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Luci en el cielo buscando los diamantes

por Alejandro
viernes, 05 de septiembre del 2008 a las 21:14

Luci en el cielo buscando los diamantes

En principio los diamantes estarían abajo, en el subsuelo. Ahí los tienen a todos juntos apilados por color y ordenados alfabéticamente, como si estuvieran copiando el modelo de la mente de un hombre superdotado que está dispuesto a responder todo lo que le pregunten.

         -¿Cómo? -dijo Luci-, cuando la mujer de los cafecitos especiales le terminaba de contar una de las tantas leyendas sobre el paradero de los diamantes.

         -O puede ser que sea más que nada simbólico -respondió la mujer- garantizándole que habría tantas respuestas diferentes como "comos" salieran de la boca de una Luci cada vez más interesada pero menos complaciente con esta señora

         -Vos construís un camino de vida, yo también. Mirá, todos estos profesores y estudiantes que pasan alrededor de nosotras también. Es que está en cada uno si el camino lo va a hacer de baldosas o de diamantes

         -Pero también eso depende de las posibilidades de cada uno -aludió Luci- No se puede construir nada sin antes llenar tu panza con comida, sin antes tener la posibilidad y el acceso al conocimiento y a la educación, sin antes haber tenido una infancia, y hablo de al menos una, o no conocés esas historias de chicos que mueren abandonados o que los tienen como si fueran proyecciones del odio que encarnan sus mismos padres. Debería usted bajar un poco a tierra, acá viven todos como en una nube.

         Luci se apartó de la señora, bajó la escalera principal y luego giró a su izquierda, saliendo al patio. Desde aquí el cielo se veía mejor, más celeste y brillante, como si fuera el gran diamante pegado al techo del propio cielo, que a decir verdad éste no tenía techo ni suelo, ni escalera, ni oficinas, ni mesitas, ni aulas, ni baños, ni secretarías, ni bares, ni paredes, ni puertas; o si igualmente los poseía daba la sensación de un pretérito e inevitable desmoronamiento.

         -Es como si un día ves que el cielo se está cayendo. -Le dijo a Luci un niño que acostumbraba pedir monedas por las aulas y pasillos-

         -¿Me leíste la mente? -Preguntó Luci mientras le ponía sus dos manos encima de su cabecita-

         -Acá tenemos una bandera que es como un diamante gigante y es de todos. Si la colocamos en el suelo parece una balsa de diamante. Ahora compráme una tarjetita Luci, no seas mala. Mirá esta de Winnie, en la tierra lo conocen bien; mis amiguitos lo ven por algo que dicen llamar televisión.

         Luci le dio un par de monedas que guardaba en su bolsillo derecho. Tomó la pequeña tarjetita y el niño salió corriendo, perdiéndose en los vastos campos del brillo que iluminaba el patio

         Las dudas de Luci crecían, aunque también era conciente de todo lo que le decían. "Es como que me lo están contando de otra manera" "Yo sigo pensando que merecemos más atención" "Al cielo le falta presupuesto"

         Luci entraba en un mar de reflexiones convertidas al instante en ilusiones; olas de ilusiones por ver un cielo más hermoso, un cielo con el tiempo mejor distribuido (acá el tiempo parecía una abstracción apretujada que hacía pensar en un ser diabólico y caprichoso) Por suerte estaba la bandera ¡Y que mar tan saludable para estar más consigo mismo! Para estar al tanto de todo y ver como saltaban los peces más subversivos con el propósito de demostrarle a los demás pececitos que se puede llegar aún más alto, que se puede vivir sin agua en los ojos y ahogarse pero en el aire, por una causa tan justa como la lucha por salir de una buena vez a flote.

         Luci volvía de un sueño profundo, ahora ya no estaba en el patio y un ruido de tormenta pregonaba una tarde lluviosa, como para quedarse cursando alguna materia interesante. Y es lo que ocurrió; con todos los alumnos de frente a la ventana y el profesor dando explicaciones de lo que pasaba en el cielo cuando al cielo de arriba se le daba por llover (pensaba Luci ahora en una escalera de cielos más que una escalera al cielo)

         -Se inunda, así de simple. Tenés que entrar dando zancadas, esquivando los charquitos que se forman y pobres los Hippies que venden en la puerta del cielo, que tienen que salir disparando a la puerta de otro cielo sin nubes oscuras.

         Luci levantó la mano y preguntó algo sobre la trascendencia de estos hechos tan impredecibles.

         -En primer lugar yo soy un profesor impredecible Luci. -respondió éste- Nadie sabe lo que ahora pueda llegar a decir, ni siquiera yo mismo lo se; el cielo está cargado de esta sabiduría misteriosa, se respira en el aire. Es un poco de agua simplemente. Bueno ahora den vuelta los bancos que volvemos al pizarrón. ¿No están sus ojos ya cansados de tanto girar? -Noooo -Gritaron todos al unísono-

         -Así me gusta, -respondió el hombre-  que tenía los bigotes como helechos y un color en la cara tirando al carmesí

         -Los ojos -continuó- no deberían perderse de nada de lo que está sucediendo, hoy en día suceden demasiadas cosas, deberíamos tener más de dos, eso es cierto, no hay ninguna duda de ello; pero algunos parecen ni siquiera usar los dos que les vienen de regalo, los demás hay que ganárselos y ¿cómo? Nutriendo nuestra necesidad de querer ver más allá de la ventana, o más allá del pizarrón. Salir a la calle. ¿No sabían que afuera  del cielo hay calles y que son tan importantes como el propio cielo?

         Un hombre que estaba sentado al lado de Luci levantó las manos subiendo también sus lentes con una de ellas.

         -En la calle perdí la vida. ¡Qué lugar mejor para perder la vida! Entusiasmado estaba el hombre, como exacerbado; su voz sonó melodiosa pero brutal y gastada. Luci lo reconoció en seguida: era John Lennon.

         -Claro, dijo el profesor; la calle es parte de nuestro cielo, hasta diría que es más importante y peligrosa. Los viajes se hacen por la calle y en los viajes se consiguen las miradas y los ojos que guardaremos junto a nosotros. No hay que depender siempre de cierta ignorancia que se propaga por todos lados; todos tenemos nuestras limitaciones, sin duda; pero el objetivo de la vida no es más que achicar el tamaño de tales limitaciones y eso se hace, irónicamente, abriendo más aún los ojos. Cuanto más los abres, más achicas tus limitaciones.

         ¿Hay alguien que tenga alguna duda de lo que digo? (como haciéndose la pregunta para él mismo) para nada, estamos acá porque queremos, queremos un cielo mejor, sin duda, pero hay que salir a buscarlo. Nuestras manos ya alcanzaron  el cielo, por el hecho de que sus vidas, cada una de ellas, han tomado la decisión de estar hoy acá y no en otro lugar que no les sea útil para que progresen como personas. Estudiar es un trabajo y la recompensa es inmensa. -Mientras decía esto último, comenzó a dibujar una especie de diamante en el pizarrón-

         Luci se enfrentaba una vez más con las tantas alusiones sobre la complejidad de comprender a qué se hacía referencia cuando se ponía en cuestión el concepto de diamante. Ella se mostraba confusa desde aquel momento en que le había dicho a la mujer de los cafecitos especiales que todos debían bajar un poco más a tierra. Llevaba una especie de sensación de vulnerabilidad frente al hecho de no poder satisfacer los deseos de tener la mejor respuesta ante sus dudas. ¿La mejor respuesta, era, pues, que el diamante al fin y al cabo era un objeto totalmente capitalista, un objeto concreto y ostentoso con el que se empachan los cogotes y cajones? ¿Un mineral que no precisamente se vende para verlo luego quemándose bajo una parrilla?

         Y se lo preguntó nomás a su profesor. Éste le hizo recordar que ella estaba en el cielo y que si bien también aquí había  segmentaciones políticas, intereses y clases sociales, ésta piedra preciosa no crecía de la tierra. Esto no hizo más que aumentar la confusión de Luci, puesto que esta afirmación sería el final de su búsqueda. Todo lo que había buscado en su vida era parte de la tierra, el arraigo y la felicidad por el simple acto de caminar sobre ella.

         -En el cielo, Luci, el diamante no existe, porque no tiene una madre que lo pueda dar a luz, no tiene padre ni abuelo ni tío ni Dios que lo ponga en venta en una vidriera, cuando ya se va haciendo adolescente y tiene que enfrentar su destino. En el cielo Luci, el diamante es un ser enterrado en la conciencia del nostálgico que creía ver en él no un signo de riqueza monetaria, sino de riqueza espiritual, y que por ello el cielo, en homenaje, los ha creado a imagen del libro y semejanza de la sabiduría.

         La estadía de Luci por el cielo terminaba muy de noche. Antes de irse se miró en el espejo del baño del primer piso. Contó los ojos y eran más de dos. Sus dos ojos se reflejaban en los del espejo con cierto brillo incandescente y prístino, que también hizo iluminar una leve sonrisa interior.

         Las cosas que Luci vivía en el cielo tenían su propio lenguaje y desde la más pequeña fotocopiadora hasta las palomas que se posaban en la puerta del cielo, pasando por el pasillo de los departamentos y los puestos de libreros, todo aquello era símbolo de sostén y de colgarse de un cielo que flotaba en la penumbra de una calle corta y desconocida, donde todo se sostenía en el aire y las personas y las banderas eran inciensos de un sahumerio que algún bello ser mantenía prendido allá abajo en la tierra.

Comentarios sobre Luci en el cielo buscando los diamantes

Holaa !
que lindo que esta este
:)
ya lo había leído que me lo mandaste al email, pero no te comenté nada me parece.

no era ya escalera al cielo

escaleras de cielo !

que lindas imagenes

las de los cielos, los diamantes, la señora de los cafecitos especiales.

no hay que tenes más ojos, hay que tener más alma, más corazón, más mundo interior que reluzca hacia afuera, que brille, que irradie luz, nosotros somos los diamantes que flotamos, y construimos cielos en la tierra porque la tierra es nuestro cielo.

... ver el cielo que se esta cayendo

¿podremos tomarlo con las manos?

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Sobre esta anotación

Alejandro

Alejandro escribió esta anotación hace 1 año. En ella habla sobre Un Tour Por La Facultad De Filosofía Y Letras.

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