierda de tumor, que yo te entregara mis pulmones para que pudieras respirar mucho mejor de cómo lo terminaste haciendo, pobrecita, quedaste muy mal y yo a tu lado sin poder hacer nada, y cuando estábamos en el hospital y mi papa se había ido a sellar unas recetas para que te mandaran hacer una placa, y estaba yo solo con vos, que agonizabas y te habían colocado morfina, y que te irían a agujerear con todas las inyecciones posibles, y estaba yo solo con vos, manteniéndote el respirador en tu naricita y llorabas y llorabas y a mi se me iba haciendo un nudo enorme en la garganta y miraba por la ventana, tres y media de la tarde, un sol hermoso, seguramente niños jugando en alguna plaza, mujeres a punto de ser madres,  hombres charlando en sus trabajos, pero también, personas pidiendo monedas en la calle, personas en hospitales de urgencia, o sacando turno para que los atiendan, en fin, el mundo con miles de contrastes que hacían de ese sol algo que ya para mi no iría a connotar la felicidad de tiempos de antaño, la alegría de salir a tomarlo creyendo que todos somos cómplices y compartimos una tardecita preciosa. Estaba con vos y con el nudo, mirando por aquella ventana, pensando qué iría a pasar con tu vida, sabiendo que el medico minutos antes se había manifestado muy severamente y hablaba de que lo tuyo podría ser terminal, de que había que esperar los informes de la radiografía, y fue ahí, la única vez en tu vida que pegaste un Tarascon, y la victima fue papa; pero no eras vos sino tus dolores los que llevaron a que te defiendas de esa manera cuando te quisimos pasar a una camilla fría y de metal para que te sacaran esa radio, y con qué vitalidad por dios lo mordiste, cuanta vida cristo mío había en ese animal, tu enfermedad no había hecho de vos un ser ya desmoronado anímica y mentalmente, tenías más vida que nunca, querías recuperarte, no te ibas a dejar vencer tan fácilmente, había un fuego dentro tuyo que combatía cada lagrima obscena que quería salir por tus ojitos, había el fuego del cachorro que tiene toda la vida por delante, había punk rock emergiendo a patadas de cada una de tus células. Y cuando te atamos la boca por si volvías a morder, tu sufrimiento se dilató aun más, porque no te querías ver así, no querías terminar así, habiendo sido tan cariñosa durante toda tu vida, habiendo tanto entre la piel, mi piel, y tu pelo; y sentías que tu dignidad se perdía, que ya era inevitable que te hicieras pis encima y que no podías bajar a tu lugarcito en la terraza donde hacías todas tus necesidades, necesitabas nuestra ayuda y eso también te hacia mucho daño, te sentías mal con vos misma, pobrecita Wendy, desde que he comenzado a escribir mi amor por vos, por cada palabra se duplicó, y no me queda más que firmar con mis lagrimas, y escribirlo todo de vuelta también con más lagrimas y volver a firmar y usar las sobras para cuando me vaya a bañar y para mañana y pasado y hasta que mi tristeza de alguna manera pueda ser controlable, para que mis sentimientos vuelvan a su estado normal (¿) cual será por dios el estado normal de los sentimientos. Yo solo se que hoy estoy triste porque ya no te tengo conmigo, porque solo me queda recordarte y porque siento tanto tanto tu alma dentro mío que las ganas de que te aparezcas son infinitas. Espero que estés calentita, ahora que viene el invierno conseguite un lugar calentito y acogedor en el cielo o en donde vayas a estar, vos ya sabes que en mi pieza siempre vas a tener tu lugar y vas a hacer bienvenida, simplemente porque seguís siendo la dueña de estas tierras, la hembra que nos cuidabas con todo el amor que le hubieras podido dar a tus hijos, eras sabia Wendy, porque a pesar de ser yo un ser humano y vos una perra siempre me mostraste cosas que solo jamás hubiera podido reconocerlas, me ayudaste a crecer y hoy sabés lo que hay del otro lado, siempre fuiste una especie de vidente, una ninfa en cuatro patas que sollozabas cada vez que me veías mal, una geisha de la alegría, una de las cosas más preciadas que se han ido de mi vida y me has hecho llorar por primera vez, por primera vez desde que la gente me dice que ya estoy grandecito...…”Que nacen de mi vida los recuerdos de tu ausencia, incontrolables cuando los pienso mirando desde la terraza tu cielo nublado allá junto al árbol de duraznos…

 

Chau Wendy

2/1/97 - 9/5/09

 

Alejandro Surroca

 

Alejan

por Alejandro
lunes, 16 de marzo del 2009 a las 21:57
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Animismo sobrecargado de impulsos secretos, en el callejón de férreos espantos que a la sombra infinita perjuran llevando cruces de luz y peste en sus garras.

         Caminan hacia mi descendiente y barren sus restos cuando ya lo han pulverizado con miradas que solo han visto la predicción de un acto siniestro.

         Pululación de horrendos pero espíritus. Separación de mundos por nieblas violetas y filosas y manchas en el umbral de lo real. Atisbos de pasados ocultos para el hombre y creencias en razas con almas viejas que vuelven a inmiscuirse con las de este mundo.

         Se cierra el cielo como si la oscuridad vistiera un tapado aún más oscuro que su carne.

         Las llagas de mi muerte se abren superando a su propia herida de vida. El corazón se delata solo y se dispara por última vez. Mis células de una alquimia de mercado económico y horrendo se deforman sobre algo espantoso como la tierra húmeda bajo la noche sin estrellas y vegetales odiosos y vivos.

         Se dispara por última y esta vez es mortal.

         ¡Hechiceros implicados en el desarme de mi propia ausencia! Que mi alma fuera bañada por manos de monstruos que siendo una criatura me mecían y sonreían sin labios y la ternura escondida debajo de sus tumbas. Que mi alma fuera codificada para hacerla pasar por las más terribles desgracias jamás imaginadas.

        

Alguno por ahí sabrá (amores fallidos y flores nocturnas de soliloquios podrán confirmarlo), que todas estas cosas que ando describiendo como si fuera un hereje, un gótico del siglo XIX, no son más que caricias infinitas de jardines y girasoles que salen al mundo cuando amanece la primavera.

 

 

Y recién ahora salgo

por Alejandro
jueves, 05 de marzo del 2009 a las 16:13
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Y recién ahora salgo

Caído desde adentro, a la yerba menguante que de lo alto me recita con una luz accesible a toda sensación de odisea. Le Aparecí a un parado, redondo y cinético torbellino de niebla obnubilada, que desde las profundidades surgía como sueño de fiebre, famélico de vida, un vivíboro alerta de su creación y dispuesto a caminarme encima.

         Al otro lado, un inmenso pájaro pesado insoportable en los brazos del aire, hacía giros de nómade arrepentido, imitando a los siniestros remolinos de fuego que lo seguían como si fueran sus criaturas. Mis terrores me complacían, porque no estaba eminentemente en peligro de muerte, puesto que mi corazón no funcionaba aquí a vida, sino a pila; y primo Pílades, consejero de Orestes y hermano de mi Electra, ¡Electra mía!, que lo incitaste a que tu padre se vengara de tu madre y de Egisto. Y mis razones de vivir antiguamente se mezclaban con otras ambiciones secundarias.

Tan vívido parecía, en la colmena de sueños pasados y futuros guardados en archivos de alguna memoria omnisciente, que no seguía sino a las comarcas desaparecidas en el cielo del doctor y vicario y caballero y también sacristán de todas las iglesias derruidas en mi corazón a pila.

Los cabellos que en el sueño no se agitan, y se frenan eternos como si llevaran la marca de un accidente horrendo que nunca han podido reparar; los brazos aleteando en vano con la intención de metamorfosear en alas y viento; el rostro tieso pero idílico, como si fuera un ícono moderno estampado en las paredes de cualquier ciudad del mundo terrenal; las vistosas rodillas de un cosmos que desfila para las estrellas; y el cuello de una guitarra, largo como el de la jirafa, movedizo y musical como el de un reído que escapó hace tiempo del zoológico.

El pasillo no se angosta a causa de predicciones sobre la contracción de mi alma, mientras el corazón se va quedando sin pila, se angosta por causas místicas y perdones que no fueron aceptados; por las lluvias eléctricas que lo van destrozando de a poco, hasta quedar casi como si fuera un cable que desemboca en uno de los tantos horizontes que tiene el infinito, en el repertorio de todas las angustias que cuelgan sobre mi cuerpo.

Y recién ahora salgo, por fin que salgo, luego me levanto y luego duermo y luego me acuesto, creyendo que las gentes de todas estas calles seniles y secretas me miran demasiado por todo esto que llevo puesto encima     

 

Y a las hojas de los árboles dedico mi traición

por Alejandro
lunes, 02 de marzo del 2009 a las 20:07
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Y a las hojas de los árboles dedico mi traición

La traición de los cuadros y las reinas del verano subidas al oyamel.

Cuentos que traicionan lo que el poeta ha querido vivir.

Semejantes fieles traicionaron el estupor que tuvo alguna vez un héroe embalsamado.

Traicionar a todos aquellos destinos que dicen llevar en sus mochilas el significado real de la existencia.

Me he traicionado comiendo un helado de frente al físico ornamentado, a las plásticas voces que respiran debajo del sudor.

Rencores que traicioné al dejarlos muriéndose solos y abandonados en los suburbios de mi alma.

El amor que algún día me traicionará, y cuando yo lo sepa sabré precisamente que estoy enamorado.

La capital de mi templo erigido en palmas y líneas postizas que traiciono rutinariamente con el objeto de que todo se venga abajo.

Las provincias de mi templo hace tiempo ya que son ruinas traicionadas por el dialogo de organismos que no se ponen de acuerdo

¡Cuántas arañas caben en el techo de esa casa que tuve antes de nacer!, en la panza de mis tedios y enidmas y cuadros hechos a pedido de un burgués traicionero

 

Y a las hojas de los árboles dedico mi traición. Ellas los dejan en otoño, y el que viene otras los dejarán, y así hasta que todos ellos se mueran.

A la muerte le gustan los huesos, si, como a los perros, ¡traición!

No soporto la idea de que alguien se enamore de mis huesos.

Y mis ojos, ¿dónde se llevarán los recuerdos? La leña de mis recuerdos que tanto me costó recolectar. ¡Traición! Traición de mis ojos, de mi cuerpo, que tiene pensado dejarme con el tiempo y me dice que la fogata la haga con todas estas palabras que prenden rápido si se las ponen una encima de otra, una encima de otra, una encima de otra, y así hasta traicionar lo que yo tenía pensado decirles. 

 

Inservible inocencia

por Alejandro
lunes, 02 de marzo del 2009 a las 01:29
guardado en

Inservible inocencia que detesto de las horas con lluvia y algo más que se ve desde mi pensamiento balcón

 

Arrojado al entusiasmo rico de mil veces atribuible al cosmos arrodillado

 

Al pequeño vértice que incide en la dulzura deshuesada.

 

Amar y mar y sol y estar pasar tomar y se que Estoy bien ahora de animo y escribo al que llegue más rápido a mis huellas comparsas y estelares

 

Amigo que miro desde las sombras cremadas en la noche, y hablo de la noche con la justa razón de olvidarme por dos momentos la particularidad de que todo lo que e dicho en papel ha sido de día;

el primer momento fui pecado y el segundo pescado rabioso que después navego tanto que tengo que caer en la conclusión de que “momento realmente” dentro de la mente es un sinónimo de “eterna vivencia” y sigo que hoy estoy soy voy al disfraz de cabeza

 

Me tiro al revolver como si fuera más que un disco, más que mi propia muerte que todavía la guardo en un cajón que tengo bajo la tierra de mi cama; y la tierra que planea por un aire movedizo, como de viento holgazán que no quiere terminar de madurar; y los que no pueden despeinarse lo castigan impunemente con actos que parecen sacados de un programa de disciplina militar.

 

Voy al disfraz de cabeza, sabiendo lo inservible de mi inocencia; pero aquí me siento peor aún, porque puedo ver solamente con los ojos, y me desespero que mi cuerpo se asfixia, que mi color se vuelve oscuro bufón. Y acaricia mi cuerpo todo el pegote sin querer hacerlo, y no hay peor cosa que acariciar sin tener ganas de acariciar. La pasta y la mitra tapando todo lo sincero que pueda haber dentro mío.

¡Por dios! que no tuve que viajar para llegar hasta tu boca de gusto a libro azul; hasta tus ojos a vitral de iglesia profana; hasta tus mejillas a paisaje con llanuras de piel y pleamar empachado; hasta las siestas de todos los santos acumuladas por orden y vestigio de ser los verdaderos momentos que ellos tuvieron para soñar esta vida donde nosotros realmente estamos y conocemos y hacemos para justamente aceptar la idea de que todo esto es lo contrario a un sueño (al menos desde mi humilde e inservible inocente opinión)

 

 

 

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