El cómic
El mundo se me cae de la mano
Y la vida se ríe a carcajadas
Ni la muerte me ayuda a levantar estas cenizas; salpican poemas editados
Y rodaba el mundo sobre un espacio lavado y planchado
Donde gato y ratón jugaban con el orbe olvidando sus principios antinómicos
La manzana de postre azul
Cortada con el cuchillo de nuestras acciones;
La tierra del árbol rebanado en hojas redondas, deja su dueño al niño colosal
colorearlas o quemarlas en los ratos anónimos y libres
El mundo se nos presenta como un vasto boceto al estilo caricatura
Allá el cielo de púrpura y azul asfixia mis ojos de tormenta y pintura
¡Allá en la noche un hoyo blanco dice llamarse Luna!
El mar, como pulpa de carozo, cuelga elíptico del universo duraznero
Y las montañas, sin pronunciar una palabra, tocan el cielo con la punta de sus gritos, abusando de los recursos que brindan onomatopeyas y mitos
El cómic se vende en los puestos de gestación y se paga con vidas y muertes
Muertes que llegan vidas que se van
si el cómic carece de sentido y gramática
¿Entonces toda la existencia es una revista de colores
opacos y candentes?
Quizá el plan consiste en no irse sin haberlos reconocido
Quizá sea el amor nuestro pincel más sensato a la hora de llenar de sentido las hojas del cómic,
pintar la mirada y el color de corazones dibujados que en algún margen del planeta
están palpitando sensaciones angustiantes
La muerte finalmente levanta al mundo
Más bien su ego; el instante cae con sus manos acuareladas, de grises y barros
El pasado se hace lluvia de cenizas vencidas
Y la vida tentada se ríe a carcajadas
mientras hace malabares con la hipérbole de sueños, años y santos (los más menuditos)
Garabatea la vida, como un niño prodigio; yo me entretengo solo mirándola en mi mamarracho
El lápiz divino me lo va dibujando, sin desprestigiar propuestas para quemar algún día el guión.



