La conformación y el fracaso de un guión ficcional
Caía del cielo una supuesta alegoría sobre la esperanza, y después de haberme abotonado con infame precisión la camisa y haberla ajustado a las oquedades que existen siempre entre el estómago y el baquero, tomé la campera y escapé. Ahora bien, por qué digo “escapé” y no “salí”, puesto que albergaba una casa, mi casa, y no en alguna penitenciaria del gran Buenos Aires. Bueno, se podría decir, y vanos los comentarios complementarios en la cabeza del lector (incluyéndome a mi post-edición-blog- y santa librería ) que cuando escribo o cuando pienso, es constante mi grado de incentivación e impulso a transgredir las normas de la velocidad, como si mi cabeza fuese una vorágine que no admite la paciencia en ningún momento; al levantarme ya presiento un imán en la nariz y el propio planeta se me pega a ella como si fuera una insignificante molécula de aire, a diferencia que esta última, por razones evidentes es un poquito más chica.
Tendría que reconsiderar aquella idea plegaria de los movimientos que habitan sobre mis dos costados cuando camino rápido por la vereda; una idea usada para asemejar el cine a la rutina, para la manipulación del tiempo y el espacio cortado y planchado, arbitrario, haciendo “a lo Godard” unos desentendidos y radicales cortes en el plano. Así son mis efímeros trayectos (producto de esta corrosión del tiempo que lleva a la prioridad de mis pensamientos cuando debería estar poniendo atención en cruzar bien la calle) y los síntomas que se generan a mi alrededor no hacen más que dilatar asociaciones y sueños encadenados a una verdad inevitablemente distorsionada.
A las doce y media del mediodía, más o menos, iba a tener un encuentro con mi gran amigo César. A sólo pasos de convertirnos además en socios, sentía que mi corazón irradiaba demasiada felicidad, que esta vez íbamos a lograr algo importante.
La historia sobre un tipo que había descubierto una abertura en su pecho de la cual podía lanzar rayos láser con sólo imaginar un pecado, de verdad me cautivaba. Estaba absorto, era una idea que, con bajo presupuesto y algunas condiciones evidentes siempre exigidas sobre el guión, por supuesto: enemigos, secundarios graciosos, la conquista del amor imposible, etc; el éxito no era más que un plan asegurado. César ya me lo había dicho por teléfono antes de salir de mi casa: “Es una gran idea, los productores se pelearán por obtener nuestra propuesta!!”.
Yo ya estaba en la esquina de Jonte y Caracas, yo que era un tipo muy puntual en general, esta vez, imaginen ustedes; pero César, por el contrario, cayó a eso de la una menos cuarto. Sin embargo me pareció considerar esto como un gesto muy positivo, puesto que él nunca había sido más impuntual que ahora, cada uno, como ya bien dije sobre mis pretéritos impulsos, manejaba el tiempo a su manera, el reloj en la muñeca, era lo mismo que el collar en el cuello o el cinturón en el Jean, o el anillo al dedo, es decir, una muestra prescindible de todo cuerpo liberado
Antes de comenzar el diálogo, nos dimos un gran abrazo, él venía con el pelo recogido hacia atrás, traía un semblante agónico y octaédrico, sus ojos oscuros parecían ya de lo lejos auspiciar una imagen del film y apenas dejamos el abrazo para volverlo a usar en la confirmación del éxito, me dijo muy claramente:
-Me parece que lo primero que tenemos que montar, es una escena fuerte, que atrape al espectador al instante y me parece también que el héroe tiene que ser más bien filosófico, intentar que la gente vea cierta complejidad en el asunto y no algo banal que se descarta con otra película en seguida. Tal vez, y ya que usamos la ficción, la vida podría significar otra cosa, estar encapsulada desde el origen por una fuerza que ha sometido siempre a la sociedad y que lo hará eternamente; y a esta especie de Mesías, que nació con un sólo poder, me parece que podríamos agregarle (digo agregarle irónicamente) una serie de defectos biológicos que lo llevan a descubrir que es poseedor de otras cualidades como esta del rayo, un rayo que acabará, con cada pecado desvanecido, liberando a todos de esta fuerza que no tiene nada que ver con un Dios, sino, podría ser, con un Gran señor que lo ha tenido a éste como esclavo desde antes que la raza humana halla sido creada. ¿Que pensás Che?
-Muy interesante, dije, un poco consternado, primero por el entusiasmo que traía Cesar y también porque de verdad pensaba que la idea básica planteada en un primer momento se estaba empezando a gestar como si, gracias a los dos, tuviera una vida propia, ineluctable.
-Debería llevar una plástica envidiable, podríamos buscar material en el cómic o en el cine de Antonioni, quiero que sea algo bien nacional pero con una mirada estéticamente universal, una dialéctica que pueda proyectarse en calidad del presente que vivimos todos los hombres. Mejor vamos a un bar, nos sentamos y seguimos charlando, ¿que te parece?; porque acá hay mucho ruido, además hoy juega Argentinos Juniors y en cualquier momento esto va a ser un verdadero quilombo
Accedí al pedido de César y nos fuimos para el lado de San Martín. Si podíamos hoy llegar a concretar todo, daríamos inconscientemente un gran paso, sobre todo en estas cosas que llevan un tiempo prolongado y perspicaz; hablar de un año nada más, en el cine podía ser un sinónimo de "recién comenzás", por eso, y ante el orgullo de sentirnos capacitados para generar un arte desde su rama más compleja en cuanto procedimiento, industria, movilización, operatividad, contacto, financiación y miles de cosas y lenguajes varios, era más que admirable el hecho de sentarnos durante un par de horas con muchas ideas en la cabeza para incorporarlas a la estructura de la película, ya sean textos visuales, escritos y también ideas sonoras, por supuesto.
Como los puentes que siguen ese camino de rizos ondulados, de praderas panteístas y montañas con verdes y prismas basados en el clima templado y arenoso; aún de día se tenían en cuenta los recuerdos que había dejado la luna impar bajo el hechizo indiscutido de su belleza redonda y jovencita. Un atardecer que se hizo luego el arquetipo de tres movimientos a cambio de la concreción definitiva de nuestro glorioso guión técnico. A pesar de haber compartido mi sánguche y tomar prestado del baño un vaso para bajarlo, porque uno, dos cafés está bien, una gaseosa, pero toda la tarde pidiendo de comer y tomar daría como resultado hasta la post producción y el trailer. Pero, después de todo, muy poco pudimos hacer aunque era muy cierto que habíamos llegado a prefabricar una historia compleja sobre un tipo que terminaba siendo, en la noche de cuaresma, el fan número dos de este súper héroe, y digo segundo porque, al final de todo, se hace saber que el propio narrador de la historia nunca podría llegar a ser relevado de su condición obsesiva por alcanzar a este héroe del láser donde quiera que valla.
A eso de las seis y media de la tarde decidí salir del transe y tomar un poco de aire por los alrededores del barcito. Toda esta morfina onírica del film tuvo su origen hará un año más o menos, cuando estaba en la casa de Rem tomando unos mates y escuchando algo de música sesentona. Me acuerdo que sonaba de fondo un tema muy conocido de los Zombies y la madre del pibe bailaba cerca del aparato, entre la nostalgia de un pasado cultural efervescente y la segunda pava sobre la ornalla en estado de ebullición total. De golpe la inspiración había llegado a mi espíritu no de manera casual, sino por un conjunto de factores que provenían de la casa; la energía rumiante comenzó a ponderar sobre mi sentencia de vida, una sola palabra que se hacía pasar por idea absoluta quebró mi conciencia en ese momento cronológicamente exacto donde She`s no there y la madre extasiada en el piso subían a la cúspide que en otrora dejaba su lugar a millones de estribillos prácticos y frenéticos. Yo permanecía sentado pero con esa suerte de consigna que recomendaba considerar al cuerpo como un baúl y al alma un tesoro al que había que estimularlo para que tenga valor propiamente. Entonces agradecí mucho la invitación y me fui corriendo a la casa de mi querido amigo César. Compañero de infancia y especie de ruptura con mi vacuo perfil adolescente. Desde hacía tiempo que las ganas estaban, yo quería filmar y el quería escribir; sellar un pacto y un producto diseñado en la adocenada fábrica del alma; y sin embargo yo había recogido finalmente la pluma y él una cámara familiar. Y de esta intensión tan humana y sincera sólo había quedado una especie de corto medio pesimista sobre la conquista que desbordaba todos los límites posibles hasta llegar al poderío nupcial del reflejo mismo.
Quedábamos en seguir haciendo proyectos y más proyectos, algún día, pensábamos que algo original, algo con capacidad para soportar una crítica respetable y provocar alguna sensación en el que se sentara adelante… tenía que salirnos.
Un sujeto de unos treinta años de edad y con tintes heroicos y superpoderes un poco bizarros, personaje dotado por un suntuoso talento en el pecho, pero todavía sin nombre, en fin, el cómic, en su vertiente más analgésica llevada al cine por dos jóvenes un poco detractados como lo éramos nosotros, luego de tantos años buscando una temática bastante modesta, tal vez, pero dándole el toque personal y la magia. Quedaba la noción del contexto y varios objetivos. La idea había llegado, eso era lo pragmático, y ya no quedaba más que sentarse y someterse a todo tipo de planteo y propuestas para llegar a la concreción final de la historia.
Así estuvimos entretenidos pensando que en esto había empeño, que dos extraños sujetos inmersos en algo paralelo al mundo podían soportar, sin embargo, la carga desmesurada del mismo y encasillarlo (a fuerza de meter una vida en dos horas), su apariencia redonda como la perfección de una falsedad que dice que todo está muy bien, que si viviéramos en un cuadrado, eso sería un signo de malestar y poema con héroe y héroe sin h; pero nadie puede negar que la cosa está cada vez peor aunque seamos parte de un reino y una tierra en forma de globo. Expresar que cada cabeza tiene dentro un cuadrado era lo mismo que decir: cada cuadrado tiene dentro un planeta, cada planeta tiene dentro una cabeza y muchos cuadrados que la siguen.
Todos eran pensamientos quizá triviales o estrepitosos como para estamparlos sobre la capa de un héroe anónimo que se siente perdido en la capital y sube a los colectivos pidiendo monedas mostrando su rayo interior como si fuera un talento innato (y es que lo era) ante la presencia de gente muy desconfiada que creía más en la broma y la comicidad que en la admirable y extraña, pero verdadera causa de su patrón extraterrestre.
Fue entonces que supimos algo muy lamentable y tedioso hasta cierto punto, descubrir, y a falta de rasgos provisorios debajo de un manto negro que está por venir. En fin, no servíamos en absoluto para crear una historia ficcional, había ganas, ideas y propuestas, escenas para que el héroe diera sus batallas y también para que llorase; pero talento no había por nada en el mundo. Fuimos sinceros aceptando que ninguno de los dos tenía interés por los cómics ni por los tipos con poderes sobrenaturales. El entusiasmo del mediodía, se había transformado (cuando salimos del bar), en un motivo más que guarda el tiempo de incentivo pasajero, y cuando ya preferíamos tirar esa cantidad ilustre de hojas y destinos, hicimos una breve promesa de, o retomar este guión del cual no teníamos mas ya la intención de formar parte (o sea que si seguíamos estaríamos fomentando hipocresía) o la de volver a plantear un nuevo proyecto donde se pueda ver que nuestros ideales (medio devaluados hasta el momento, nostalgia que hechiza) tengan una comodidad mayor en el relato y que los juegos con dobles sentidos y toboganes al óleo no estuvieran tan en desacorde con la situación alarmante que vive hoy nuestro querido país.
Caminamos un rato largo, sobre la noche, media en desarme, la luna superpuesta con una nube que la atravesaba, como si fuera una navaja que atraviesa un ojo, y perdón Luisito por usar el mismo ejemplo pero así se parecía el preludio de nuestra odisea. La cancelación de esta especie de guión a voluntad conciente, nos había dejado, no sólo en la oscuridad inevitable de un anochecer que siempre llega, también transitábamos por un destino nublado desde lo interior, esperando tal vez que llegara a cicatrizar por cada paso que devenía en cada cuadra; hablábamos poco y encima de cosas en absoluto imprescindibles. Yo sabía que César nunca había dejado de poner voluntad en el trabajo pero aquí el problema no pasaba por eso, pasaba (y esto era precisamente la triste realidad del relato), que más de dos o tres hojas no habíamos podido crear, y esto por no decir, y valen los sustantivos que pronto serán por prestamos y no gratuitos (hasta las palabras se cobrarán, terrible presagio), todavía faltaba mencionar el enorme desorden de aquellas ideas prosaicas sepultadas no en hojas (vale decir además y ya que está), sino en la pocas servilletas y sobre la estepa de unas cuantas mesitas que tenía aquel pequeño bar de Jonte.
Pero no podría seguir tendiendo al disgusto y la amargura existencial por una mera idea no tan aprensible al imaginario colectivo nacional. Caminar empezó a ser una idea interesante para la conciencia, para refrescar espacios y profundizar en otras cuestiones; antifaces había a patadas y tapar rostros inmiscuidos en la mentira y el moho no podía ser por nada en el mundo nuestra insignia a seguir. Ante la desesperación de encontrarnos lejos de ser figuras talentosas y propensas a digerir rápido una oferta que la mente puede ser capaz de ofrecerle al espíritu humano para ganar una estatuita en Cannes, antes que nada evitamos canalizar el disturbio. Entrábamos en otra dimensión y la medianoche nos ofrecía una bebida que también serviría como cualidad para delimitar un horario y marcar el inicio de nuevos tiempos (podría decirse que hay vida después del Apocalipsis, ¡si señores! hasta aquí llegaba nuestro grado de insatisfacción por la falta de un don divino)
-Que barbaridad, che; cómo pudimos perder toda una tarde, con lo que valen las tardes. Me parece que estamos conjugando mal las situaciones y yo me debería ir a otro lado, otro rubro. Cuando me pongo a pensar qué significa tener una gran imaginación, me estanco en algunas palabras, ni siquiera tengo imaginación para pensar qué puede llegar a ser la imaginación
-No te preocupés Cesar, estás siendo demasiado duro con vos mismo -le dije medio con hombros bajos y sabiendo que aquellas palabras iban como flechas metálicas directo a mi conciencia-
-Es que no me comprendés, el arte me termina superando, tengo las alas pero adentro de mi cuerpo, y con las manos la verdad que muchas cosas no sé hacer. Escribir es una tarea difícil y no encuentro justificación cuando me dicen que el tiempo sirve para escribir y no viceversa
-¿Qué escribir sirve para el tiempo? -le pregunte bastante sublimado, prolongando el tedio de una conversación en vías de autodestruirse-
-Exacto -respondió, aunque, irónicamente, no con mucha precisión-. Preguntále a un gran escritor, no importa si está vivo o muerto, vos preguntále si cuando se pone a llenar hojas no está, al mismo tiempo haciendo el tiempo, que para nada lo concibe como el tétrico camino por el que hay que pasar para que le editen un par de poemas y basta.
César estaba siendo presa de su propia agonía, más tarde pudo llegar a comprender que la cosa no era para tanto, un simple boceto es una buena manera de concretar algún día algo con valor, hacerle entender que todo podía transformarse en una empresa de energía positiva para la vida me terminaba salvando a mi también, y para esquivar la pesadumbre que nos había producido este rebaño mal llevado, propuse olvidarnos de todo y empezar al otro día con algo nuevo. El destino, tan ambiguo, tan particular y tan extraño para la filosofía del ama, podría dejarnos, sin malentendidos, alguna sorpresa en el primer escalón de la madrugada, cuando ya estuviéramos en el feto de otro día y las llagas de la noche anterior hallan sido producto de una inflamación que no se cura con ningún antibiótico pero sí con la decisión de que el sol retome de oriente una vez más (el regreso, en mayor o menor medida, tiene que ver con el renacimiento, nacer a expensas del otro. El pasado no es más que un presente olvidado)
Hablemos de otra cosa Cesar, hay tanto que saciar, tantos modos y trémolos, acuarelas, escenas inolvidables, tengo tanto amor por el arte, no quiero fatigarme al divino botón por patrañas obtusas (como diría un libro traducido al español) Le insistí de nuevo si quería sacar otro tema pero se limitó a palparse los bolsillos de su campera de corderoy. Buscaba algo hasta que finalmente lo encontró. Un papel que estaba plegado unas cuantas veces.
-Y dónde está Godot -le pregunté como intentando pegarle una cachetada a su conciencia, cada vez más comprometido en un hallazgo-. Abrió el papel sin darle interés a lo que le había preguntado y comenzó a recitar:
"Entonces, por ahí, fuego y ronda habría que elegir
Cada llama reposa junto al árbol impreso en la hoja
cada hombre; su cuna de lado, roedor permitido
Sale a prenderse y es comprensible, está mejor dando vueltas
El queso se hallaba muy cerca de la ronda fundamental
no es que estaba mal atraparlo pero nadie lo seguía
Ni a él ni a su lácteo corrompido"
Después de esto, un silencio profundo que auguraba otra vez alguna pena socavada. Se rascó el cuello, lo friccionó y luego me miró y me dijo:
-Que te parece
-Es un poema. -Respondí con un halo de ingenio prematuro-
-Lo escribí sin pensar en nada
-Pero está muy bueno, -le dije, y era verdad que me había gustado bastante-
-Es que necesito expresarme che, es el único que hice, se lo leo a todo el mundo. Sucumbió por un instante y después continuó, con otro vaso de cerveza en otro bar y otra galaxia de voces y ruido, en todo este contexto incomodo para reflexionar sobre supuestos que atañían a esencias imperceptivas en las personas, nuestro juego de silencios y proverbios se hacía grande y ostentoso y nos impedía, también, escapar de cualquier manera a vivir ajenos al arte o a participar en el intento por lo menos de subirse a sus vagones espirituales
-Yo creía que el comic te gustaba che, -continuó-.
-Y la verdad que tanto no, pero como olvidar El Eternauta
-Impresionante, -cabizbajo, frotándose sus manos, en estado reflexivo medio somnoliento, contuvo un par de dedos como si fueran muecas hechas con las manos, moviéndolos incesantemente, parecían de alguna forma entrar en disputa o complementar con sus pensamientos-. Agregó pero empezando de vuelta:
-Impresionante, ¡ese sí que era un héroe!: Héctor Oesterheld, ¡que soñador por dios! ¡Ahí sí que había idea, descripción, conflicto, por vez primera ciencia ficción en escenario porteño! Nosotros apenas entendemos qué significa hacer un Decoupage. ¿De qué hablar ahora con la ciencia ficción?, no sé, podría el héroe, tal vez, luchar contra sigo mismo, ya que se deprime porque los enemigos son falsos que se sienten cómodos donde están sin enfrentar a nadie; famélicos de orgullo deteriorado. Se ve que hay una dictadura en la cabeza y nuestro héroe no puede entrar con ese láser de mierda que para lo único que le puede llegar a servir es para generar escándalos sin sentido. Hoy deberíamos creer mejor en alguien que regale libros en la parada de los bondies, en los subtes, a los cartoneros, para que sepan que hay papeles que se reciclan en la cabeza. La basura, ¡que barbaridad!, está en todos lados. ¿Te imaginás un tipo que vive de los cartones (a nosotros poco no nos falta) leyendo, sentado en un cordón, Operación Masacre? Escuchame, ¿como querés que hoy día hayan héroes si la gente se siente libre y orgullosa sin haber tocado nunca ni siquiera la tapa de un libro?, y no lo digo por los pobres que pobres no tuvieron la oportunidad ni de casualidad. ¿Cómo querés crear un héroe si no tenemos armas para hacerlo? y si las tuviéramos sería una gran contradicción porque las armas deberían hallarse en el polo opuesto de la figura de un héroe, puesto que sus poderes, se supone, forman parte de su cuerpo y sabe que ha nacido con privilegios peligrosos (como los grandes escritores de este país) pero que sin embargo podrían utilizarse para combatir el crimen y el desorden general. Vivimos una época de mierda donde para desarrollar la imaginación no hace falta precisamente leer novelas con súper héroes adentro ni novelas de Ágata Christie con crímenes adentro; hoy, la imaginación está en el informativo, en las películas de mierda que pasa el cable, toda la basura junta se recicla en la cabeza de barrios al por mayor. ¿Por qué no leerán a Kafka digo yo (decía César en realidad) mientras se hacen un viajecito a la salada, mientras se deforman el cuerpo con ropa barata y ordinaria, fingiendo que lo superficial escapa de todo supuesto mal vestido; que la carita linda con ventanilla polarizada tiene más valor que el pobre diablo encerrado en el cuarto cubierto en lágrimas (encima que le costaron un huevo) porque le faltaba poco para terminar de leer Rayuela?
César no paró de hablar hasta las cuatro de la mañana aproximadamente, y hubo momentos en los que su grado de impotencia pregonó la ausencia. Cuando ya regresábamos, no dudó en obsequiarle a la gente que pasaba incoherencias que la verdad conmocionaban por su calidad como para asociarlas con otras cosas esenciales, por ejemplo cuando se reflexiona sobre las distintas edades que uno va teniendo en la vida. El tipo que pide un café con leche en vaso de Whisky o la extraña sensación de prolongar la infancia hasta la muerte, resumen de las intenciones que tenía César de mezclar los tiempos, proferir gritos como “¡Viva la muerte!” o “¿¡Por qué no te fijas por donde caminás, no ves que soy un pobre viejo que anda reclamando las mismas prioridades que tuvo cuando sintió su halo de juventud retumbar en las sombras de la eternidad!?
César confundía la última conversación aceptable que habíamos tenido con la desesperación de no poder concretar nada y las horas que pasaban y pasaban. Yo me había animado a decirle un secreto que llevaba muy guardado en el bolsillo y él, ya sin poder sostenerse de ningún lado, cayó inquieto y gélido como las baldosas mismas que lo ampararon. Y en ese estado que daba pena en serio, respondió segregando un indulto a mi favor. Más tarde se recuperó y yo me ofrecí para acompañarlo hasta la puerta de su casa. Llegamos justo con la conclusión de encontrarnos de nuevo, dejar pasar un par de días a ver qué pasaba pero asumiendo el costo que nos iba a salir todo esto si quedábamos parados en el aire. El futuro, en mi caso y en el de César, no estaba primero en las manos de alguna omnipresencia divina, a eso queríamos llegar y para ello necesitábamos afianzarnos en el presente y poner en marcha la imaginación. Era cosa de esperar que algo novedoso surgiera en la cabecita de alguno de los dos. Nuestro futuro pasaba más bien por sacar la cabeza de un pasado tan acuoso como el que habíamos vivido durante toda la noche.
Me despedí de César sin antes decirle de nuevo mí humilde y preciado secreto: “si querés conocerme, mira mucho cine de Bergman”.
Aminoranza de todas las antenas con que se hacían ecos un montón de inhóspitos fieles en desuso. Vinieron dos tardes más tarde y devolvieron toda el alma de una, quedando yo sobornado bajo mis pies que se las ingeniaron para esquivar este charco metafísico. Desde la ventanilla de un Bondi que pasaba, también se dieron el gusto de lanzar un vómito congestionado, al ralentí y desembocando en la planicie más peluda de una cabeza que pasaba. Después vino un golpe y una erupción mental y los empalmes en veremos; el tránsito precavido pero asqueroso como los expertos lanzadores; árboles, vidrieras y veredas, todo, absolutamente todo lo que percibía se inmoló para dar paso a las llamas de la imaginación secular. Aquel instante que me pareció muy análogo a un plano en planta del paraíso; quiero decir, por su perfección y por su dentadura que dio origen a la boca más temible que haya besado el suelo. Una condena en base a delitos de la ilusión corrupta; entre y por los surcos de una propiedad mutante se alzó a la vista de unos pocos en uno mismo, el incesto honrado jubiloso rey de los Cantos (especie de raza frígida y subterránea que altanea por debajo de las avenidas de Buenos Aires) señalándome al unísono con estos Cantos para que reconociera (y esto lo sabía porque en los sueños uno siempre sabe de más pero llega al menos a un resultado inconcluso) todas las dificultades que uno tiene cuando ejerce el cargo de ser humano. Me invitaba a su reino que ya sabía yo que era fatuo y horrendo pero hinchado en detalles y verdades que si se las colgaba en alguna pared de la ciudad podrían algún día llegar a concientizar a mis semejantes, quienes le atribuían al aburrimiento y la nostalgia de otra vida mejor los motivos por los que se sentían incapaces de cambiar el canal con mayor raiting farandulera (y ya me lo había dicho César con justicia)
Después de haber transitado toda esta odisea, me levanté transpirado, a punto de recapacitar de nuevo. Acordarme de César, el guión, el fracaso, el agua y el alcohol. Haberme tirado un ratito a descansar, de golpe se transformó en parte, y no por propia voluntad, mejor dicho y simplificando, sacrificaba un sueño para elevarme al menos por un par de segundos y meditar elocuentemente sobre quién iba a guiarme de ahora en más. Yo cortaba esa pesadilla de rasgos homogéneos y medía con ojos y manos el vasto imperio de los sentidos (paradójicamente acorralado por la presencia de los demás), aquellos que tenían el futuro asegurado; yo sabía que aún no era capaz de asegurar mi pasado, y a pesar de esta enorme diferencia (¡¡relojes afianzados en la muñeca y el despotismo verbal!) pude corroborar, al vestirme y ponerme las zapatillas, que el presente no necesitaba ser cotejado con otros tiempos. Estoy y soy (me decía por dentro) estoy y soy estoy y soy ¡por favor! y por las dudas, no sea que mañana tenga que olvidar las cosas que hoy me pertenecen y que suelo interpretar de manera moderada.
En otro lugar (a dos cuadras nada más), César estaba como embalsamado. Dormía en el infinito, buscando al mismo tiempo formar parte de otra raza diferente, una raza embriagada en zonas y con luces de metáforas inquietas. Aún le importaba intercambiar diálogos sobre su lecho y se hacía la idea de llegar a vivir mejor en aquel universo post-socrático. Más tarde lo vino a acariciar una mano muy fina y ceremonial, una mano que pensaba y se convencía de que por culpa suya había dejado que César se lamentase tanto, que César divagase tanto esos días que las ideas se le venían como vientos imprecisos y solitarios que buscan la compañía más cercana, cuando no tienen otra alternativa.
-Vos, -le decía la mano- sos el único que siente nostalgia cuando sueña mientras el mediodía se pasa. Lo veo en esos ojos que tenés bien apretados contra el oscuro salón individual.
Y mientras que César empezaba como a recitar su manifiesto poema de velador, en vos baja y sin disimulo posible, se alzó un bello rostro dueño de aquella mano fraternal que había entrado en el sueño, eclipsando la concepción del ocaso y llamando a César en un vuelco a la realidad muy flexible y cariñoso.
César levantó los párpados en reposo y el labio triste de Maite se esmeraba en repetir como podía una oración de las tantas y tan ineficaces que César iba diciendo infinito
-¿Te sentís mejor? -preguntó Maite-, que lucía pálida y sus manos no dejaban de esgrimir los cachetes y la oreja de César
César no respondió, seguía en la hipnosis pasajera que todo despertador conmociona. Se acomodó mejor poniendo su cabeza en posición más o menos perfecta sobre la almohada y así se quedó contemplando el semblante de la Maite; pero también algo había además entre el cansancio y Maite mirando un Sábado medio húmedo por la ventana de sus ojos oscuros y de neblinas. Sepillándose más tarde los dientes, recordó el fracaso y la angustia de no haber podido dilucidar el interés por aquel guión desparramado en los juncos de la noche anterior. En el bar y la planicie fresca de una vía de escape intermitente, César había hallado un lugar acogedor, ambos subordinados al poder de una prenda amistosa con olor a proyecto rosa y maduro antes de creer que por ahí se van incorporando problemas especiales, olvidados por el entusiasmo
-César es todo lo que tengo -dijo César, como ganado por sí mismo-. ¡No hay más guión, el porvenir está en tus manos, así que no las pongas sobre algo que pueden estimularlas a que se pierdan!
Maite se levantó, salió de la habitación, pasaron dos minutos, entró de vuelta, pero esta vez traía bajo sus manos una carpeta
-¿Qué es eso? -dijo César, que todavía seguía con la sabana que le cubría hasta el cuello-
-Tuve una idea, y de eso pasé a una conversación, y de eso a un problema, y de eso a una historia. -Maite levantó la risa por primera vez y le alcanzó la carpeta. César se esforzó por alcanzarla, la abrió y con ínfimo entusiasmo se puso a leer lo que decía-.
-Que interesante, ¿de que se trata?, todas las hojas tienen número… claro las enumeraste, hay un montón, me parece que voy a terminar odiando las historias, pero queriendo al fin y al cabo que nadie se anime a quemar ninguna. La regla, cómo era: películas con final cerrado igual a final feliz; película con final abierto igual a final tristón pero la posibilidad de revertir las cosas queda, ahí está el secreto, esto es una barbaridad, la resaca digo, contame Maite de que se trata
-No se bien como decirte, es como un viaje por la penumbra, a lo largo del recorrido uno se va dando cuenta que nunca va poder medir esa distancia que nos separa del punto de partida; pero tampoco si estamos seguros de que alguna vez tuvimos el deseo de salir y hacer una maratón sin ser concientes hasta qué punto somos inválidos con el ímpetu desvaído.
César entendió poco pero además que Maite tenía una idea más bien de novela y que por costumbre de vivir en él fue moldeándola para llevarla al cine. Desde el primer día en que se habían conocido Maite le confesó que se sentía capacitada para ayudarlo en el guión. César se puso jocoso, le gustó aquella explicación pero le hizo dar a entender que por el momento no necesitaba profundizar en pesquisas novedosas, que por el momento (recién se levantaba, que momento) no se entusiasmaba con meterse a crear una nueva historia, le dijo "guardálo que ya lo vamos a usar, no te impacientes, tengo que juntarme con mi amigo porque todavía tenemos cosas para hablar, habíamos quedado en algo, no recuerdo muy bien en qué pero quizá él sepa mejor que yo y me esté precipitando demasiado rápido, recién me levanto mi amor"
-Pero César, esto me lo aceptaron, el I.N.C.A.A.A va producir el proyecto, no me habías dejado terminar, era como una sorpresa que te quería dar, a vos y a tu amigo. ¿Ustedes en qué terminaron además de una evidente borrachera? ¿Pudieron hacer el guión? Claro, Maite no sabía nada y sabía lo que no sabía César, y éste empezaba a recordar, mitigar el prisma de una prudencia indispuesta, que todo lo habían; ojos henchidos al filo del olvido, empezando por una tarde para andar con remerita, poniendo luego las ideas en servilletas usadas y más tarde en alguna zanja inmaculada al margen de un cordón cualquiera; todo lo habían dejado para hoy.
César no tenía celular (eso sí que está por verse, diría una empresa telefónica que hace propagandas mostrando adolescentes estúpidos que piden una foto, foto, etc.) y le pidió a Maite que le mandara un mensajito a su amigo, un recado importante, tal vez un poco devaluado pero que valía para retomar una propuesta deficiente.
-No, Maite, terminamos en nada, pero algo ya se nos va a ocurrir.
César no se animó a prender un cigarrillo antes de prepararse algo para almorzar y se dio cuenta que el antojo tenía que ver con ansiedades y furtivos sentimientos en seguida frustrados, en presencia de una suerte inhóspita que se le venía venir a Maite.
-¿El I.N.C.A.A.A decís, que lo va a producir? -preguntó César mientras se dirigía a la cocina y utilizaba el encendedor finalmente para prender la ornalla-.
-¿Te parece raro?, -respondió Maite, no sin otorgarle al emisor también un velo matiz interrogatorio con ésta pléyade vestida de oración-.
-Rarísimo, en estos momentos me parece cualquier cosa una oportunidad perdida, hay veces que me quedo pensando mientras hablo, como ahora, quiero decir, ¡metéle para adelante!, la cinefilia se ha encamado en nuestras vidas, yo quiero vivir con ella y con vos debajo de las sábanas, como si fuera una pompa que me separa de la realidad, el soporte de un sueño acreditado para que te dejen convivir en él. Eso es mi cine Maite y lo quiero vivir en vos, así que me parece genial, no raro y las oportunidades ( si bien encontrás de las dos especies), la tuya es demasiado genial, lo que puede ser muy bueno pero lleno de alertas porque entrás en algo groso. Estamos hablando Mai, justamente de algo que nunca será justo para cualquiera que no tiene talento, que desconoce el sabor de las sustancias con que está hecha el alma y prefiere la diversión económica, labrar una llave que no abre ninguna puerta que de al alma, cinco sentidos ¡y punto a vivir en ella! Estoy muy orgulloso de vos, si hay algo de lo que estoy seguro, es de que vos sos precisamente esa llave que tengo y que puede abrir cualquier cosa, así me descubro sabiendo que estoy hecho de a par, que sos una parte relativamente grande de mi.
César se levanto de la mesa y Maite, que estaba parada mirándolo y escuchándolo atentamente apoyada inclinada en la puerta de la cocina sin puerta, se acercó a sus brazos, que ahora se abrían como yunques imantados y se pegaron formando una linda parodia humana, del mundo unido en dos individuos divididos en uno, dos cuerpos aprensibles por frases inherentes a distintos fragmentos escritos en la palma del alma. Y las manos de César, como cochecitos en la espalda de Maite, corrían una carrera lenta pero placentera para pilotos y copilotos, que por cuestiones de anillos y tamaños, sus oportunidades disuadieron cuando llegaron por fin al podio de la cabeza, con una lluvia negra de pelos que los olvidaron sepultados en la raíz de una tormenta eterna.




Comentarios sobre La conformación y el fracaso de un guión ficcional
Hola, cómo has estado? Espero que te encuentres bien, me alegro que estes de vuelta, nos tenias ya abandonados... Que alegría que estes aquí... Fuego y ronda habría que elegir para una bienvenida amistosa que te la mereces.
Que tengas una feliz semana.
Un fuerte abrazo querido Alejandro.
Hola, Gracias por pasarte por mi blog... ps espero que lo más pronto posible me muestres todas las maravillas que estas escribiendo, que por cierto quedan en un misterio, que sea muy prontico eh, porque si no es así, la curiosidad me va ha matar, jejeje.
Que tengas una linda tarde... bye.
Eso conectarme, ps la verdad me conecto pero no muy seguido por lo general por las tardes, eso es cuando no tengo que viajar...
Mi msn es lykeya_1@hotmail.com