Los
Vengo aquí, me fallezco
y todo que sea demás es también una parte del tupido azaroso.
Como nos identificamos, ahora bajo las olas y mantas.
De marcas hablo,
hablo de la piel, tan abreviada, tan infantil que olvido momentos.
Olvido qué son los recuerdos cuando no cabe más que un freno de goma y afuera de mi cuerpo se ven adivinos.
Los, aquellos los que, casualmente no supieron adivinar si aún quedaba vida alojada en esa sombra caminando por el piso.
Venís conmigo, te vas sin decir conmigo.
Y sobrio quedan algunos locuaces.
Mariposas reposando en angustias mortales y vidas que pasan a ser moralejas que acumulan vuelos inoportunos.
Todo se ve muy claro,
hablo de marcas que doblan en tamaño sus destinos olvidados,
en recuerdos olvidados por tantas cabezas,
que a la luz y la ceguera parecen verse ideales.



