Manifiesto en defensa de mi propia sombra (¿comunista?)
¿Por el hecho de haber pintado mi sombra de rojo?
No fue con la intención de expresar cierto tipo de ideología.
Y ya todos me delataban de ser un comunista pervertido que exagera su fanatismo hasta el punto de quererlo demostrar proyectándolo en algo que está más allá del cuerpo y del alma (lo hubiera hecho mejor en una hoja, sépanlo)
Y lo hice además sin quererlo: cuando me desangraba en la oscuridad, a causa de mil palabras cortantes que ingerí para no gritarlas todas al oído de mi pueblo
Confirmo la idea de que mi pueblo está embalsamado desde que se muestra tan entusiasmado en querer tratarme como tal, desde que me ve caminando con mi sombra roja bajo la luna estólida de agosto; pisando mis propias ideas que se volvieron un color. ¡Dicen q además me contradigo porque estoy pisando mis propias ideas!
Sería bueno que los indómitos personajes que me persiguen callaran y se dedicaran a plantear problemas de fondo (no de piso), y que las sombras puedan hablar para defenderse cuando se las ataca de esta forma, la verdad que no tengo por qué defenderla tanto aunque sea parte de mí; pero ella se volvió huraña desde que se ha manchado. Está más hermosa, sin duda, además creo que mejoró mi calidad de vida en muchas aspectos, me veo mejor estéticamente, proclive a los deseos que tenía de ser una obra artística en sí. Ellos dicen ¡comunista! y yo surrealista, ¡impresionista! Ellos dicen: propaganda política que arrastro a todas partes; yo digo: compañera cabal que me sigue indudablemente por una causa tan justa como la de ser una simple y humilde vida que anda por los caminos del planeta, que es mi país, mi barrio, mi manzana, mi cuadra, mi hogar (todo debiera desembocar en un hogar, si pudiéramos lograr que a nadie le falte uno dios, debería decir hombre mejor, responsable directo)
En defensa de mi propia sombra me impongo con la energía necesaria, pero, ¿no será una excusa esto para justificar que todos tenemos un costado subversivo después de todo?
Nuestras sombras siempre permanecen a un costado, es cierto, costados hay por todas partes, nuestra alma tiene costados, nuestro corazón y nuestra cabeza también. La idea al fin y al cabo sería ordenar un poco todo este caos que prolijamente llamamos civilización. Me dirán que estoy acá pregonando caos y esto sería generar más aún el delirio y las contiendas. Lo único que estoy diciendo es que no existen sombras rojas, si las hay es porque han tenido algún tipo de traspié y han "caído" en la posibilidad de vestirse de otro color (siempre oscuras y góticas caminando por los suelos, ésta moda milenaria algún día las iba a cansar)
Levantemos por fin una bandera que lleve el color humano, el color de la piel que a cada uno de nosotros ha llegado para cubrirnos el espíritu. La piel es el tatuaje del alma y no creo que sea necesario poner otro con agujas y tintas para profundizar los sentimientos. Los colores han venido naturalmente con nosotros; los ojos, el pelo, la piel, los labios, los dientes ¿las sombras? las uñas, etc. (un etcétera de órganos internos bastante colorinches)
La elegancia está en ser humanos y defender nuestros derechos, nuestra comida, nuestro amor a la fantasía; todo lo que consideremos nuestro y que a la vez sea necesario para todos los demás. Esto es lo que estaría queriendo decir mi sombra colorada, porque lo que tiene encima es sangre, que también es nuestro, también es un color propio y natural, y si hace juego con nuestro intelecto mejor aún. El rojo es candente como el mejor de todos los abrigos, que es el fuego; y si el rojo fuera una idea, ésta se prendería junto a tantas otras haciendo una hermosa fogata de propuestas y más ideas en pos de una sociedad mejor y de intereses que engloben a un todo siempre con ganas de evolucionar, sentir al menos que en la escala evolutiva todavía estamos por encima de las sombras y no viceversa.
Todavía estamos nosotros, hombres y mujeres, por encima de cualquier bandera y color que nos persuada de que una causa justa pasa primero por tenerlos en las manos. Acuérdense que nuestras manos pueden servir primero para alcanzar un plato de comida, salvar a la fauna con una firma, tocar el cielo, tocar el amor, y volver a vestir a las sombras de otro color (no se tomen la modestia de ignorarlas y dejarlas al descuido, que ahí sí pueden llegar a ser peligrosas)



