Llamado ser noche
A juzgar por el color, su capacidad aún lo siente en el pálido membrillo de la cobardía
Emprende un juego con refugio y escobas de dados
El comodín es incapaz de ayudar en su huída preparatoria
Se besa el tablero y rompe en pedacitos la mejor carta olvidada en los dedos de su cabeza
Atraviesa los mares desnivelados, encima las orillas instigan ser profundas a fuerza de pulmón de piedra
Una reveladora nota, que proviene del setenta. Tiene unas alas escondidas detrás del carburador
Y devuelve los centavos porque la entrada al cielo es gratuita, por ahora...
Y avanza, por el aroma. Los cueros afinados con el oído del sol. El sombrero lo ayuda a distinguir, que hay algo llamado ser noche.
Se puede ver que allá viene, en su palacio con ruedas de jardines. En su duplex formado de a dos cartas repetidas en la misma jugada.
La manera de haber ganado, comprando los ojos con poca migaja; números extraviados en la letra que evapora el presente, en la blanca gaviota chusma que lo arrima a la orilla más profunda de juego en estado de paraíso



