Usuario anónimo ¿Quieres tener tu propio blog?
Crear blog gratis en OboLog

Inacabados

por Alejandro
martes, 22 de septiembre del 2009 a las 08:12
guardado en

Esta vez pude lograrlo sin aquella necesidad de andar buscando personas que usen horas como si fueran elementales para detectar algún aspecto sórdido en la mañana. Esta vez logré mucho de lo que antes parecía ser una capacidad. Había cosas interesantes también; en otro caso hubieran podido ser aceptadas como válidas. Siempre recordemos con la misma dignidad. Abuso de razón, tal vez; pero no menos determinante el hecho de ser y triunfar acotando discursos hinchados y para el uso evitable de vivir hablando inacabado.

         Le preguntamos cómo lo había hecho, cómo se había conformado con aceptar de entrada una propuesta tan arriesgada. Porque no sé cuando y no sabemos dónde se ve una cosa parecida, algo tan confuso de interpretar; llegar afuera, buscar entre nieblas y la repisa llena de lapiceras con tinta inacabada

         Y cuando el momento preparado, o mejor aún, esperando junto y cerca de ese espacio que si usa las horas y sólo aquella oración decisiva se va terminar llenando de algo profundo, indignante o no, levantamos entre todos una carretilla de ojos que instalaron el rumor en la mente concretada. Pero quieran aquellos oír lo que dijo que contenía, claro, cómo lo había logrado. Primero decirlo, y segundo, la maravillosa acción que estaba en cuestión.

         Empezaron todos sentados porque resaltaba más la imagen que iba a dar en unos instantes. "Lo que haga está directamente relacionado con lo que voy a ir diciendo".

         Mientras comentaba cómo iba a ser su manifestación olvidamos por completo de dónde proveníamos, si éramos niños oyendo a la abuela o muchachos a punto de iniciarse en una aventura narrativa psicofísica inacabada.

         Entendimos un poco, no del todo, y la masonería dentro de un recipiente con poca luz y alejada un poco de la ciudad parecía que en cualquier momento se iba a desbaratar y los miembros, o sea nosotros, terminaríamos ocupándonos de asuntos rutinarios, prosaicos, aburridos, inacabados.

         Pero con ese poco le estrechamos la mano, tan arrugada, tan fabricada con amor a patadas. Una sonrisa repentina se detuvo en su rostro calcado al mío; la firma que registraba nuestra respuesta frente a semejante logro individual y que pronto sería considerado un legítimo ritual. De ahora en más ¿quién podría quitarnos el lugar de oyentes agitados, conmocionados, inacabados?

         Le pedimos de rodillas que repitiera todo antes de irse, no era difícil volver a hacerlo, de cualquier manera nadie jamás nos podría quitar ese conjunto de satisfacción que fue moldeando el alma, por lo menos la mía, que tanto anhelaba la impermeabilidad, que tanto buscaba refugiarse bajo el derroche de tiempo de una tarde inacabada.

         Los que seguían sentados (algunos escaparon por la puerta del fondo que estaba más escondida que ellos) me miraron. Estaban atentos. No comprendían absolutamente nada, no derogaban su voluntad a cualquiera y yo podía haber sido la excepción (hasta el momento la solución quebrada con vozarrón estoico), única forma entronadora y meticulosa sobre sobres de remitente vencido. Aburridos amigos conocidos por la manera de fugarse toda la noche para corregir un código postal antiguo que tiene la dirección de una iglesia presbiteriana. Un domingo con voluntad nada más que ajena, esperando ansioso recibir el mensaje y la sabiduría obnubilada prevista para lograr una vida inacabada.

         Oigamos como canta este tipo, ahí parado, haciendo propuestas obscenas y calificadas aún sin causas o palabras comprensibles. La ronda era cada vez más estrecha hasta que el de Itatí le puso punto final a esta barbaridad de gente inmiscuida en el ruido filosófico, ostentando el goce impío y manifestándose en contra del sistema basado asado sal y carne individuo a la parrilla hasta la última leña y ojera fuera de una tarde (debo decir inacabada por la regla pero no puedo, sería demasiado sufrir) un patio y un tramo de pasillo soleado, incluso en las horas para prender la luz, el crepúsculo que lleva la manzana dentro suyo.

         Quedábamos pocos pero seríamos hipócritas diciendo que seguíamos pensando, como al principio, que disfrutábamos el hecho de escuchar un cuento ya dicho y hecho tantas veces en los tiempos; era mejor tener una experiencia más personal con las hojas que no resultan tan superfluas cuando se las tiene delante de la nariz, pues está comprobado que los casos en los que han entrado por las orejas, el receptor empieza a experimentar otro tipo de sentido y la convulsión del mensaje se hace mayor (esto sería bueno, tal vez) y así se termina por comprender otra cosa en tono más "de un alma" Para la mayoría, sin embargo, aquí se daba su mayor expresión inacabada.

         Hoy estoy soy en otro lado, sabiendo que no todo es tan grupal y que la culpa se la lleva siempre el que ha ideado una reunión en beneficio propio. El de Itatí me llamó el otro día y me dijo que estaba orgulloso de haberse quedado conmigo hasta el final, porque eso le sirvió para comprender todo con mejor cautela, que habíamos caído en un trance de conciencia eterna internados ondulados untados sobre la tierra que se pega al crimen y al abuso de un pobre trabajador que busca su lugar en ella. No tengo tiempo para decir en realidad todo lo que tengo pensado buscar de ahora en más. El séquito de aquella tarde no tenía para nada que ver con la sensatez de hombres y mujeres que se juntan para conseguir un laburo inacabado. Todos sabían lo que buscaban y que así como algunos tienen su pala, su micrófono como herramienta, aquí se ponía en juego la persuasión, elemental para venderle un producto a cualquiera. Yo necesitaba cualquier cosa, por eso me había quedado hasta el final; pero algunos verdaderamente querían al oficio e hicieron una prueba con sacos lapiceras o cualquier cosa. Había que vendérselos a cualquiera, nada más y nada menos eso era lo que proporcionaba una buena calificación; y la verdad, pelearse con estos tipos no tenía importancia, después de todo nosotros habíamos asistido sin que nadie nos pusiera un arma en la cabeza. Pero siempre se termina descubriendo gato encerrado en todo aviso pequeño e interesante de diario respetado, algo de sin vergüenza, de ladrón inacabado.

         Después, cuando pensé porqué había ido con tanto entusiasmo a compartir una rueda de piedra sobre la base de consignas aceitosas, dudé verdaderamente de mí como ser capacitado. Dude mucho y sólo lo hice para poder retomar el camino más o menos de la infancia. Otra vez la búsqueda de lo cotidiano, mi corazón era como un radar pero rojo y no perderme de vista, además de seguir algunas otras cosas y mujeres (así en la tierra como en el cielo) tenía que ser, seguramente su principal función (inacabada)

Yo salí después que el de Itatí, no se che, para que carajo había entrado, lo cierto es que ahora salía comprendiendo bastantes oportunidades que mejor no obviarlas, como si seríamos máquinas que para todo sirven. La verdad, somos muy limitados, eso nos hace más humanos que nadie, el gran problema es que nos negamos a aceptar nuestra ruina para colaborar en lo que no tenemos idea de cómo se hace sin darnos cuenta que aquí, optando por esto tendríamos un beneficio inacabado.

         El de Itatí me dijo, antes de entrar, mucho antes cuando hacíamos la fila para entrar al "infierno" (no es un boliche, sigo hablando de este paradero de llamadas inacabadas para gente de cualquier tipo de raza acabada inacabada, a punto de acabar o de llegar a formar parte de la naturaleza) y me lo había dicho bien clarito: "vamos a entrar, vamos a entrar y encima estamos orgullosos"; pero yo no le di ni cinco de bola, quería escuchar, quería aprender, ofrecer, pulular, olfatear, husmear, observar y conquistar el ofrecimiento con una buena melodía de propaganda estúpida dedicada a la hermosa generación del siglo veintiuno.

         Para qué seguir hablando, es que intento ser inacabado y me confundo, me acuerdo esto de los límites humanos que ya se me iba olvidando de nuevo. Debí haber imaginado que salir al cielo se podía haber inmiscuido con su antagónico. Para nada, por supuesto, adentro era para salir peor, salir solo a alguna terraza del infierno, pero siempre quedar encerrado dentro de éste.

         Sería mucho pedir que de ahora en más nos deban llamar "call boys" o mejor dicho, debamos llamar nosotros a todos y venderles cualquier porquería. Queremos dejarle la casa llena de basura, que la sustituya por cuentos y cuantos poemas o cualquier cosa que le sirva para aprender algo. La divina tragedia, escrita por Dante, un muchacho que vive en los juncos aledaños a Mataderos y tiene una banda de cumbia guerrilla, es una excepción que hacemos, porque éste material se lo regalamos si compra un set de peluquería para llevar en el bolsillo, o si compra la colección de discos verano 2040-49, que pronto saldrá en los puestos de diarios a un precio muchísimo más elevado del que nosotros le ofrecemos. Me parece que sigo sin comprender lo de Itatí, me entusiasmo y enseguida tengo la necesidad de vender algo a los gritos; por favor, disculpen, las molestias serán inacabadas.   

 

La vida de Brenda

por Alejandro
martes, 22 de septiembre del 2009 a las 07:54
guardado en

La vida de Brenda podía comerse toda junta, como si fuera un bocado de chocolate de menta. La vida de Brenda era deliciosa y efímera y quedaba ese sabor mentolado durante un tiempo en la boca rumiante. Por ejemplo, si se conservaba ese frenesí para llevar a cabo toda la forma de proyecto y obsesión antes que nadie, en el preludio de su vida, cuando ya se podía prever que lo que iría a dejar, con el paso de los años y los dientes blancos como tabletas recortadas de chocolate, era justamente ese maravilloso aliento en el aire que nos da ganas de tomarlo para salir adelante. Ese placer inmaterial en el que se había convertido la vida de Brenda no era más que siempre debilidad por el postre. Todas las pasiones cercanas a la simpatía y también al rechazo (si comparamos aquel cumplido rico sólo poseyendo una dentadura privilegiada). Porque la vida de Brenda dejaba sus marcas a largo plazo. No estaba nada mal comerse una vida de Brenda, pero comerse dos podía traer problemas importantes para la salud o para todas las apariencias juntas o derramadas sobre la mesa.

         Una vez la Nancy pasaba por encima de la tan y tan ansiada esperanza de conseguir el préstamo para el departamento o al menos para conseguir un simple cobertizo. Iba caminando pobrecita con su carita media triste, pisando sueños de ser una chica grande con futuro; hasta que se encontró con la vida de Brenda. La levantó la miró un poco la palpó la dio vuelta y la contempló por un largo rato.

-“Qué vida tan delicada” -dijo la Nancy. –“Parece tan deliciosa, me la llevaría de una a la boca, pero prefiero mejor guardarla. No quiero al fin y  al cabo quedarme sin techo ni comida”.

La vida de Brenda quedó resguardada en el oscuro y profundo bolsillo de la Nancy.

         La vida de Brenda y la Nancy iban juntas ahora por una causa tan simple como era la del encuentro casual y repentino. El sabor y el instinto discreto que tiene el hombre (en este caso la mujer) de llevarse una golosina al cielo bastante antes de que sea catalogada de golosina

         La Nancy cerró los ojos y contempló una vidriera diferente y cuando salió apurada de vuelta en busca si se quiere de sentido o comprensión por el oráculo de la casualidad, halló enseguida otra forma de relacionar los por qué con alguna buena razón para contestarlos. Sacó la vida de Brenda y se la dio a un niño que pasaba mendigando, pidiendo una monedita para poder comprarse algo.

         La Nancy sabía lo que tenía que hacer porque no había otra causa que le impidiera dejarse llevar por una buena intensión. La vida de Brenda siguió pasando de manos a manos inmaduras; otras no tanto (a veces hasta las de un animal) Pasó por mucha gente porque realmente nadie quería llevarse a la boca una verdadera hostia hecha de chocolate y menta, posiblemente construida a partir de la creencia divina y oscura de endulzarse la barriga de más y no compartir el alimento cuyo propósito devendría más tarde en sentimiento y así en soledad. Por eso todos conservaban hasta cierto punto la vida de Brenda y la iban trayendo, regresando, obsequiando, prestando, conjugando o delegando al poder siempre conveniente por una buena causa.

         Ya se hacía tarde cuando la Nancy llegó a decirle al pobre hombre que vendía numeritos todo lo que sentía desde antes, un rato antes, parada sobre sueños y una dulzura en forma de moneda verde. Le contó todo de una pero, igualmente la charla duró bastante y la vida de Brenda por primera vez no formaba parte de la cuestión en sí.

Su importancia quedaba al margen de la inocencia, puede ser, dos personas que no tenían esa fuerza para enfrentar al mundo y si pasaban y no se quedaban, pocos se darían cuenta. A nadie le importaría y aunque ahora estaban y seguían enumerando desgracias, tantas por acá por allá y por debajo, y el de arriba que no se las resolvía. No caían en el oprobio por algo: La vida de Brenda (un numerito más ahora) era la que en verdad había bajado para solventar sus implicancias en el destino de otro, en beneficio del otro. Una cadena que había empezado siendo de chocolate y con el tiempo se transformaba en acero inoxidable, uniendo por el solo placer de transmitirle al que sigue menos que una palabra, menos de un gesto: La vida de Brenda, tan dulce, tan ceremonial, tan callada y redonda; tan madura aunque por dentro se viera verde como la uva en los Parrales del invierno, como las esmeraldas y como las plantas que conservan con toda su arrogancia la miel de la sabia.

         Así se veía la vida de Brenda cuando pasaba de vida en vida. La Nancy la había tenido dos veces y esta vez se la daba al hombre de los numeritos; éste a su vez se la dio de yapa a un abuelo que caminaba un día muy temprano (mañana primaveral cercana a la distancia de salir a flores y olores convertidos ya en proverbios humanos por excelencia)

         Un día, finalmente, la Vida de Brenda cayó en la vida de Brenda; una casualidad con precedentes, pero que para éste caso hubo una clara particularidad, clave si entendemos que lo netamente ontológico pasaba desapercibido. Porque, a pesar (mejor dicho a pensar) en la mano tan fina y elegante y acaramelada que llevaba Brenda con su brazo, traería ciertos prejuicios (una mano mugrienta se puede limpiar, es el caso de esta chica) Lo cierto es que aquí hallaron refugio las dos. Esta vez las dos partes (el objeto y la persona) se sintieron cómodas por primera vez. Así es, la vida de Brenda tenía vida, era conciente de los placeres que causaba en la gente; pero nunca lo había sido tanto cuando daba por fin con la persona justa para cumplir con su objeto último que era provocar en el otro la esencia invisible y mentolada, transformadora, obligándola para siempre a no ser partidaria de la verborragia y sí en cambio de la plenitud silenciosa que construye esa mirada de un ser fascinante que esconde el saber y se resguarda en el misterioso acantilado de su origen secreto (el silencio pareciera cumplir con la función de dilatar siempre la belleza y abolir esa suerte de sujeto espantoso del que todo se sabe y poco importa).

         La vida de Brenda produjo justamente eso en Brenda, que lo había perdido cuando caía en la edad de la deformidad, edad, pues, donde las cosas innatas se pierden por un tiempo indeterminado. El sigilo con que se mueve y nos va envolviendo una extraña personalidad que no conocemos y que encima va haciéndose cómplice del destino bonito pero que yace eterno en la superficie y la vanidad. Brenda tomó bien fuerte su moneda verde y ante las miradas atónitas y los ofrecimientos que iban de lo más disparatado hasta la misma vida de una persona, consideró que lo que había sido una mercancía de intercambio para otros era para ella un amuleto con sabor a sentimientos que sus papilas gustativas volvían a recuperar.

         Y así termina la vida de Brenda; pero su final pareciera formar parte de un nuevo ciclo en la forma de crecer de Brenda y esta vez para siempre. De ahora en más nadie podía ser poseedor de algo que ella toda su vida consideró propio pero que por razones del destino (inevitablemente distorsionado para cualquiera y nadie se zafa) no retuvo en lo alto, dos parpados caprichosos y atentos a no mirar ni dejar mirar, a no vivir ni dejar vivir. Son cosas que no se pueden olvidar ni dejar llevar por cualquiera. Cosas que pertenecen y punto y que los demás, Brenda, busquen su propia hostia. 

 

Entre primos y la búsqueda de extraños presagios

por Alejandro
jueves, 17 de septiembre del 2009 a las 16:46
guardado en

 

Respondió en un abrir y cerrar de labios, como si se negara al compromiso ofreciendo una carta de disculpas que dura horas. La pregunta había sido muy compleja pero él solía decir que lo efímero está siempre vivo y más cuando se intenta poner las cosas en el peor lugar y más complicado de todos. Fantasía (detrás de la puerta que daba al cuarto de Pedro) pudo llegar a oír aquella notable respuesta y mejor que nadie, fue ella pariente de las ventajas que traería nuestra decisión implícita en eso que a Pedro le gustaba llamar el gueto mágico entronado en la sustancia de la alegría.

         Fantasía salió corriendo, abrió la ventana y me hizo una seña para que golpeara la puerta.

         -Señora, estoy buscando a Fantasía, ¿no sabe si está?

         Esta mujer, que había sido la primera persona en salir a ver quien era, tenía la cara muy compulsiva y la piel como demasiado sintética para que yo pudiera frisar en apariencia alguna edad cercana al tiempo que llevaba con vida.

         -No, señor, y perdone pero en este momento no puedo atenderlo-. Se escuchaba que de fondo sonaba Pedro con quejas imperecederas. La señora, madre biológica de estos dos revoltosos jóvenes (aunque, a decir verdad, tenían la misma edad que yo) media hincha pelotas y media River Plate, giró su rostro de nuevo hacia mí, esta vez hinchada hasta el paroxismo pero, al menos reconociéndome, al mismo tiempo que yo a ella. ¡Cómo iba la tía a olvidarse de su sobrino favorito, por dios!

         Se disculpó de rodillas riendo a carcajadas y entrando en razón; luego se levantó y me abrazó, entre la poca risa que se iba ya desvaneciendo por completo. Sus palabras salieron como plagas que ahora se iban metiendo en la casa.

         -Pasá, pasá, pasá por favor, lo que pasa es que me agarraste discutiendo con tu primo sobre el origen de la vanidad. Él no se molesta en decir otra cosa que vanidad, vanidad. ¿Te parece che, que la vanidad sea el origen de la vanidad?

         -No se tía, que se yo, puede ser-. le dije medio incómodo, tratando de poner la campera en algún lugar ordenado.

         Pedro salió a mi encuentro y cuando me iba a saludar, Fantasía se interpuso y con una emoción que me pareció exagerada pero linda, me dio primera la bienvenida al mundo de los Piniataro. Yo conocía ese mundo pero hacía bastante que no pasaba. Unos cuantos años atrás, ellos me habían prestado una cámara para filmar un casamiento por encargo del tipo que vivía (y que lo sigue haciendo) en el almacén de enfrente de mi propiedad. Resulta que su hija se casaba y necesitaba a alguien para que documentara las imágenes de la fiesta, el jolgorio y el casamiento en cuestión. Yo me ofrecí pero con la única condición de encontrar una filmadora antes que nada. Cuando recordé que la tía Maru tenía una chiquita y fácil de manipular (aunque difícil para manipular imágenes) le rogué que me la prestara; después anduvo mucho tiempo en mi casa, después me acordé que la tenía que devolver, después de quién era y después, mucho tiempo antes de lo que había sucedido ayer con César, caigo por fin con cámara en mano, primos en los hombros y tía en la nuca iluminada por mi aparición y la de la cámara, después, lo de su edad, era un chiste, jamás se materializará en palabras.

         La idea de ir a visitar a mis primos, siguiendo pasos frívolos, zancada tras zancada y llegar y nada más que presentar una excusa sola, otorgar en mano un aparato y despedirme en un abrir y cerrar de besos, como mínimo quedaba mal, por suerte mi destino de pariente cercano llegaba además con una búsqueda, una búsqueda muy pura relacionada una sola vez con presagios que había tenido viajando en el bondi. Tanto Fantasía como Pedro, iban a tener un accidente.

Uno no sabe bien quién es hasta el mismo día en que nace, y desde, podría decirse, la tarde de aquel mismísimo día uno ya se pone a ver las cosas con mayor detenimiento. La búsqueda consistía (y después de considerar que el accidente no era físico sino casual), en el choque frontal con determinado personaje que estaba de paso y que a mi siempre me había interesado para indagarlo impulsivamente sobre el cine, la poesía, la música y tantas otras cosas referidas a la creación impulsiva también. Digo, la búsqueda iba a comenzar cuando ya ellos supieran acerca de mi presagio. Después del accidente (lo llamo así porque Pedro y Fantasía reconocerían a éste y por cosas que ocurrieron en el pasado Pedro terminaría a las piñas con el tipo hasta dejarlo hecho trizas) yo quedaría en encontrarme con alguno de los dos, que se encargaría de seguirlo hasta cualquier punto, cualquier dirección o cualquier lugar sin dirección, ya sea Pedro o mi querida prima Fantasía, alguno, no importaba quien, necesitaba para que me ayudase a detectar adónde podía yo topármelas con este hombre

         -Presagio, de qué hablas che, esas son pavadas, además ya sabes que si nos cruzáramos con el Pájaro Pedro se pondría como loco. O no te acordás que hace unos años Pedro, que lo conocía porque había sido su profesor de Literatura inglesa, le pidió encarecidamente que le corrija unos relatos que tenía y éste no sólo que lo trató de plagiador, sino que robó sus ideas y más tarde las colocó en un prólogo, creo que de su libro más importante o el de mejor venta.

         -Te entiendo Fantasía, lo que pasa es que el tipo me sirve bastante, hace poco editó un libro muy interesante sobre cine italiano, además publica comentarios semanales en revistas de arte cinematográfico; me pareció interesante encontrar, tanto en sus comentarios como en éste nuevo libro, algo parecido a lo que yo quiero plasmar en una pantalla; tiene una forma de expresarse inteligente, me siento muy representado en lo que dice, cómo siente además esto de los aspectos en la armonía musical y la poesía simbolista.

         Pedro y mi tía Maru, que escucharon y especularon antes de que yo lo supiera, me reprimieron de forma antológica, más que nada Pedro no llegando al insulto me dijo que yo estaba medio chiflado, primero por lo del presagio y segundo con hacerme el favor de saber dónde podría ir a vérmelas con el crítico. Accedí a su reclamo, además tranquilamente podía buscar su mail en algún apartado debajo de lo que solía escribir semanalmente. Después, cuando pasó un rato largo desde el minuto en que había entrado a la casa de los Piniataro, comprendí que no había tenido sentido pedirles a mis primos que hicieran esto. Comprendí también que el interés por encontrarme con el hombre decaía en expansión; sus ideas me interesaban mucho, por ejemplo decía que tanto el cine como la literatura acceden al alma porque ésta carece de venas y de sangre. La inyección a través de los ojos en un espacio vacío donde nada intercede, y las palabras, las imágenes y los sonidos que producen estas dos artes se apoderan de éste como si fuera la misma sangre circulando por la habitación del cuerpo; en otras palabras, que cuando vemos una gran película o leemos un gran libro el alma comienza a fluir, la presión preexiste pero hasta no compartir esta experiencia (que por supuesto dice que se da además con otras artes como la pintura, lo que pasa que por cuestión de gustos y placeres...) uno desconoce si tiene alta o baja; es un monumento pero con vida al alma. Las manifestaciones artísticas cumplirían el papel de torreones y vasos sanguíneos para el alma y no descubrir esto sería la "muerte natural de la misma" que después el cuerpo, en determinadas ocasiones está dispuesto a imitar. Por muerte natural, muerte natural; es así como el alma llega al mundo y lo triste está en que no es una enfermedad sino un tipo de muerte.

         Fantasía extrajo de su bolsillo una púa, me la puso en mi mano derecha y me dijo al oído si no le tocaba algo, un par de acordes para sustituir presagios insulsos por alguna linda visión con los oídos. Como no había guitarra le pregunté si me quería acompañar hasta mi casa pero no aceptó. Terminamos hablando un poco, entre distintos silencios de una radio fm y biscochos que la tía había hecho al horno.

         -Como te decía -dijo Pedro-, mi viejo está acostumbrado, una vez hasta pensó que le iban a dar un premio y sin embargo terminó tirando las palabras a la basura. Es normal que pase, a veces pensamos que vamos cargando una mochila de ilusiones, un halo de providencia y las manos ocupadas en el diálogo preferido, pasa un día, dos y nos damos cuenta que todo eso junto era ilusión y nuestro cuerpo con nosotros adentro una mochila media gastada que ya la dejás por otra mina.

         -¿Como? -pregunte confundido-, ¿nosotros nos dejamos por otra mina?, es una carga hasta cierto punto, aunque yo no diría eso, el amor, sabes, es otra cosa, o está dividido en categorías, no estoy de acuerdo con vos Pedro, un fracaso en lo que sea termina siendo alimento para ganado. El alma gravita; además una mujer abarca mucho más que nosotros y la mochila al hombro, te lo digo como buen compositor de mentiras que soy, filmar una mujer es salirse de los límites que tendría la imaginación ¡y tan fácil es!

         Fantasía me miraba, le gustaba lo que decía, no era romántico pero me acercaba bastante a lo que esperaban las mujeres de los hombres. Se la veía con los pies cruzados y los brazos hacia atrás con las manos pegadas al piso. Tenía puesta una especie de piyama escocés. La alfombra de su habitación incitaba de hacía rato a sacarnos las zapatillas. Se suponía que había escuchado lo que yo había manifestado acerca de las extrañas opiniones que tenía Pedro; pero cuando saltó con lo de ir a comprar un poco de comida, me di cuenta que las apariencias eran a veces engañosas.

         -Que increíble -dijo Pedro-, el ser humano nunca se ha conformado con el conocimiento de las cosas, las cosas que se ven a simple vista y que son supuestamente creíbles, no consideró que las cosas creíbles puedan llegar a ser más increíbles que las mismas increíbles-. Autodefinición y paradojas estetas en un primo como para hacer una remake obligada. En el desván había toda una colección de fotografías antiguas que debían haber estado en el living y por una coyuntura en el desorden casi virtual, debido y bebido angustia en red y camarita; cuartos prestados por amigos invisibles y progenitores ocupados en crear personas de cuerpo y palabra, estaban en un rincón o mejor dicho una repisa bastante vieja; de allí venía la vos diluida de Pedro que, conmigo de frente a centímetros y Fantasía a mi derecha formábamos un triángulo de conversación traída de la adolescencia. Recuerdos a los que ahora Pedro le sumaba una filosofía póstuma y que tenía que ver más con esa intención de mostrarse maduro en el ocaso de alguna charla sobre las imágenes de niños brincando en la memoria.

-Ser humano sin zapatillas- le dije a Pedro, que deglutía unas cuantas masitas con agilidad.

-Es algo increíble, por lo menos en mi casa, hay que ver si me consideras una persona creíble.

-Ni ahí- suspiró Fantasía, vos sos una persona terrible que viene cuando se le da la gana, y nos contás una búsqueda,

-Salgamos a la tía Maru- dije, ustedes tienen una madre presiosa, ¿por que saldremos tan diferentes a nuestros padres?

-Salimos de la tía Maru che- dijo Pedro entonando lo indiscutible y trayendo de la cocina un frasco de galletitas nuevas

-Y yo de mi madre; pero a veces hay que salir a propósito, tu tía tiene un don Pedro, bizcochos para entrar nadando en Normandía.

-¿Y que significa salir de alguien? pregunto Fantasía (apodo bastante realista el de Nati)

-Nose- conteste prosaicamente. -Por eso te digo primita, salgamos, hay que salir de todos lados, la regla más creible que nos ha dado Dios.

-Irreversible- aludió Pedro, cebándome un mate de azúcar con un poquito de yerba. -Quien dice, ¿no? si algún día llegamos a Marte salimos de este mundo, está bien, vos me podés decir, así como llegaste tenés la posibilidad de salir, con el suicidio o con la felicidad también te apartás un poco de la vida, pero irse del mundo sin irse de la vida, ¿no te parece ridículo che?.

-¡Basta Pedro!- exclamo una Fantasía fatigada, -hablemos de otras cosas-.

La tía Maru abrió la puerta despacio, asomó la cabeza, guiñó dos veces un mismo ojo y Fantasía se puso de pie. Con total franqueza hay que decir algo acerca de sus talones, moldeados con una perfección casi Tarantiniana; y los calcetines a mi lado, de primer plano veleidoso, estimulante y que engarzarían okey con el rostro de mujer sobria de placer recubierta en humo que sustituye una masa de aire lujurioso en el ambiente. Fantasía se arrimó a la puerta y sigo hablando de sus talones en sus pies uniformes y en esa piel prístina de la belleza sobre un lienzo movido. Talones en simetría con la felpa tan femenina que recubría la habitación pulposa y desde una lámpara y un pequeño muñequito de arlequín, al borde de la cama, pude seguirme como si me estuviera llevando y desde allí mostrar lo que venía, viendo a Fantasía en diagonal dirigiéndose a la puerta con sus finos talones en busca de una señal que evidentemente desconocía. Cuchichearon largo rato y tía Maru terminó dejando la puerta entre abierta   

 "Cada hombre, su cuna de lado, roedor permitido"  Cuanto de César había en mi, solo con imprimir una oración en el espacio, a razón de calmarme viendo a Pedro cómo pensaba e intentaba obtener a la fuerza una sortija que hacía de bombilla plástica, un cuadro embasado en paquete con fecha vencida. Tenía pilas que eran como mis talones cruzados en sentido opuesto (signo más en el menos y el menos en el más); a razón de moverme y contemplar una Fantasía que se acostaba ahora en la cama haciendo una mezcla obscena con el mazo de cartas que había junto al velador

-Bueno, primos, se hizo tarde y me tengo que rajar. Estoy con ideas y César capaz que también, ustedes la verdad que son compañía pero pienso en esto de andar por la vida creando y me agarra una terrible desesperación; ermitaños los laureles que supimos conseguir, no sé si me escuchan. Hola, hola. Miré de vuelta a Fantasía que seguía barajando, Pedro se había estirado a lo largo de la puerta, construyendo un puente que dejaba la cabeza por fuera del dormitorio; parecía que intentaba llamar a su madre y la puerta guillotina hizo que pensara sin cabeza, en bloques ecuménicos otorgados al hombre todos juntos a pagar en cuotas (oh juremos por gloria morid) Repetí de vuelta y haciendo alusión a una doble despedida tuve que pararme y ver desde lo alto esta situación confusa. En ese momento Fantasía me miro y empezó a repartir encima de la cama, una y una, dos y dos, tres y tres, cuatro y cuatro, ya está, pasaba el tres, quería un chinchón. Le agradecí, pero tarde se hacía y la prima más linda se ponía; le di un golpe al tobillo derecho de Pedro que no dejaba de llamarme la atención esa postura extraña, obnubilada con crestas a elección en caso de venir al mundo sin cabeza. Los dos seguían en ellos y yo ya no parecía aquel individuo que había llegado por sumisión media confusa. Otra vez me despedí no sin antes preguntarle a Fantasía si lo que había hablado con mi tía era secreto o predicado con oportunidad de pasar a mis oídos. Fantasía callaba eterna, siete y siete, ocho y ocho. Ah! tampoco chinchón, valla uno a saber. Abrí con mis propias manos la puerta, esquive la cabeza de Pedro, hice un saludo general a lo Napoleón y salí por fín a la calle y a la retórica presencia de la noche; mire de soslayo una vez más a la casa pero nadie había tomado una decisión y llegar hasta la verja para despedirme. Que cosa seria cuando se tiene en cuenta parientes que le faltan tornillos, más cosa seria cuando uno cree que tiene todos y no le falta aceite para volver a la casa. Es terrible pero vale decir normal porque tanto Pedro como Fantasía acostumbran a quedar envueltos y por separados en poemas de soliloquio moderno, como fichas de un mecanismo asistemático para equilibrar el todo con absurdos inteligentes al estilo Ionesco; infinitos manteles de esmirlas peligrosas mostrándonos que hubo una previa desnudez en la mesa y vanidades originadas en la vanidad. Llego aquí a sostenerme de un primo sospechoso que renglones atrás lo consideré un absurdo sobre proscenios parecidos a la vida.

         Allanaron por primera vez todo lo que no pudieron trasladar  (falta de coherencias). En el asfalto, porfiado con equidistancias de última sospechosas, me encamine haciendo más que dedos. Ombligos repatriados en el centro de mi cabeza, unilaterales, sin tener para nada en cuenta qué era lo que había conseguido hasta el momento. Coherencias por el lado de buscar atónito; pero dejar un presagio gracioso, terminó guiando mis bajos propósitos hasta llegar por fin a mi pequeño y pérfido cubículo adyacente al pasaje Don Quijote. Una victoria en las manos de Sancho Panza, por el contrario, me obligó a escalar demasiado para lograr mi retorno sin plagios de ser eternizado por una vuelta llena de ganas.

         Cuando me acuerdo de todas estas cosas, henchidas hasta cierto punto y estomacales (a pesar de que los pasajes son generalmente flacos). Mis primos, César y la tía, me parecieron por un momento que figuraban en algún catálogo desconocido de mi conciencia, creando un todo homogéneo sin censuras. Capítulos que se llenan buscando algo y que no logran el montaje final cuando podría haberse dicho fin, adiós, nos vemos en otro libro, hipertextos que se zarpan y te dicen no sin finura cuando morirás mientras acabaste de presentar tu primer manuscrito. La idea era ésta: descartar absolutamente todo; dejar el guión y buscar otra vida, dedicarme a la poesía cuando tuviera ganas, escribir por el ensueño viril. Dejar las propuestas por un tiempo, y no llamar la atención de los demás en seguida con propuestas irrisorias o no tan audaces como uno pudiera creer.

         Tenía proyectos en toda la habitación, uno de ellos (para mi el más interesante), estaba elaborado pero no con intenciones de ser leído por cualquier sujeto. Una vez había tenido presentimientos incómodos y me tuve que poner a escribir acerca de ellos, no me quedaba otra; una idea podía llegar a ser infinitas hojas asépticas. Contuve la mirada en la ventana y desembarqué con el espíritu al hombro, suponiendo que no todos sabían hacer ideas o pasarlas en limpio. Pero quedaban y quedaban, siempre despreciadas por cualquier lugar, y el interés que ponía sobre ellas era ínfimo y por tantos motivos que siempre eran bienvenidos, ni siquiera sobrevivían a ese que hacer o destino inválido.

Esa misma noche, mientras canturreaba una página de clásicos que duran horas (después se hacen modernos) llamaron a la puerta unas cuantas veces con cierta violencia pero manejada cautelosamente. Desde mi prontuario anochecido se pudo comprobar que la visita terminaba en el éxtasis de algunos sin vergüenzas empresarios que van con la Biblia en la mano, acusando estados que acostumbran llevar una buena cantimplora pero nada más. No me ubicaron y sin embargo lograron sacarme información precisa como para pedirme una pizza con faina. A eso de las dos de la mañana me llamó César un poco horrorizado (hasta se sentía el sudor por los poros del teléfono). Imaginé bastantes cosas pero nunca que iría a tornarse peligroso en zozobra, que lo único hecho al ruego soportaría cargas engañosas y sediciosas. Y tenía razón, tenía ideas, quería ponerse a discutir y planear un boceto más económico. Dilucidar en torno a la toma de conciencia, con efemérides muy concretas sobre el aspecto psicológico. Resulta que un mago, antes de dar el espectáculo, recuerda que ha olvidado en su casa medio canasto de secretos y palomas para usar en el show. Entra en pánico, quiere tomar apurado la campera y agarra su sombrero obedeciendo a pensamientos inconclusos. Empieza a caminar hacia la salida, atraviesa todo el corredor unidimensional que llega hasta dos manijas de una misma puerta impecable con cartelito de exit. No abre, regresa por otro lado, inventa en ese retorno trucos menores para tener por si acaso; cuando por fin da con una llave, ésta carece de función, por lo menos para esa puerta, entonces retoma una vez más pero sigue sin conseguir huir del pequeño anfiteatro. Esta desesperación durará hora y media de reloj, y para mayor verosimilitud, la película estará filmada casi toda en plano secuencia mientras que la psiquis de este muchacho se irá tornado cada vez peor. Pero (paradojas si las hay en el cine), no será en vano su tiempo para realizar otras búsquedas y amores desfallecidos o rebanados por otros magos y que vivían en dimensiones opuestas. La gran alegoría que presenta nuestro mundo hoy en día es acaso la presencia de magos (nosotros) ajusticiados y varados en el medio de una terrible pirámide dada vuelta donde los tiempos se vuelven obsoletos por estar abajo y de punta. El eterno capitalista que descansa en la palma de su mano creyendo estar en Dios, mientras acepta el perdón de cinco mensajitos de texto, escribe un libro, lo planta y se toma un avión a su casa para llegar al entretiempo de River-Boca.

         César estaba entusiasmado ahora con hablar de los hombres más que de los héroes, de los magos edición siglo XXI, más que de los practicantes con la capa en la cabeza por incapacidad. Inmolarse con estilo, usar a la carne para proteger a la maquina. Desaparecer en esa lóbrega venta de almas encasilladas en el asiento trasero de la conciencia; en los pasillos donde magos y trucos perdidos divagan porque van detrás de cada búsqueda interior.

         A lo mejor, esto podría haber sido una buena idea telefónica, pero no lo era. Se me había ocurrido que hubiera podido serlo, César me hablaba y yo pensaba ideas para escribir en el soporte telefónico. Cuando finalmente corté, comprendí de veras, que a cada uno se le está permitido como roedor ir detrás de supuestas ideas para llenarse la panza y la cabeza, tapando esas oquedades ignorantes que nos habilitan para sentirnos contentos frente a la vulnerabilidad imperiosa que nos termina superando. Y no estaba demás agregar poemas ignominiosos, embelleciendo así hasta las charlas en el Chat inconspicuo, en el bar incesto o la mancha que tenemos o seremos como habitantes inconclusos de la vereda federal.

         Detrás de la ventana, pasado un cuarto de hora, pude oler (siguiendo con esto del roedor permitido) una planicie llena de imagen triste, en el páramo pequeño, sobre la vía láctea (una fábrica media abandonada) que había esencia pedregal y parda amontonada pero delimitada por un espacio ataviado de enormes lunares inhóspitos. Ahí fue, que el aura floreció demasiado, me acerque y la ventana (esposa de ventano y ya diré por qué) casada, que flameaba como bandera de cuatro dibujos separados por esa cruz famosa que siempre la atraviesa. Ahí, ya no había flaqueza ni despotismo iluminado, ahí contuve la mirada de una persona terriblemente llena de lunares y morfemas azules. Quedando inmóvil, sin embargo abrí la puerta y Fantasía, por sorpresa del párrafo que ya iba buscando para cualquier lado, entró (y sabía que llevaba talones Tarantinianos) Entre mis manos, un ruidito hacía como no de mi, busqué de nuevo mis ojos en la ventana (esposa de ventano, en la eternidad juraron separarse, dieron al mundo de las aberturas un hijo que hoy está preso por contrabando de inmigrantes novedosos que solían pasarse de frontera a través de su madre, ¡es decir por una ventana!) y poniéndolos ahora sobre Fantasía me di el gusto de sentirme totalmente sorprendido por su visita.

-Que haces acá, gracias por haberme despedido, hoy en tu casa

-Perdoná, la verdad que vine a eso, vos sabes como somos nosotros che, ¿nunca te pasó ni parecido?

-Puede ser- respondí con una vos extraña, más fina de lo habitual, como si la vos fuera autómata y correspondía a cualquier otro sujeto del cual me hubiera reído bastante

         Entramos y la capital se hizo más chica. Hablamos con una comodidad superior a la otra en su casa y cuando ella ya se iba volví a preguntarle

-¿Que te dijo Maru, cuando te llamo y traía galletitas?.

Fantasía exhaló un aire desconocido. Afuera el oprobio de una noche con escamas húmedas espiaba toda clase de intensiones. Quizá me debiera haber arrepentido insistiendo tanto por una cosa que de última podría tener una importancia menor.

-Era una tontería, dijo felizmente. Ayer hablábamos de papá sin entusiasmo; recordábamos viejas anécdotas, una vez, me acuerdo que tenía cosas que hacer y no podía tomarse tres horas para ir a ver una de esas peleas que tanto le gustaban. Entonces fue a buscar una radio, y como no había ninguna en casa agarró plata del saco de mamá y salió disparando a comprar alguna media berreta. Bueno, pasaron tres horas y no venía, estábamos muy preocupadas, cuando por fin llega como pretextando que se había recorrido todo el barrio buscando y ni siquiera pudo conseguir pilas. Se había quedado sin pelea, sin hacer su trabajo, o sea nada. Después cuando pasa el tiempo eso se vuelve relato gracioso. Tu tía no hizo más que recordarme dos cosas: viniste a casa a devolvernos algo pero te fuiste sin devolvernos nada, "hacele acordar" me decía. Fantasía muy contraída se acercó hacia uno de mis dos pómulos colorados ahora producto de aquella cámara de vuelta en el cajón de remeras de mi habitación. Posando sus labios sobre la superficie asimétrica de mi oreja izquierda rezongó una frase ortodoxa y bajo sospecha de ser vulgarizada por el populacho introvertido en alguna peatonal o carnaval enajenado: "-Que no se olvide de devolvernos lo que nos corresponde". Su vos era maravillosa en estado de susurro, y por un instante sentí el deseo de reposar en aquella melodía por un tiempo infinito. Fantasía no se movía, su pelo se deslizaba marrón acrílico sobre uno de mis hombros que hubiera parecido (en el caso de que no llevara puesto camisa) una pequeña cabeza con pelo largo y exagerado. En el contorno de nuestros placeres y en ser atropellado por esteres y prosas rimbombantes prestadas al aire. Sensación ilícita empero todos estos años buscando historias complejas de parcelas y parientes perdidos en el ombligo repatriado sin sangre modelo. Mis vanos sucesos difícilmente tuvieron la suerte de seguir por incapaces de no saber ser que no deben ser

         Ahí nomás me levanté para devolverle la cámara, le pedí disculpas pero dejando claro que la visita había sido también para charlar y pasar un rato, como después se vivía una sensación tan rara me dije le largo y de largo te dije de dije me largo le dije ¿Te parece que halla otro juego en el que halla que repartir más que en el chinchón?   

 

La conformación y el fracaso de un guión ficcional

por Alejandro
lunes, 07 de septiembre del 2009 a las 17:53
guardado en

Caía del cielo una supuesta alegoría sobre la esperanza, y después de haberme abotonado con infame precisión la camisa y haberla ajustado a las oquedades que existen siempre entre el estómago y el baquero, tomé la campera y escapé. Ahora bien, por qué digo “escapé” y no “salí”, puesto que albergaba una casa, mi casa, y no en alguna penitenciaria del gran Buenos Aires. Bueno, se podría decir, y vanos los comentarios complementarios en la cabeza del lector (incluyéndome a mi post-edición-blog- y santa librería ) que cuando escribo o cuando pienso, es constante mi grado de incentivación e impulso a transgredir las normas de la velocidad, como si mi cabeza fuese una vorágine que no admite la paciencia en ningún momento; al levantarme ya presiento un imán en la nariz y el propio planeta se me pega a ella como si fuera una insignificante molécula de aire, a diferencia que esta última, por razones evidentes es un poquito más chica.

Tendría que reconsiderar aquella idea plegaria de los movimientos que habitan sobre mis dos costados cuando camino rápido por la vereda; una idea usada para asemejar el cine a la rutina, para la manipulación del tiempo y el espacio cortado y planchado, arbitrario, haciendo “a lo Godard” unos desentendidos y radicales cortes en el plano. Así son mis efímeros trayectos (producto de esta corrosión del tiempo que lleva a la prioridad de mis pensamientos cuando debería estar poniendo atención en cruzar bien la calle) y los síntomas que se generan a mi alrededor no hacen más que dilatar asociaciones y sueños encadenados a una verdad inevitablemente distorsionada.

         A las doce y media del mediodía, más o menos, iba a tener un encuentro con mi gran amigo César. A sólo pasos de convertirnos además en socios, sentía que mi corazón irradiaba demasiada felicidad, que esta vez íbamos a lograr algo importante.

La historia sobre un tipo que había descubierto una abertura en su pecho de la cual podía lanzar rayos láser con sólo imaginar un pecado, de verdad me cautivaba. Estaba absorto, era una idea que, con bajo presupuesto y algunas condiciones evidentes siempre exigidas sobre el guión, por supuesto: enemigos, secundarios graciosos, la conquista del amor imposible, etc; el éxito no era más que un plan asegurado. César ya me lo había dicho por teléfono antes de salir de mi casa: “Es una gran idea, los productores se pelearán por obtener nuestra propuesta!!”.

         Yo ya estaba en la esquina de Jonte y Caracas, yo que era un tipo muy puntual en general, esta vez, imaginen ustedes; pero César, por el contrario, cayó a eso de la una menos cuarto. Sin embargo me pareció considerar esto como un gesto muy positivo, puesto que él nunca había sido más impuntual que ahora, cada uno, como ya bien dije sobre mis pretéritos impulsos, manejaba el tiempo a su manera, el reloj en la muñeca, era lo mismo que el collar en el cuello o el cinturón en el Jean, o el anillo al dedo, es decir, una muestra prescindible de todo cuerpo liberado

         Antes de comenzar el diálogo, nos dimos un gran abrazo, él venía con el pelo recogido hacia atrás, traía un semblante agónico y octaédrico, sus ojos oscuros parecían ya de lo lejos auspiciar una imagen del film y apenas dejamos el abrazo para volverlo a usar en la confirmación del éxito, me dijo muy claramente:

-Me parece que lo primero que tenemos que montar, es una escena fuerte, que atrape al espectador al instante y me parece también que el héroe tiene que ser más bien filosófico, intentar que la gente vea cierta complejidad en el asunto y no algo banal que se descarta con otra película en seguida. Tal vez, y ya que usamos la ficción, la vida podría significar otra cosa, estar encapsulada desde el origen por una fuerza que ha sometido siempre a la sociedad y que lo hará eternamente; y a esta especie de Mesías, que nació con un sólo poder, me parece que podríamos agregarle (digo agregarle irónicamente) una serie de defectos biológicos que lo llevan a descubrir que es poseedor de otras cualidades como esta del rayo, un rayo que acabará, con cada pecado desvanecido, liberando a todos de esta fuerza que no tiene nada que ver con un Dios, sino, podría ser, con un Gran señor que lo ha tenido a éste como esclavo desde antes que la raza humana halla sido creada. ¿Que pensás Che?

 -Muy interesante, dije, un poco consternado, primero por el entusiasmo que traía Cesar y también porque de verdad pensaba que la idea básica planteada en un primer momento se estaba empezando a gestar como si, gracias a los dos, tuviera una vida propia, ineluctable.

 -Debería llevar una plástica envidiable, podríamos buscar material en el cómic o en el cine de Antonioni, quiero que sea algo bien nacional pero con una mirada estéticamente universal, una dialéctica que pueda proyectarse en calidad del presente que vivimos todos los hombres. Mejor vamos a un bar, nos sentamos y seguimos charlando, ¿que te parece?; porque acá hay mucho ruido, además hoy juega Argentinos Juniors y en cualquier momento esto va a ser un verdadero quilombo

 Accedí al pedido de César y nos fuimos para el lado de San Martín. Si podíamos hoy llegar a concretar todo, daríamos inconscientemente un gran paso, sobre todo en estas cosas que llevan un tiempo prolongado y perspicaz; hablar de un año nada más, en el cine podía ser un sinónimo de "recién comenzás", por eso, y ante el orgullo de sentirnos capacitados para generar un arte desde su rama más compleja en cuanto procedimiento, industria, movilización, operatividad, contacto, financiación y miles de cosas y lenguajes varios, era más que admirable el hecho de sentarnos durante un par de horas con muchas ideas en la cabeza para incorporarlas a la estructura de la película, ya sean textos visuales, escritos y también ideas sonoras, por supuesto.

 Como los puentes que siguen ese camino de rizos ondulados, de praderas panteístas y montañas con verdes y prismas basados en el clima templado y arenoso; aún de día se tenían en cuenta los recuerdos que había dejado la luna impar bajo el hechizo indiscutido de su belleza redonda y jovencita. Un atardecer que se hizo luego el arquetipo de tres movimientos a cambio de la concreción definitiva de nuestro glorioso guión técnico. A pesar de haber compartido mi sánguche y tomar prestado del baño un vaso para bajarlo, porque uno, dos cafés está bien, una gaseosa, pero toda la tarde pidiendo de comer y tomar daría como resultado hasta la post producción y el trailer. Pero, después de todo, muy poco pudimos hacer aunque era muy cierto que habíamos llegado a prefabricar una historia compleja sobre un tipo que terminaba siendo, en la noche de cuaresma, el fan número dos de este súper héroe, y digo segundo porque, al final de todo, se hace saber que el propio narrador de la historia nunca podría llegar a ser relevado de su condición obsesiva por alcanzar a este héroe del láser donde quiera que valla.

 A eso de las seis y media de la tarde decidí salir del transe y tomar un poco de aire por los alrededores del barcito. Toda esta morfina onírica del film tuvo su origen hará un año más o menos, cuando estaba en la casa de Rem tomando unos mates y escuchando algo de música sesentona. Me acuerdo que sonaba de fondo un tema muy conocido de los Zombies y la madre del pibe bailaba cerca del aparato, entre la nostalgia de un pasado cultural efervescente y la segunda  pava sobre la ornalla en estado de ebullición total. De golpe la inspiración había llegado a mi espíritu no de manera casual, sino por un conjunto de factores que provenían de la casa; la energía rumiante comenzó a ponderar sobre mi sentencia de vida, una sola palabra que se hacía pasar por idea absoluta quebró mi conciencia en ese momento cronológicamente exacto donde She`s no there y la madre extasiada en el piso subían a la cúspide que en otrora dejaba su lugar a millones de estribillos prácticos y frenéticos. Yo permanecía sentado pero con esa suerte de consigna que recomendaba considerar al cuerpo como un baúl y al alma un tesoro al que había que estimularlo para que tenga valor propiamente. Entonces agradecí mucho la invitación y me fui corriendo a la casa de mi querido amigo César. Compañero de infancia y especie de ruptura con mi vacuo perfil adolescente. Desde hacía tiempo que las ganas estaban, yo quería filmar y el quería escribir; sellar un pacto y un producto diseñado en la adocenada fábrica del alma; y sin embargo yo había recogido finalmente la pluma y él una cámara familiar. Y de esta intensión tan humana y sincera sólo había quedado una especie de corto medio pesimista sobre la conquista que desbordaba todos los límites posibles hasta llegar al poderío nupcial del reflejo mismo.

         Quedábamos en seguir haciendo proyectos y más proyectos, algún día, pensábamos que algo original, algo con capacidad para soportar una crítica respetable y provocar alguna sensación en el que se sentara adelante… tenía que salirnos.

Un sujeto de unos treinta años de edad y con tintes heroicos y superpoderes un poco bizarros, personaje dotado por un suntuoso talento en el pecho, pero todavía sin nombre, en fin, el cómic, en su vertiente más analgésica llevada al cine por dos jóvenes un poco detractados como lo éramos nosotros, luego de tantos años buscando una temática bastante modesta, tal vez, pero dándole el toque personal y la magia. Quedaba la noción del contexto y varios objetivos. La idea había llegado, eso era lo pragmático, y ya no quedaba más que sentarse y someterse a todo tipo de planteo y propuestas para llegar a la concreción final de la historia.

 Así estuvimos entretenidos pensando que en esto había empeño, que dos extraños sujetos inmersos en algo paralelo al mundo podían soportar, sin embargo, la carga desmesurada del mismo y encasillarlo (a fuerza de meter una vida en dos horas), su apariencia redonda como la perfección de una falsedad que dice que todo está muy bien, que si viviéramos en un cuadrado, eso sería un signo de malestar y poema con héroe y héroe sin h; pero nadie puede negar que la cosa está cada vez peor aunque seamos parte de un reino y una tierra en forma de globo. Expresar que cada cabeza tiene dentro un cuadrado era lo mismo que decir: cada cuadrado tiene dentro un planeta, cada planeta tiene dentro una cabeza y muchos cuadrados que la siguen.

Todos eran pensamientos quizá triviales o estrepitosos como para estamparlos sobre la capa de un héroe anónimo que se siente perdido en la capital y sube a los colectivos pidiendo monedas mostrando su rayo interior como si fuera un talento innato (y es que lo era) ante la presencia de gente muy desconfiada que creía más en la broma y la comicidad que en la admirable y extraña, pero verdadera causa de su patrón extraterrestre.

         Fue entonces que supimos algo muy lamentable y tedioso hasta cierto punto, descubrir, y a falta de rasgos provisorios debajo de un manto negro que está por venir. En fin, no servíamos en absoluto para crear una historia ficcional, había ganas, ideas y propuestas, escenas para que el héroe diera sus batallas y también para que llorase; pero talento no había por nada en el mundo. Fuimos sinceros aceptando que ninguno de los dos tenía interés por los cómics ni por los tipos con poderes sobrenaturales. El entusiasmo del mediodía, se había transformado (cuando salimos del bar), en un motivo más que guarda el tiempo de incentivo pasajero, y cuando ya preferíamos tirar esa cantidad ilustre de hojas y destinos, hicimos una breve promesa de, o retomar este guión del cual no teníamos mas ya la intención de formar parte (o sea que si seguíamos estaríamos fomentando hipocresía) o la de volver a plantear un nuevo proyecto donde se pueda ver que nuestros ideales (medio devaluados hasta el momento, nostalgia que hechiza) tengan una comodidad mayor en el relato y que los juegos con dobles sentidos y toboganes al óleo no estuvieran tan en desacorde con la situación alarmante que vive hoy nuestro querido país.

         Caminamos un rato largo, sobre la noche, media en desarme, la luna superpuesta con una nube que la atravesaba, como si fuera una navaja que atraviesa un ojo, y perdón Luisito por usar el mismo ejemplo pero así se parecía el preludio de nuestra odisea. La cancelación de esta especie de guión a voluntad conciente, nos había dejado, no sólo en la oscuridad inevitable de un anochecer que siempre llega, también transitábamos por un destino nublado desde lo interior, esperando tal vez que llegara a cicatrizar por cada paso que devenía en cada cuadra; hablábamos poco y encima de cosas en absoluto imprescindibles. Yo sabía que César nunca había dejado de poner voluntad en el trabajo pero aquí el problema no pasaba por eso, pasaba (y esto era precisamente la triste realidad del relato), que más de dos o tres hojas no habíamos podido crear, y esto por no decir, y valen los sustantivos que pronto serán por prestamos y no gratuitos (hasta las palabras se cobrarán, terrible presagio), todavía faltaba mencionar el enorme desorden de aquellas ideas prosaicas sepultadas no en hojas (vale decir además y ya que está), sino en la pocas servilletas y sobre la estepa de unas cuantas mesitas que tenía aquel pequeño bar de Jonte.

 Pero no podría seguir tendiendo al disgusto y la amargura existencial por una mera idea no tan aprensible al imaginario colectivo nacional. Caminar empezó a ser una idea interesante para la conciencia, para refrescar espacios y profundizar en otras cuestiones; antifaces había a patadas y tapar rostros inmiscuidos en la mentira y el moho no podía ser por nada en el mundo nuestra insignia a seguir. Ante la desesperación de encontrarnos lejos de ser figuras talentosas y propensas a digerir rápido una oferta que la mente puede ser capaz de ofrecerle al espíritu humano para ganar una estatuita en Cannes, antes que nada evitamos canalizar el disturbio. Entrábamos en otra dimensión y la medianoche nos ofrecía una bebida que también serviría como cualidad para delimitar un horario y marcar el inicio de nuevos tiempos (podría decirse que hay vida después del Apocalipsis, ¡si señores! hasta aquí llegaba nuestro grado de insatisfacción por la falta de un don divino)

 -Que barbaridad, che; cómo pudimos perder toda una tarde, con lo que valen las tardes. Me parece que estamos conjugando mal las situaciones y yo me debería ir a otro lado, otro rubro. Cuando me pongo a pensar qué significa tener una gran imaginación, me estanco en algunas palabras, ni siquiera tengo imaginación para pensar qué puede llegar a ser la imaginación

 -No te preocupés Cesar, estás siendo demasiado duro con vos mismo -le dije medio con hombros bajos y sabiendo que aquellas palabras iban como flechas metálicas directo a mi conciencia-

 -Es que no me comprendés, el arte me termina superando, tengo las alas pero adentro de mi cuerpo, y con las manos la verdad que muchas cosas no sé hacer. Escribir es una tarea difícil y no encuentro justificación cuando me dicen que el tiempo sirve para escribir y no viceversa

 -¿Qué escribir sirve para el tiempo? -le pregunte bastante sublimado, prolongando el tedio de una conversación en vías de autodestruirse-

 -Exacto -respondió, aunque, irónicamente, no con mucha precisión-. Preguntále a un gran escritor, no importa si está vivo o muerto, vos preguntále si cuando se pone a llenar hojas no está, al mismo tiempo haciendo el tiempo, que para nada lo concibe como el tétrico camino por el que hay que pasar para que le editen un par de poemas y basta.

 César estaba siendo presa de su propia agonía, más tarde pudo llegar a comprender que la cosa no era para tanto, un simple boceto es una buena manera de concretar algún día algo con valor, hacerle entender que todo podía transformarse en una empresa de energía positiva para la vida me terminaba salvando a mi también, y para esquivar la pesadumbre que nos había producido este rebaño mal llevado, propuse olvidarnos de todo y empezar al otro día con algo nuevo. El destino, tan ambiguo, tan particular y tan extraño para la filosofía del ama, podría dejarnos, sin malentendidos, alguna sorpresa en el primer escalón de la madrugada, cuando ya estuviéramos en el feto de otro día y las llagas de la noche anterior hallan sido producto de una inflamación que no se cura con ningún antibiótico pero sí con la decisión de que el sol retome de oriente una vez más (el regreso, en mayor o menor medida, tiene que ver con el renacimiento, nacer a expensas del otro. El pasado no es más que un presente olvidado)

 Hablemos de otra cosa Cesar, hay tanto que saciar, tantos modos y trémolos, acuarelas, escenas inolvidables, tengo tanto amor por el arte, no quiero fatigarme al divino botón por patrañas obtusas (como diría un libro traducido al español) Le insistí de nuevo si quería sacar otro tema pero se limitó a palparse los bolsillos de su campera de corderoy. Buscaba algo hasta que finalmente lo encontró. Un papel que estaba plegado unas cuantas veces.

 -Y dónde está Godot -le pregunté como intentando pegarle una cachetada a su conciencia, cada vez más comprometido en un hallazgo-. Abrió el papel sin darle interés a lo que le había preguntado y comenzó a recitar:

 

         "Entonces, por ahí, fuego y ronda habría que elegir

                      Cada llama reposa junto al árbol impreso en la hoja

           cada hombre; su cuna de lado, roedor permitido

                      Sale a prenderse y es comprensible, está mejor dando vueltas

                      El queso se hallaba muy cerca de la ronda fundamental

                      no es que estaba mal atraparlo pero nadie lo seguía

                      Ni a él ni a su lácteo corrompido"

 Después de esto, un silencio profundo que auguraba otra vez alguna pena socavada. Se rascó el cuello, lo friccionó y luego me miró y me dijo:

 -Que te parece

 -Es un poema. -Respondí con un halo de ingenio prematuro-

 -Lo escribí sin pensar en nada

 -Pero está muy bueno, -le dije, y era verdad que me había gustado bastante-

 -Es que necesito expresarme che, es el único que hice, se lo leo a todo el mundo. Sucumbió por un instante y después continuó, con otro vaso de cerveza en otro bar y otra galaxia de voces y ruido, en todo este contexto incomodo para reflexionar sobre supuestos que atañían a esencias imperceptivas en las personas, nuestro juego de silencios y proverbios se hacía grande y ostentoso y nos impedía, también, escapar de cualquier manera a vivir ajenos al arte o a participar en el intento por lo menos de subirse a sus vagones espirituales

 -Yo creía que el comic te gustaba che, -continuó-.

 -Y la verdad que tanto no, pero como olvidar El Eternauta

 -Impresionante, -cabizbajo, frotándose sus manos, en estado reflexivo medio somnoliento, contuvo un par de dedos como si fueran muecas hechas con las manos, moviéndolos incesantemente, parecían de alguna forma entrar en disputa o complementar con sus pensamientos-. Agregó pero empezando de vuelta:

 -Impresionante, ¡ese sí que era un héroe!: Héctor Oesterheld, ¡que soñador por dios! ¡Ahí sí que había idea, descripción, conflicto, por vez primera ciencia ficción en escenario porteño! Nosotros apenas entendemos qué significa hacer un Decoupage. ¿De qué hablar ahora con la ciencia ficción?, no sé, podría el héroe, tal vez, luchar contra sigo mismo, ya que se deprime porque los enemigos son falsos que se sienten cómodos donde están sin enfrentar a nadie; famélicos de orgullo deteriorado. Se ve que hay una dictadura en la cabeza y nuestro héroe no puede entrar con ese láser de mierda que para lo único que le puede llegar a servir es para generar escándalos sin sentido. Hoy deberíamos creer mejor en alguien que regale libros en la parada de los bondies, en los subtes, a los cartoneros, para que sepan que hay papeles que se reciclan en la cabeza. La basura, ¡que barbaridad!, está en todos lados. ¿Te imaginás un tipo que vive de los cartones (a nosotros poco no nos falta) leyendo, sentado en un cordón, Operación Masacre? Escuchame, ¿como querés que hoy día hayan héroes si la gente se siente libre y orgullosa sin haber tocado nunca ni siquiera la tapa de un libro?, y no lo digo por los pobres que pobres no tuvieron la oportunidad ni de casualidad. ¿Cómo querés crear un héroe si no tenemos armas para hacerlo? y si las tuviéramos sería una gran contradicción porque las armas deberían hallarse en el polo opuesto de la figura de un héroe, puesto que sus poderes, se supone, forman parte de su cuerpo y sabe que ha nacido con privilegios peligrosos (como los grandes escritores de este país) pero que sin embargo podrían utilizarse para combatir el crimen y el desorden general. Vivimos una época de mierda donde para desarrollar la imaginación no hace falta precisamente leer novelas con súper héroes adentro ni novelas de Ágata Christie con crímenes adentro; hoy, la imaginación está en el informativo, en las películas de mierda que pasa el cable, toda la basura junta se recicla en la cabeza de barrios al por mayor. ¿Por qué no leerán a Kafka digo yo (decía César en realidad) mientras se hacen un viajecito a la salada, mientras se deforman el cuerpo con ropa barata y ordinaria, fingiendo que lo superficial escapa de todo supuesto mal vestido; que la carita linda con ventanilla polarizada tiene más valor que el pobre diablo encerrado en el cuarto cubierto en lágrimas (encima que le costaron un huevo) porque le faltaba poco para terminar de leer Rayuela?

 César no paró de hablar hasta las cuatro de la mañana aproximadamente, y hubo momentos en los que su grado de impotencia pregonó la ausencia. Cuando ya regresábamos, no dudó en obsequiarle a la gente que pasaba incoherencias que la verdad conmocionaban por su calidad como para asociarlas con otras cosas esenciales, por ejemplo cuando se reflexiona sobre las distintas edades que uno va teniendo en la vida. El tipo que pide un café con leche en vaso de Whisky o la extraña sensación de prolongar la infancia hasta la muerte, resumen de las intenciones que tenía César de mezclar los tiempos, proferir gritos como “¡Viva la muerte!” o “¿¡Por qué no te fijas por donde caminás, no ves que soy un pobre viejo que anda reclamando las mismas prioridades que tuvo cuando sintió su halo de juventud retumbar en las sombras de la eternidad!?

César confundía la última conversación aceptable que habíamos tenido con la desesperación de no poder concretar nada y las horas que pasaban y pasaban. Yo me había animado a decirle un secreto que llevaba muy guardado en el bolsillo y él, ya sin poder sostenerse de ningún lado, cayó inquieto y gélido como las baldosas mismas que lo ampararon. Y en ese estado que daba pena en serio, respondió segregando un indulto a mi favor. Más tarde se recuperó y yo me ofrecí para acompañarlo hasta la puerta de su casa. Llegamos justo con la conclusión de encontrarnos de nuevo, dejar pasar un par de días a ver qué pasaba pero asumiendo el costo que nos iba a salir todo esto si quedábamos parados en el aire. El futuro, en mi caso y en el de César, no estaba primero en las manos de alguna omnipresencia divina, a eso queríamos llegar y para ello necesitábamos afianzarnos en el presente y poner en marcha la imaginación. Era cosa de esperar que algo novedoso surgiera en la cabecita de alguno de los dos. Nuestro futuro pasaba más bien por sacar la cabeza de un pasado tan acuoso como el que habíamos vivido durante toda la noche.

Me despedí de César sin antes decirle de nuevo mí humilde y preciado secreto: “si querés conocerme, mira mucho cine de Bergman”.

 Aminoranza de todas las antenas con que se hacían ecos un montón de inhóspitos fieles en desuso. Vinieron dos tardes más tarde y devolvieron toda el alma de una, quedando yo sobornado bajo mis pies que se las ingeniaron para esquivar este charco metafísico. Desde la ventanilla de un Bondi que pasaba, también se dieron el gusto de lanzar un vómito congestionado, al ralentí y desembocando en la planicie más peluda de una cabeza que pasaba. Después vino un golpe y una erupción mental y los empalmes en veremos; el tránsito precavido pero asqueroso como los expertos lanzadores; árboles, vidrieras y veredas, todo, absolutamente todo lo que percibía se inmoló para dar paso a las llamas de la imaginación secular. Aquel instante que me pareció muy análogo a un plano en planta del paraíso; quiero decir, por su perfección y por su dentadura que dio origen a la boca más temible que haya besado el suelo. Una condena en base a delitos de la ilusión corrupta; entre y por los surcos de una propiedad mutante se alzó a la vista de unos pocos en uno mismo, el incesto honrado jubiloso rey de los Cantos (especie de raza frígida y subterránea que altanea por debajo de las avenidas de Buenos Aires) señalándome al unísono con estos Cantos para que reconociera  (y esto lo sabía porque en los sueños uno siempre sabe de más pero llega al menos a un resultado inconcluso) todas las dificultades que uno tiene cuando ejerce el cargo de ser humano. Me invitaba a su reino que ya sabía yo que era fatuo y horrendo pero hinchado en detalles y verdades que si se las colgaba en alguna pared de la ciudad podrían algún día llegar a concientizar a mis semejantes, quienes le atribuían al aburrimiento y la nostalgia de otra vida mejor los motivos por los que se sentían incapaces de cambiar el canal con mayor raiting farandulera (y ya me lo había dicho César con justicia)

 Después de haber transitado toda esta odisea, me levanté transpirado, a punto de recapacitar de nuevo. Acordarme de César, el guión, el fracaso, el agua y el alcohol. Haberme tirado un ratito a descansar, de golpe se transformó en parte, y no por propia voluntad, mejor dicho y simplificando, sacrificaba un sueño para elevarme al menos por un par de segundos y meditar elocuentemente sobre quién iba a guiarme de ahora en más. Yo cortaba esa pesadilla de rasgos homogéneos y medía con ojos y manos el vasto imperio de los sentidos (paradójicamente acorralado por la presencia de los demás), aquellos que tenían el futuro asegurado; yo sabía que aún no era capaz de asegurar mi pasado, y a pesar de esta enorme diferencia (¡¡relojes afianzados en la muñeca y el despotismo verbal!) pude corroborar, al vestirme y ponerme las zapatillas, que el presente no necesitaba ser cotejado con otros tiempos. Estoy y soy (me decía por dentro) estoy y soy estoy y soy ¡por favor! y por las dudas, no sea que mañana tenga que olvidar las cosas que hoy me pertenecen y que suelo interpretar de manera moderada.

         En otro lugar (a dos cuadras nada más), César estaba como embalsamado. Dormía en el infinito, buscando al mismo tiempo formar parte de otra raza diferente, una raza embriagada en zonas y con luces de metáforas inquietas. Aún le importaba intercambiar diálogos sobre su lecho y se hacía la idea de llegar a vivir mejor en aquel universo post-socrático. Más tarde lo vino a acariciar una mano muy fina y ceremonial, una mano que pensaba y se convencía de que por culpa suya había dejado que César se lamentase tanto, que César divagase tanto esos días que las ideas se le venían como vientos imprecisos y solitarios que buscan la compañía más cercana, cuando no tienen otra alternativa.

-Vos, -le decía la mano- sos el único que siente nostalgia cuando sueña mientras el mediodía se pasa. Lo veo en esos ojos que tenés bien apretados contra el oscuro salón individual.

Y mientras que César empezaba como a recitar su manifiesto poema de velador, en vos baja y sin disimulo posible, se alzó un bello rostro dueño de aquella mano fraternal que había entrado en el sueño, eclipsando la concepción del ocaso y llamando a César en un vuelco a la realidad muy flexible y cariñoso.

César levantó los párpados en reposo y el labio triste de Maite se esmeraba en repetir como podía una oración de las tantas y tan ineficaces que César iba diciendo infinito

         -¿Te sentís mejor? -preguntó Maite-, que lucía pálida y sus manos no dejaban de esgrimir los cachetes y la oreja de César

         César no respondió, seguía en la hipnosis pasajera que todo despertador conmociona. Se acomodó mejor poniendo su cabeza en posición más o menos perfecta sobre la almohada y así se quedó contemplando el semblante de la Maite; pero también algo había además entre el cansancio y Maite mirando un Sábado medio húmedo por la ventana de sus ojos oscuros y de neblinas. Sepillándose más tarde los dientes, recordó el fracaso y la angustia de no haber podido dilucidar el interés por aquel guión desparramado en los juncos de la noche anterior. En el bar y la planicie fresca de una vía de escape intermitente, César había hallado un lugar acogedor, ambos subordinados al poder de una prenda amistosa con olor a proyecto rosa y maduro antes de creer que por ahí se van incorporando problemas especiales, olvidados por el entusiasmo

         -César es todo lo que tengo -dijo César, como ganado por sí mismo-. ¡No hay más guión, el porvenir está en tus manos, así que no las pongas sobre algo que pueden estimularlas a que se pierdan!

 Maite se levantó, salió de la habitación, pasaron dos minutos, entró de vuelta, pero esta vez traía bajo sus manos una carpeta

         -¿Qué es eso? -dijo César, que todavía seguía con la sabana que le cubría hasta el cuello-

 -Tuve una idea, y de eso pasé a una conversación, y de eso a un problema, y de eso a una historia. -Maite levantó la risa por primera vez y le alcanzó la carpeta. César se esforzó por alcanzarla, la abrió y con ínfimo entusiasmo se puso a leer lo que decía-.

 -Que interesante, ¿de que se trata?, todas las hojas tienen número… claro las enumeraste, hay un montón, me parece que voy a terminar odiando las historias, pero queriendo al fin y al cabo que nadie se anime a quemar ninguna. La regla, cómo era: películas con final cerrado igual a final feliz; película con final abierto igual a final tristón pero la posibilidad de revertir las cosas queda, ahí está el secreto, esto es una barbaridad, la resaca digo, contame Maite de que se trata

 -No se bien como decirte, es como un viaje por la penumbra, a lo largo del recorrido uno se va dando cuenta que nunca va poder medir esa distancia que nos separa del punto de partida; pero  tampoco si estamos seguros de que alguna vez tuvimos el deseo de salir y hacer una maratón sin ser concientes hasta qué punto somos inválidos con el ímpetu desvaído.

         César entendió poco pero además que Maite tenía una idea más bien de novela y que por costumbre de vivir en él fue moldeándola para llevarla al cine. Desde el primer día en que se habían conocido Maite le confesó que se sentía capacitada para ayudarlo en el guión. César se puso jocoso, le gustó aquella explicación pero le hizo dar a entender que por el momento no necesitaba profundizar en pesquisas novedosas, que por el momento (recién se levantaba, que momento) no se entusiasmaba con meterse a crear una nueva historia, le dijo "guardálo que ya lo vamos a usar, no te impacientes, tengo que juntarme con mi amigo porque todavía tenemos cosas para hablar, habíamos quedado en algo, no recuerdo muy bien en qué pero quizá él sepa mejor que yo y me esté precipitando demasiado rápido, recién me levanto mi amor"

 -Pero César, esto me lo aceptaron, el I.N.C.A.A.A va producir el proyecto, no me habías dejado terminar, era como una sorpresa que te quería dar, a vos y a tu amigo. ¿Ustedes en qué terminaron además de una evidente borrachera? ¿Pudieron hacer el guión? Claro, Maite no sabía nada y sabía lo que no sabía César, y éste empezaba a recordar, mitigar el prisma de una prudencia indispuesta, que todo lo habían; ojos henchidos al filo del olvido, empezando por una tarde para andar con remerita, poniendo luego las ideas en servilletas usadas y más tarde en alguna zanja inmaculada al margen de un cordón cualquiera; todo lo habían dejado para hoy.

         César no tenía celular (eso sí que está por verse, diría una empresa telefónica que hace propagandas mostrando adolescentes estúpidos que piden una foto, foto, etc.) y le pidió a Maite que le mandara un mensajito a su amigo, un recado importante, tal vez un poco devaluado pero que valía para retomar una propuesta deficiente.

         -No, Maite, terminamos en nada, pero algo ya se nos va a ocurrir.

         César no se animó a prender un cigarrillo antes de prepararse algo para almorzar y se dio cuenta que el antojo tenía que ver con ansiedades y furtivos sentimientos en seguida frustrados, en presencia de una suerte inhóspita que se le venía venir a Maite.

 -¿El I.N.C.A.A.A decís, que lo va a producir? -preguntó César mientras se dirigía a la cocina y utilizaba el encendedor finalmente para prender la ornalla-.

 -¿Te parece raro?, -respondió Maite, no sin otorgarle al emisor también un velo matiz interrogatorio con ésta pléyade vestida de oración-.

 -Rarísimo, en estos momentos me parece cualquier cosa una oportunidad perdida, hay veces que me quedo pensando mientras hablo, como ahora, quiero decir, ¡metéle para adelante!, la cinefilia se ha encamado en nuestras vidas, yo quiero vivir con ella y con vos debajo de las sábanas, como si fuera una pompa que me separa de la realidad, el soporte de un sueño acreditado para que te dejen convivir en él. Eso es mi cine Maite y lo quiero vivir en vos, así que me parece genial, no raro y las oportunidades ( si bien encontrás de las dos especies), la tuya es demasiado genial, lo que puede ser muy bueno pero lleno de alertas porque entrás en algo groso. Estamos hablando Mai, justamente de algo que nunca será justo para cualquiera que no tiene talento, que desconoce el sabor de las sustancias con que está hecha el alma y prefiere la diversión económica, labrar una llave que no abre ninguna puerta que de al alma, cinco sentidos ¡y punto a vivir en ella! Estoy muy orgulloso de vos, si hay algo de lo que estoy seguro, es de que vos sos precisamente esa llave que tengo y que puede abrir cualquier cosa, así me descubro sabiendo que estoy hecho de a par, que sos una parte relativamente grande de mi.

 César se levanto de la mesa y Maite, que estaba parada mirándolo y escuchándolo atentamente apoyada inclinada en la puerta de la cocina sin puerta, se acercó a sus brazos, que ahora se abrían como yunques imantados y se pegaron formando una linda parodia humana, del mundo unido en dos individuos divididos en uno, dos cuerpos aprensibles por frases inherentes a distintos fragmentos escritos en la palma del alma. Y las manos de César, como cochecitos en la espalda de Maite, corrían una carrera lenta pero placentera para pilotos y copilotos, que por cuestiones de anillos y tamaños, sus oportunidades disuadieron cuando llegaron por fin al podio de la cabeza, con una lluvia negra de pelos que los olvidaron sepultados en la raíz de una tormenta eterna. 

 

 

 

 

Más fragmentos encontrados

por Alejandro
lunes, 08 de junio del 2009 a las 17:31
guardado en

...Y me dejas pensando tanto en la muerte que, a decir verdad, es mejor pensarla ahora cuando se tienen veinticinco años que a los noventa; porque no tengo, en este momento, una idea concreta sobre ella. No la tengo tan encima y mi espíritu no se distrae con desesperaciones y sombras que parecen querer llevarme, luego de horas y horas esperando que mi vida finalice. Estampadas contra la pared, mis sombras, por dios, como demonios en la oscuridad. La juventud es el período escencial de la vida para hablar sobre la muerte. Pienso que, justamente por la vaga idea que tengo de ella, por el grado de abstracción que le concedo y que me sirve para desmitificarla con la impunidad de las palabras, con razonamientos de una tremenda vivacidad que invitan a mi cuerpo a lanzarse sobre las aguas del delirio y la propia religión. La muerte es un juguete, es un sonajero, es un muñequito, la infancia misma; la alegría y el terror condensados en un espíritu chiquito y desentendido de las fuerzas tectónicas y misteriosas del universo. La muerte es mi perrita, y yo mantengo la memoria de ella. Porque, yo soy su memoria, sin mi, no habría algo que pueda llamarse "la memoria de ella" y sin ofender a ningún familiar o a nadie que la haya conocido. Pero ellos no escriben, sino que guardan sus penas y tristezas en las profundidades del alma y del silencio y me parece que está muy bien! Pero mi duelo es aquel al que no debo faltar. Estoy hablando de mi propio duelo? Claro que sí. Me hacés pensar en mi propia muerte: Cuántos me gustaría que presencien mi funeral? diez, veinte, treinta personas? Con una sola, que sepa guardar mi memoria en hojas (digo, al menos para él) que sepa guardarme en su corazón por el resto de su vida; y que hable sobre mi a cualquiera que vea necesario contarle alguna cosa. Y todo esto es una reflexión de tu muerte. No tenés que preocuparte que vos esa persona ya la tenés y soy yo. Aquí vuelco todas las cosas que llevo dentro de mi corazón; esta responsabilidad de documentar como si fuera el único testigo de lo que fué tu existencia. Es construir una memoria sobre el amor; el amor es memoria, o mejor dicho, la memoria es una manera de expresar esto de que el amor no implica sólo a la vida y que yo no tengo ningún derecho a olvidarme de alguien que lo único que ha hecho en vida fue (tal vez inconcientemente, tal vez no) promover amor. Los animales promueven el amor. Así como las personas que cada uno de nosotros cree que lo han hecho, y para ellas hay también memoria; la diferencia es que las personas se la tienen que ganar en la vida y me animo a decir con esto que vos Wendy, desde cachorrita ya te habías ganado tu memoria para el resto de lo que al menos va llegar a ser toda mi vida. Quiero decir que no hizo falta que tengas que transcurrirla toda para que me diera cuenta el extremado sufrimiento que me iría a causar tu perdida; la consumación de algunas de mis felicidades más complejas y la dedicación de todas estas palabritas que son tu memoria, tu presencia infinita dentro de mi alma y que hasta parecen hacer de mí un ser obsesivo y embobado en dedicarle tanta atención a una "mera mascota" (en todo caso yo seré la mera mascota atada a los relampagos del señor (?)

Por eso éstas cosas de las que hablo son complejas, aquí estoy incluído, desde mis sueños puedo empezarte a seguir; pero me detengo al levantarme y vos seguís y yo te pierdo de vista todo el día; pero cuando me estoy de nuevo por acostar, empiezo a escribirte, respondo los poemas que me llegan de la muerte (es tu manera de hacer tus cartas, cartas-poemas, ladridos estilizados hasta el paroxismo, lágrimas hechas de sonidos que están a la altura de cualquier sonata de Beethoven) Que patético es todo esto y sin embargo lo patético nos puede hacer llorar varios años más de diferencia que un discurso encantador y discreto. Me estoy por acostar decía, y empiezo a escribirte; es la previa a los sueños, la esperanza de que todas estas frases sean parte de un sueño primero. Y es terriblemente increíble que en los sueños no me asombre que aún sigas con vida, como si en esa historia vos continuaras existiendo y que hay un paralelo con todo esto que es lo que crea los sueños, la materia prima de los sueños, pero también el lugar donde las cosas caducan, se deterioran; ambigua es la realidad, y genera tantas rupturas y desacuerdos al alma. Todo parece que va a parar a los sueños, y cuando me muera, continuaré con mi vida en un sueño, como si fuera éste ya el último lugar al que vamos en horario completo. Fíjense el problema que se le genera al sueño cuando uno parece que va morir en ellos, como si el sueño respondiera con total indiferencia hacia la muerte, porque esa idea no existe en tal lugar y nos regresa a la cama diciéndonos que esas cosas son de este mundo, que no le vayamos con cosas mórbidas y extrañas. Pero cuando el sueño me regresa en el momento que te tenía encima y te acariciaba, eso sí que lo veía muy injusto porque yo sabía que se acababa mi tiempo para estar un ratito con vos. Busco respuestas a la inexistencia de algo que para nosotros tuvo tanta repercusión en nuestra propia existencia; y las respuestas creo que nunca las encontraré. La vida no es cruel, sino la propuesta que ella nos hace, porque la idea génesis, partir de la lógica de que todo se deteriora y muere es una propuesta cruel que nos da a elegir la vida. No hay más propuestas? Segunda triste reflexión: la vida no es cruel, tampoco la propuesta que propone la vida, sino que la crueldad radica en ser la única propuesta que nos propone la vida. Tercera lamentable reflexión: La vida no es cruel, tampoco la propuesta que propone la vida y tampoco que la crueldad radique en que sea ésta la única propuesta que ella nos propone, sino que la crueldad es que no podemos mas que aceptar esa única propuesta que nos propone; la aceptamos al nacer y cuando vamos creciendo vemos que algo anda mal, aquí vemos que no todo es tan claro como lo era dentro del vientre, donde uno no necesitaba conseguirse el alimento y dormía todo el día, donde no existían ni los pensamientos ni las relaciones sociales ni los intertítulos del sueño y la realidad. Me pueden decir que ese ambiente es tan o más cruel que éste que luego nos va proponer inevitable y autoritariamente la vida, es verdad. Pero entonces estaríamos en el punto culminante del pesimismo existencial. Yo sólo quiero recordarte Wendy y decir que su muerte me ha dejado muchas manchas indelebles que no hago más que dilatarlas con palabras en el cuadro de mi vida. La mancha es necesaria y digna de ser contemplada por todos los seres humanos que se vayan a detener delante de ella.

 

 

Surrolismos para mi perra

por Alejandro
lunes, 01 de junio del 2009 a las 07:23
guardado en

Surrolismos entre cielos las cartas entre nadas para competir en el final de todos los sueños donde Wendy aparece y yo como si nada va va babea y ni me asombro a pesar de que ve ve ve veo con claridad que sigue ladrando dentro de ellos otra historia propia donde su vida continua y yo como si nada me haría mal al estómago ni me asombro que sus males aca no existan y yo como si nada veo un hermano silencioso que llora en silencio y la mezcla toda en la mesa y el fragmento se evapora surrolismos entre inviernos las parcas entre todos acaloradas igual para sonreir donde nadie parece buscarle la vuelta al chiste Wendy Wendy mi perra contingencia de ecografías y poemas que alguna vez murieron de risa y hoy se levantan de la tierra del pantano llorón Wendy a buenas noches que el miedo escogió para prostituírlas en otoño y darles unos pesos livianos de hojas que alimentar y el cancer todavía famelico iluminada y lame toda una tarde de perras que el cielo las tiene en santuarios inmaculados de surrolismos y fragmentos de mis piernas toda la mesa y el fragmento ahora no se evapora y da paso a Wendy de nuevo subida encima mio no puedo dejarla que se vaya esta vez por dios por dios que lloro violentas ganas de guardarme a Wendy todos los otoños y primaveras de veras y verás que se puede me dice el cielo cuando lo tapo con mi empanada questoy alegre todavía surrolismos encima poemas de trompas a patadas y colmillos caricias me muero la lluvia ayuda a que vualvas lombriz en ayuna por una se van multiplicando y yo como si nada ni me asombro ni me libero de esta culpa que en sueños me dan lecciones y castigos y lagrimas de mas comas tomas formas fonemas poemas fantasmas inherentes a mi cuerpo de Wendy dormilona eterna en el viaje al centro de mis errores entre los cielos guardados como secretos del inconciente donde Wendy me vive se vive terrible todas las sospechas que tengo de llevarla encima todavía hasta la muerte y liberanos del mal surrolismo ateísmo y até un dios tambien de alguna manera a mi cuello para hacer de cuenta que salgo a caminar todavía con la correa puesta animal humano hermano que te quiero perra que te quiero perra que te quiero perra aa mujer que te extraño aa mujer aamen amen por dios amen.

no nos han de separar

por Alejandro
jueves, 28 de mayo del 2009 a las 17:31

no nos han de separar

Voy detrás de la palabra sublime

 

Para subirme a las parcas candentes

 

Y bostezar haciendo que grito, en silencio

 

Por última vez

 

Al fin y al cabo

 

tanto la primera como la ultima

 

la hice abrir con la idea de salir, de alguna manera,

 

y de este lugar

 

Mi boca es quien reprime siempre sus Códigos de la tierra blanda

 

                                                            Te susurro mi fiel compañero

                                                    

                                                          pero a los ojos y no al oído

 

  Para que puedas ver lo que digo

 

      Este cadáver que sigue siendo mimado por tu corazón,

 

te susurra cosas que no forman parte de este mundo conocido

 

Que es, pues, un mero susurro, al lado de mis plegarias

 

Visionarias

 

Palabras sepultadas en mi boca se levantan para recordarte

 

que nunca te olvides de mí, de mi cadáver, que sigue queriendo

 

de paseos comidas canciones siestitas y mimos

 

Fragmentos de una carta infinita para Wendy

por Alejandro
jueves, 14 de mayo del 2009 a las 04:18
guardado en

Fragmentos de una carta infinita para Wendy

 …que nacen de mi vida para postrarse en recuerdos tan reales como el presente mismo, haciendo de éste algo sumiso donde se apoyan las nostalgias y las tristezas de mi pasado. Extrañarte es poco y mucho menos un período que he de vivir, porque reconozco ahora las horas más bien como un vaho espeso, como la eterna mancha que llevaré de tu desgracia; no queda otra que seguir y seguir contandote lo que fuiste para mi, hablarte mientras quedo acurrucado dentro mi caverna espiritual, dentro de mis llanos horizontes donde se sedimentan mis angustias más influyentes y todas las huellas que iré dejando marcadas en el aire de este mundo hasta morirme y por fin descubrir ese paseo al que sola te fuiste, sin dejarme que te llevara prendida al cuello; y que por tus alas ahora ya no precisás de ninguna correa impune, y que por tus ojos que cerraron la imagen que tenías de mi y se abrieron en otra parte donde pueden mirarme mejor y todo lo que me quieran; ¡que nacen de mi vida! A cada rato, a cada segundo: los recuerdos, la presencia que tengo de vos y que está impregnada en cada célula de mi formación; mi adolescencia te la debo, te debo cada momento que hiciste que yo no sufriera de ese síntoma tan horrendo como es el de la soledad, que hiciste que yo tuviera siempre un abrazo a mano para dar, cuando no solo que no los tenía sino que no sabía lo que eran porque nunca me habían dado ninguno y los de niño que albergaban en las fotos y en mi inconciente, y eso no servía de nada porque mi presencia continuaba yéndose de mi, sabés Wendy, había días, días pretéritos, en que estabas con mi espíritu y nada más, mi cuerpo estaba solo y deforme, mirándose en los espejos de su inocencia y desdicha, mirándose qué tan feo era, y que la vida le había otorgado el don de sentir profundamente que podía irse de ella cuando quisiera. Debo decir, aunque no recuerde perfectamente cada día de estos doce años en que te tuve a mi lado, que hay algo que fue tan a priori, tan tierno y hermoso y hermoso y hermoso, y que era saber que todos aquellos años el regreso a casa era un sinónimo de tu bienvenida, de tu sonrisa fiel, eras un ser tan pero tan alejado de un acto hipócrita y de la falsedad que la razón humana se ha acostumbrado a crear histórica y culturalmente, eras un pedazo de inocencia, rebeldía, bondad, belleza, cariño, simpatía, eras la destinataria de una misión, y esa misión fue el hecho de ayudarme a crecer, ayudarme a perder los miedos de la madurez, ayudarme a querer, porque yo no sabía lo que significaba querer, desde este punto veo lógico que ahora te vayas, como fiel peregrina que eres, y que te quedaste a mi lado el tiempo necesario para que yo sepa abrirme solo al mundo, enfrentar las cosas y a partir de tu bondad infinita reconocer un acto de crueldad en seguida; amar, llorar, no dejar nunca de insistir cuando verdaderamente querés vivir, como vos hiciste hasta el ultimo minuto de tu vida, tus llantos agónicos y tus ladridos no se desvanecían nunca a pesar de que tu enfermedad se agravaba con cada segundo que pasaba, insistías, insistías, para que ahora sea yo quien te diera una mano, quien te extirpara ese tumor maligno que ya no te dejaba jugar con la pelotita de tenis, saborear tu plato de comida preferido, subirte a la cama para estar mas calentita y cómoda. Y me lo pedías a gritos, y yo a tu lado acariciándote, con mi corazón destruido en millones de fragmentos oscuros como la sangre de un hígado asqueroso. Y yo a tu lado acariciándote para que tu dolor descanse la mayor parte posible en algún lugar sin cuerpos, para que mis manos, que iba apretando cada vez mas fuerte a tu pelo brilloso y marroncito, puedan extirparte por medio de fuerzas espirituales que confiaba que mi alma poseía, todas las malditas cosas que tan mal te estaban haciendo. Y bajo la impotencia que me carcomía como una fiera hambrienta, empezaba a preparar alguna camita en el cielo, pero no para vos, sino para mi, porque era en ese momento que comenzaba a creer más en mi propia muerte que en la tuya, ¿o acaso no te fuiste literalmente con una parte de mi? ¿Acaso no quedaron en tu cuerpo las miles y miles de caricias que mis manos te regalaron con tanto amor? ¡¡Por dios!! ¡¡Que las almas existan y libres sean!! Y que tu vida no haya quedado allí apretada en esa fosa horrenda que me toco fabricarte para tu destino póstumo, y cuando te envolvieron con cal, que parecías una fantasmita indefensa con grandes ambiciones de seguir cuidándome y brindándome amor de cualquier manera; cuando veía cómo la tierra te iba tapando, y mis ojos a punto de rebalsar y mis brazos temblando de tanto haber cavado y sosteniendo ahora una pala que parecía más un elemento para construir mi culpa que la herramienta para ajustar bien el mecanismo de tus alas emergentes que ya eran semillitas cuando tu enfermedad se acomodaba en tu cuerpito. Si, tenías semillitas de alas. Quiero morir escribiéndote, haría un texto infinito para que mis penas no sean tan horrendas como veo que son a pesar de que los días van pasando, y que va amaneciendo, y saliendo el sol, y la luna, y el viento de un otoño plañidero y modesto, y la lluvia, la lluvia que temo que te moje cuando caiga sobre tu tierra, que te vaya convirtiendo en otra cosa, que vayas haciéndote naturaleza de vuelta hasta que un día ya no quieras despedirme ni siquiera con tu imagen putrefacta, hasta que un día te olvides de mi y renazcas en otra perra otro hogar otros brazos otras manos otros ojos y otro espíritu que alimentar y cuidar por años. Y todo esto es lo que siento que me destruye, por lo que lloro y lloro, pensando que cuantas más lagrimas tenga bajo mi poder, quizá pueda construir con ellas un ejercito con la única misión de ir a buscarte y regresarte a la vida. El silencio que hay ahora en casa es atroz, es mortuorio, es un silencio muy parecido al olor que salía de tu boca poco antes de que te fueras, ese olor que no era de este mundo, hasta me parecía sentir que estaba olfateando a la misma muerte, y tanto yo como vos estábamos totalmente enceguecidos de esta posesión, ninguno de los dos quería aceptar que había un jaque mate de hacia dos semanas y que tus quejidos nocturnos eran el anuncio de que algo malo iba a pasar, ya no te podías parar sola, bebías y comías poco, y ya no jugabas o me recibías como antes, cuando llegaba a casa y tu cola se empezaba a mover por arte de magia. Ahí estaba yo, sabia Wendy, construyendo tu nuevo hogar, haciendo con todos los dolores que produce la prolijidad el molde de tu cuerpo en la tierra, y planificando sobre todo que tu corazoncito, sepultado dentro de lo que pronto también lo iba a estar, albergara bajo el peso de una eternidad lo más bella y alegre que se pudiera, como lo fue ese mismo corazoncito, que tuvo la suerte de nacer dentro de vos y que supo palpitar en vida tanto ahínco y juventud. Es que, cuando uno ha estado mas de diez años acostumbrados a que el regreso al hogar connote tu figura y tu regocijo, y energías hermosas y sonrisas y colmillos que avanecen  de una previa siestita y ojitos hechos con la borra de un sueño muy profundo; cuando uno se ha acostumbrado a observarte cada día, y que tu imagen de pichona gigante, tus orejas enormes y de plastilina (hubiera sido terriblemente horrendo sustraerte esta virtud y hacértelas como a los doberman, como nos “recomendaban” ciertos veterinarios, porque eras cruza de perro de barrio con doberman) con tus patitas marrón clarito, casi amarillas (la zona del lomo la tenias bien negra) tu trompita y tu cola como el timón sin rumbo de la raza que eras. Todo ello estaba siendo ahora depositado por mi, en esa fosa, que junto a mis demás familiares empezamos a hacer en seguida, luego de tu muerte. Todo caería y mis recuerdos, por el contrario empezarían a elevarse de una manera totalmente conmovedora sobre mi espíritu, mis sensaciones de tiempo y espacio se iban haciendo corrosivas hasta el paroxismo; pilas y pilas de recuerdos, de caricias abrazos ladridos llantos combates lúdicos retos mordidas cariñosas insistencias de salidas y baños con manguera shampo y toalla; pilas y mas pilas de momentos al ladito tuyo comenzaban a superarme aplastando mi cuerpo con vehemencia (cierto desprecio de la mente sobre mi figura) Porque era todo esto lo que me iría a quedar ahora de vos, y el hecho de haber visto cómo mi pequeña amiga se iba siendo cadáver frío y exquisito (si, porque a pesar de sus doce años tenía un halo de juventud que impactaba, y exquisita como fue, dueña y señora sin hijos y delicada se tenía que ir) La fosa me parecía insondable, porque nunca mas iba a tener la posibilidad de verle sus ojitos de uva, su piel tan suave como la de los pollos; nunca mas la posibilidad de verme a los ojos y sentir cuando lo hacía que me decía: “te quiero”, y bien directo a los ojos me lo decía, porque su timidez, si es que la tenía, se medía en otras cuestiones más sutiles, como su acercamiento a otras personas que no eran de la familia, dándonos el parte psicológico de que nos quedáramos tranquilos que aquella persona era poseedora de un buen corazón y por ende podía quedarse que de su trompa no saldría ninguna queja en vano. Porque Wendy presentía, intuía, nos llevaba tanto en el alma como nosotros a ella. Era una perra expuesta constantemente al sentimiento, era una mas en la familia, no había como en otros casos en que generalmente se los tiene, cierta distancia entre las personas y el animal, y estoy seguro que si en algún momento hubiera pretendido usar los cubiertos, la mesa, con otro plato y otra silla por favor. Así y todo, ella siempre estaba ahí a la hora de comer, junto a nosotros, pidiéndonos un tanto maleducadamente que compartiéramos con ella la comida, y no estaba equivocada, porque nosotros la habíamos criado como a un igual y sus derechos eran bien creíbles y plausibles de ser llevados a la practica. Debo reconocer que este desvío argumentativo tiene esencia de nostalgia, de irme a propósito por las ramas para escapar de mis grandes tristezas que albergan en el tronco de la cuestión. Y la cuestión es que hoy te estoy escribiendo una carta de despido, me estoy despidiendo de vos, porque ya nunca más volveré a verte; tengo fotos, tengo recuerdos, tengo tu platito de agua y comida al lado de la heladera que no me animo a tocarlo, y siento que por las noches te acercas a ellos, se escucha tu lengüita contra el agua, se escuchan tus movimientos, tu respiración tus sueños inquietos, tu presencia augura en toda la casa, como si ahora nos abrazaras con un poder mayor, como si ahora fueras diez veces más grande de lo que eras, dueña y señora de mi alma, y cada vez el platito con agua está mas vacío, ¿será que con tu atuendo blanco de cal te despertás y te hacés efímeros paseos controlando que todo esté en orden, viendo si las plantitas fueron bien regadas, si algún gato a intervenido en la mugre de tus suelos y dominios de la terraza? Quiero abrazarte y ya no puedo, quiero darte el calor que necesitás pero se que tu cuerpo ya no lo precisa, tengo ganas de llevarte hasta la agronomía, como cuando me acompañabas en mi odisea de pensamientos amorosos ¿te acordás, cuando compartías mis tristezas en ese parque que te parecía enorme? un lugar para escarbarlo hasta más no poder; después te cansabas y querías un poco de agua, querías regresar y dormir por horas, soñar con tu paseo y con algún lindo perrito que conociste en el camino. ¿Te acordás, esa noche que volvimos tan mal, porque habías sido la gran culpable de que un indefenso gatito quedara sin vida?, resulta que te fuiste a su encuentro cuando se encontraba debajo de un auto (hay que reconocer que uno de tus grandes hobbies fue siempre ahuyentar gatos escondidos en diversos lugares del barrio) y justo cuando sale escapando, otro auto, como salido de un infierno inventado solo para ese preciso momento, lo golpea, dejándolo en el medio de la calle desangrándose y en estado de una desesperación similar a la posesión por parte de espíritus nocturnos, y esa noche nos volvimos tristes, porque vos también te habías dado cuenta de lo que habías hecho, y que no había sido a propósito, y después el tema que le compuse a ese misterioso gato anónimo que tuve la desgracia de ver como moría, y cantaba en la pieza, junto a vos que me mirabas desde la cama de mi hermano; pasado unos días cantaba: “ y mis ojos se dejaron llevar, mi vulnerabilidad, se retorcía en mi cuerpo, y la muerte de aquel gato llevaron a mi alma por dentro, a descubrir su verdad” Y de qué verdad hablaba sino de la misma que se me presenta ahora con tu muerte, una verdad inhóspita, increíble, que nos deja totalmente vacíos y con las manos, que teníamos llenas de esperanzas e ilusiones, listas ahora para tirar al cesto de la impotencia, de la vulnerabilidad y hasta de la locura. Quiero que sepas que no pretendo ni siento adularte como si ahora fueras el árbol, el cielo y la tierra al mismo tiempo, seguís siendo mi Wendy, esa es tu imagen y siempre así la será, y creo que si nos hemos cruzado en esta vida, tal vez es por algo y tal vez logremos algún día encontrarnos de nuevo, te extraño demasiado como para asumir que nuestros ojitos tan parecidos en el fondo no vayan a cruzarse nunca más y que ahora con la lluvia te estés mojando bajo la tierra tan húmeda y fría, no me puedo sacar esa obsesión que tengo de verte sufrir, porque lamentablemente así es como te fuiste, y no lo merecías, porque tu bondad era inmensa, hasta diría que todo lo que fuiste se puede reducir a eso, cuando se nos muere un ser humano, quizá nuestras lagrimas las compensamos un poco con algún acto de maldad que aquella persona en su vida haya ejercido, por mínima que sea; pero en vos no hay ni hubo maldad, hay amor instintivo, hay todo lo que no se justifica por nada en el mundo que deje de existir, hay todo lo que debería existir, lo único, y eso sentía cuando te enterraba, que enterraba al amor propio, enterraba mi propia felicidad, enterraba sonrisas, enterraba otro corazón con mi pulso, enterraba sin darme cuenta el hecho de que ya no había tiempo para agradecerte por todo lo bien que me habías hecho en la vida, porque si hoy alguien me dijera que soy una persona buena, agradable y simpática, parte de ello te lo debo a vos, que moldeaste mi forma de ser, que me inclinaste con tu tierna trompita el camino para que ya no vea a mis costados vergüenzas, angustias, miedos, desconfianzas, me extirpabas la soledad como te hubiera gustado que yo extirpe esa mierda de tumor, que yo te entregara mis pulmones para que pudieras respirar mucho mejor de cómo lo terminaste haciendo, pobrecita, quedaste muy mal y yo a tu lado sin poder hacer nada, y cuando estábamos en el hospital y mi papa se había ido a sellar unas recetas para que te mandaran hacer una placa, y estaba yo solo con vos, que agonizabas y te habían colocado morfina, y que te irían a agujerear con todas las inyecciones posibles, y estaba yo solo con vos, manteniéndote el respirador en tu naricita y llorabas y llorabas y a mi se me iba haciendo un nudo enorme en la garganta y miraba por la ventana, tres y media de la tarde, un sol hermoso, seguramente niños jugando en alguna plaza, mujeres a punto de ser madres,  hombres charlando en sus trabajos, pero también, personas pidiendo monedas en la calle, personas en hospitales de urgencia, o sacando turno para que los atiendan, en fin, el mundo con miles de contrastes que hacían de ese sol algo que ya para mi no iría a connotar la felicidad de tiempos de antaño, la alegría de salir a tomarlo creyendo que todos somos cómplices y compartimos una tardecita preciosa. Estaba con vos y con el nudo, mirando por aquella ventana, pensando qué iría a pasar con tu vida, sabiendo que el medico minutos antes se había manifestado muy severamente y hablaba de que lo tuyo podría ser terminal, de que había que esperar los informes de la radiografía, y fue ahí, la única vez en tu vida que pegaste un Tarascon, y la victima fue papa; pero no eras vos sino tus dolores los que llevaron a que te defiendas de esa manera cuando te quisimos pasar a una camilla fría y de metal para que te sacaran esa radio, y con qué vitalidad por dios lo mordiste, cuanta vida cristo mío había en ese animal, tu enfermedad no había hecho de vos un ser ya desmoronado anímica y mentalmente, tenías más vida que nunca, querías recuperarte, no te ibas a dejar vencer tan fácilmente, había un fuego dentro tuyo que combatía cada lagrima obscena que quería salir por tus ojitos, había el fuego del cachorro que tiene toda la vida por delante, había punk rock emergiendo a patadas de cada una de tus células. Y cuando te atamos la boca por si volvías a morder, tu sufrimiento se dilató aun más, porque no te querías ver así, no querías terminar así, habiendo sido tan cariñosa durante toda tu vida, habiendo tanto entre la piel, mi piel, y tu pelo; y sentías que tu dignidad se perdía, que ya era inevitable que te hicieras pis encima y que no podías bajar a tu lugarcito en la terraza donde hacías todas tus necesidades, necesitabas nuestra ayuda y eso también te hacia mucho daño, te sentías mal con vos misma, pobrecita Wendy, desde que he comenzado a escribir mi amor por vos, por cada palabra se duplicó, y no me queda más que firmar con mis lagrimas, y escribirlo todo de vuelta también con más lagrimas y volver a firmar y usar las sobras para cuando me vaya a bañar y para mañana y pasado y hasta que mi tristeza de alguna manera pueda ser controlable, para que mis sentimientos vuelvan a su estado normal (¿) cual será por dios el estado normal de los sentimientos. Yo solo se que hoy estoy triste porque ya no te tengo conmigo, porque solo me queda recordarte y porque siento tanto tanto tu alma dentro mío que las ganas de que te aparezcas son infinitas. Espero que estés calentita, ahora que viene el invierno conseguite un lugar calentito y acogedor en el cielo o en donde vayas a estar, vos ya sabes que en mi pieza siempre vas a tener tu lugar y vas a hacer bienvenida, simplemente porque seguís siendo la dueña de estas tierras, la hembra que nos cuidabas con todo el amor que le hubieras podido dar a tus hijos, eras sabia Wendy, porque a pesar de ser yo un ser humano y vos una perra siempre me mostraste cosas que solo jamás hubiera podido reconocerlas, me ayudaste a crecer y hoy sabés lo que hay del otro lado, siempre fuiste una especie de vidente, una ninfa en cuatro patas que sollozabas cada vez que me veías mal, una geisha de la alegría, una de las cosas más preciadas que se han ido de mi vida y me has hecho llorar por primera vez, por primera vez desde que la gente me dice que ya estoy grandecito...…”Que nacen de mi vida los recuerdos de tu ausencia, incontrolables cuando los pienso mirando desde la terraza tu cielo nublado allá junto al árbol de duraznos…

 

Chau Wendy

2/1/97 - 9/5/09

 

Alejandro Surroca

 

Sobre el blog

El blog de alesurro

Una manera de esquivar el horror;  imagenes que se han manifestado increiblemente, circulando por los resquicios de la realidad, imagenes que debieron pertenecer al dolor de un pasado que no se ha consumado sino en la eternidad rompiente, donde los fantasmas tienen el privilegio de vivir orgullosos mostrando sus heridas mortales. Una manera de esquivar el horror, las presencias inhóspitas. Escribir es algo así como taparme los ojos; es un juego para esquivar mis propios fantasmas, fantasmas de palabras; es una paradoja, porque a medida que los voy generando, voy seduciendo a mis ojos para que fuguen hacia dentro, se escondan de sus propios horrores (que no precisamente tienen que carecer de belleza).

Y así mis manos se vuelven omniscientes, porque al mismo tiempo que me cubren de ellos, los crean sin cesar, los adoran y los visten una y otra vez, como si fueran angelitos a los que hay que cuidar y hacerles infusión de tinta.

 

Todas las obras están legalizadas en Dirección Nacional del Derecho de Autor

 

Ver ficha del blog en OboLog

Login

Comentarios

Inacabados (Angeles)
asi q anduviste por el infierno y volviste para contarlo? tengo ganas de saber lo de Itati......(31 oct)
Lago de Parda (Yakely)
     Hola mi buen amigo, cómo estás? Sabes? Me gusto mucho este cuento... Tango que se me vino las ......(28 oct)
La vida de Brenda (Yakely)
Vaya Historia de Brenda... Me gusta esta parate de la historia, tiene alma y sobre todo reflexión ......(27 oct)
Inacabados (Yakely)
Hola Amigo, Cómo estás? Espero de corazón te encuentres bien... Seguro estas bien verdad?Ten una ......(27 oct)
Y a las hojas de los árboles dedico mi traición (betzaida)
que crees tu si ponemos 5 ojas de arbol en una bolsa plastica y otras 5 en unas servilletas por dos ......(04 oct)

Más comentados

Vengo a reprocharte (de parte de tu alma) (4)
Nunca de tu vida viste salir al alma dar un paseo por ahí. Ella vestía con algodón de mármol; los ...
Fragmentos de una carta infinita para Wendy (4)
 …que nacen de mi vida para postrarse en recuerdos tan reales como el presente mismo, ...
Alejan (3)
Animismo sobrecargado de impulsos secretos, en el callejón de férreos espantos que a la sombra ...
Más fragmentos encontrados (2)
...Y me dejas pensando tanto en la muerte que, a decir verdad, es mejor pensarla ahora cuando se ...
La conformación y el fracaso de un guión ficcional (2)
Caía del cielo una supuesta alegoría sobre la esperanza, y después de haberme abotonado con infame ...

Suscripción

Suscríbete al Feed RSS XML

También puedes suscribirte directamente con alguno de los siguientes enlaces:

  • Suscríbete en Bloglines
  • Suscríbete en Google