Ce le Alejan
Ce le alejan muertos porque uno de ellos siente demasiada pasión. Ce le alejan. También están vivos, aquellos tuvieron una misteriosa forma de conocerse.
Y todo quedó sin cuerpos. El silencio contra la palabra que insiste y se obsesiona por llegar hasta las mismas ramas de la muerte.
El silencio que piensa y espera del otro lado. No parece desesperado, aunque los silencios muchas veces lo sean. Y la palabra insiste, le ruega y se arrodilla ante los pies del silencio; le ruega y se vuelve a arrodillar; le ruega de nuevo y esto se vuelve rutinario.
¿Existirán otras formas de jurar? Aquí esta metido el amor, que expira una confluencia de sensaciones desconocidas en el universo. Aquí está inevitablemente algún miembro de la muerte inyectando un color espantoso en el alma de la palabra.
Adentro lloran los niños como órganos envejecidos, miran hacia arriba donde está el corazón; pero este es un Dios que también esta llorando y que todavía no ha cumplido la edad necesaria para que deba llevar atuendo humano. El humano está afuera, muerto de un frío existencial, con la palabra en los ojos. Y la obsesión de cada palabra es también una obsesión por llorar y no poder hacerlo por alguna extraña enfermedad ponderada.
Los muertos, Ce le alejan; pero ellos no están muertos y los vivos se les acercan demasiado. Y ciega es la confianza que se da en años, o al menos podría llegar a serlo, mientras que cinco días bastan a veces para intimidar demasiado.
Váyanse todos a la eternidad y vuelvan renovados que los años cada vez parecen más cortos. Ce le alejan, lejos de todos, una tarde donde todos estaban, justamente en la eternidad, con reposera y sombrilla y el mar a sus pies, como si todos hubieran de colarlo algún día en ese intento de jarro que lleva el nombre de imaginación y se muestra como el mas apropiado para vivir de veras en la eternidad.
Me presento con el único movimiento que de antaño decía cosas nuevas, lejos del mar, lejos de todos.
Ce le alejan, pero éste ultimo esta solo, siente el deseo insondable de estar con ella (aunque aparezcan juntos en el título del poema)
¡Y cuanto amor desaprovechado como para cubrir planetas y babear estrellas de tamaño natural! Cuanto amor que tiene para darle y son estas cosas las que producen formas nuevas de concebir a la muerte, ángulos inesperados que surgen ahora con bastante sentido. La terrible ceguera de un alma hecha solamente de manos. Manos creadas con la sola condición de buscar, durante toda la vida una gemela.
La perturbación inmensa y racional de los sentidos. El sufrimiento forma parte de sus planes, o quizá, inconcientemente, su plan sea sufrir y ya no hablemos por favor de palabras ni de silencios.



