Inacabados
Esta vez pude lograrlo sin aquella necesidad de andar buscando personas que usen horas como si fueran elementales para detectar algún aspecto sórdido en la mañana. Esta vez logré mucho de lo que antes parecía ser una capacidad. Había cosas interesantes también; en otro caso hubieran podido ser aceptadas como válidas. Siempre recordemos con la misma dignidad. Abuso de razón, tal vez; pero no menos determinante el hecho de ser y triunfar acotando discursos hinchados y para el uso evitable de vivir hablando inacabado.
Le preguntamos cómo lo había hecho, cómo se había conformado con aceptar de entrada una propuesta tan arriesgada. Porque no sé cuando y no sabemos dónde se ve una cosa parecida, algo tan confuso de interpretar; llegar afuera, buscar entre nieblas y la repisa llena de lapiceras con tinta inacabada
Y cuando el momento preparado, o mejor aún, esperando junto y cerca de ese espacio que si usa las horas y sólo aquella oración decisiva se va terminar llenando de algo profundo, indignante o no, levantamos entre todos una carretilla de ojos que instalaron el rumor en la mente concretada. Pero quieran aquellos oír lo que dijo que contenía, claro, cómo lo había logrado. Primero decirlo, y segundo, la maravillosa acción que estaba en cuestión.
Empezaron todos sentados porque resaltaba más la imagen que iba a dar en unos instantes. "Lo que haga está directamente relacionado con lo que voy a ir diciendo".
Mientras comentaba cómo iba a ser su manifestación olvidamos por completo de dónde proveníamos, si éramos niños oyendo a la abuela o muchachos a punto de iniciarse en una aventura narrativa psicofísica inacabada.
Entendimos un poco, no del todo, y la masonería dentro de un recipiente con poca luz y alejada un poco de la ciudad parecía que en cualquier momento se iba a desbaratar y los miembros, o sea nosotros, terminaríamos ocupándonos de asuntos rutinarios, prosaicos, aburridos, inacabados.
Pero con ese poco le estrechamos la mano, tan arrugada, tan fabricada con amor a patadas. Una sonrisa repentina se detuvo en su rostro calcado al mío; la firma que registraba nuestra respuesta frente a semejante logro individual y que pronto sería considerado un legítimo ritual. De ahora en más ¿quién podría quitarnos el lugar de oyentes agitados, conmocionados, inacabados?
Le pedimos de rodillas que repitiera todo antes de irse, no era difícil volver a hacerlo, de cualquier manera nadie jamás nos podría quitar ese conjunto de satisfacción que fue moldeando el alma, por lo menos la mía, que tanto anhelaba la impermeabilidad, que tanto buscaba refugiarse bajo el derroche de tiempo de una tarde inacabada.
Los que seguían sentados (algunos escaparon por la puerta del fondo que estaba más escondida que ellos) me miraron. Estaban atentos. No comprendían absolutamente nada, no derogaban su voluntad a cualquiera y yo podía haber sido la excepción (hasta el momento la solución quebrada con vozarrón estoico), única forma entronadora y meticulosa sobre sobres de remitente vencido. Aburridos amigos conocidos por la manera de fugarse toda la noche para corregir un código postal antiguo que tiene la dirección de una iglesia presbiteriana. Un domingo con voluntad nada más que ajena, esperando ansioso recibir el mensaje y la sabiduría obnubilada prevista para lograr una vida inacabada.
Oigamos como canta este tipo, ahí parado, haciendo propuestas obscenas y calificadas aún sin causas o palabras comprensibles. La ronda era cada vez más estrecha hasta que el de Itatí le puso punto final a esta barbaridad de gente inmiscuida en el ruido filosófico, ostentando el goce impío y manifestándose en contra del sistema basado asado sal y carne individuo a la parrilla hasta la última leña y ojera fuera de una tarde (debo decir inacabada por la regla pero no puedo, sería demasiado sufrir) un patio y un tramo de pasillo soleado, incluso en las horas para prender la luz, el crepúsculo que lleva la manzana dentro suyo.
Quedábamos pocos pero seríamos hipócritas diciendo que seguíamos pensando, como al principio, que disfrutábamos el hecho de escuchar un cuento ya dicho y hecho tantas veces en los tiempos; era mejor tener una experiencia más personal con las hojas que no resultan tan superfluas cuando se las tiene delante de la nariz, pues está comprobado que los casos en los que han entrado por las orejas, el receptor empieza a experimentar otro tipo de sentido y la convulsión del mensaje se hace mayor (esto sería bueno, tal vez) y así se termina por comprender otra cosa en tono más "de un alma" Para la mayoría, sin embargo, aquí se daba su mayor expresión inacabada.
Hoy estoy soy en otro lado, sabiendo que no todo es tan grupal y que la culpa se la lleva siempre el que ha ideado una reunión en beneficio propio. El de Itatí me llamó el otro día y me dijo que estaba orgulloso de haberse quedado conmigo hasta el final, porque eso le sirvió para comprender todo con mejor cautela, que habíamos caído en un trance de conciencia eterna internados ondulados untados sobre la tierra que se pega al crimen y al abuso de un pobre trabajador que busca su lugar en ella. No tengo tiempo para decir en realidad todo lo que tengo pensado buscar de ahora en más. El séquito de aquella tarde no tenía para nada que ver con la sensatez de hombres y mujeres que se juntan para conseguir un laburo inacabado. Todos sabían lo que buscaban y que así como algunos tienen su pala, su micrófono como herramienta, aquí se ponía en juego la persuasión, elemental para venderle un producto a cualquiera. Yo necesitaba cualquier cosa, por eso me había quedado hasta el final; pero algunos verdaderamente querían al oficio e hicieron una prueba con sacos lapiceras o cualquier cosa. Había que vendérselos a cualquiera, nada más y nada menos eso era lo que proporcionaba una buena calificación; y la verdad, pelearse con estos tipos no tenía importancia, después de todo nosotros habíamos asistido sin que nadie nos pusiera un arma en la cabeza. Pero siempre se termina descubriendo gato encerrado en todo aviso pequeño e interesante de diario respetado, algo de sin vergüenza, de ladrón inacabado.
Después, cuando pensé porqué había ido con tanto entusiasmo a compartir una rueda de piedra sobre la base de consignas aceitosas, dudé verdaderamente de mí como ser capacitado. Dude mucho y sólo lo hice para poder retomar el camino más o menos de la infancia. Otra vez la búsqueda de lo cotidiano, mi corazón era como un radar pero rojo y no perderme de vista, además de seguir algunas otras cosas y mujeres (así en la tierra como en el cielo) tenía que ser, seguramente su principal función (inacabada)
Yo salí después que el de Itatí, no se che, para que carajo había entrado, lo cierto es que ahora salía comprendiendo bastantes oportunidades que mejor no obviarlas, como si seríamos máquinas que para todo sirven. La verdad, somos muy limitados, eso nos hace más humanos que nadie, el gran problema es que nos negamos a aceptar nuestra ruina para colaborar en lo que no tenemos idea de cómo se hace sin darnos cuenta que aquí, optando por esto tendríamos un beneficio inacabado.
El de Itatí me dijo, antes de entrar, mucho antes cuando hacíamos la fila para entrar al "infierno" (no es un boliche, sigo hablando de este paradero de llamadas inacabadas para gente de cualquier tipo de raza acabada inacabada, a punto de acabar o de llegar a formar parte de la naturaleza) y me lo había dicho bien clarito: "vamos a entrar, vamos a entrar y encima estamos orgullosos"; pero yo no le di ni cinco de bola, quería escuchar, quería aprender, ofrecer, pulular, olfatear, husmear, observar y conquistar el ofrecimiento con una buena melodía de propaganda estúpida dedicada a la hermosa generación del siglo veintiuno.
Para qué seguir hablando, es que intento ser inacabado y me confundo, me acuerdo esto de los límites humanos que ya se me iba olvidando de nuevo. Debí haber imaginado que salir al cielo se podía haber inmiscuido con su antagónico. Para nada, por supuesto, adentro era para salir peor, salir solo a alguna terraza del infierno, pero siempre quedar encerrado dentro de éste.
Sería mucho pedir que de ahora en más nos deban llamar "call boys" o mejor dicho, debamos llamar nosotros a todos y venderles cualquier porquería. Queremos dejarle la casa llena de basura, que la sustituya por cuentos y cuantos poemas o cualquier cosa que le sirva para aprender algo. La divina tragedia, escrita por Dante, un muchacho que vive en los juncos aledaños a Mataderos y tiene una banda de cumbia guerrilla, es una excepción que hacemos, porque éste material se lo regalamos si compra un set de peluquería para llevar en el bolsillo, o si compra la colección de discos verano 2040-49, que pronto saldrá en los puestos de diarios a un precio muchísimo más elevado del que nosotros le ofrecemos. Me parece que sigo sin comprender lo de Itatí, me entusiasmo y enseguida tengo la necesidad de vender algo a los gritos; por favor, disculpen, las molestias serán inacabadas.




Comentarios sobre Inacabados
Hola Amigo, Cómo estás? Espero de corazón te encuentres bien... Seguro estas bien verdad?

Ten una hermosa tarde, recibe muchos y cariñosos abrazos desde Cusco - Perú.
Abrazos y besos para ti.
asi q anduviste por el infierno y volviste para contarlo?
tengo ganas de saber lo de Itati...