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Miráme, por última vez, como mis lágrimas; como mis todos los que me hicieron sentirme que soy yo, que no soy otro o que el otro no se parece tanto al mirarme bien.
Pero ésta quiero que sea la última vez que nos miremos, una vez más. Aunque nunca llegue a suceder, tal vez, quien sabe que ves, cuanto costará mirarte, cuanto vale mirar tan bella criatura.
Lloran los muertos, y creo haber escuchado que lo hacen en ocaciones extremas. Aprendamos de ellos y no gastemos lágrimas a cada rato. Acostumbrados a abastecernos de lágrimas de legumbres de luces de libros de litros de libros de los otros y de aquellos que ya no están. Aquellos que están muertos esperando el momento justo para llorar, el momento justo donde tu me miras, por última vez. Mañana te lo pediré de vuelta


