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Alejan

por Alejandro
lunes, 16 de marzo del 2009 a las 21:57
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Alejan

Animismo sobrecargado de impulsos secretos, en el callejón de férreos espantos que a la sombra infinita perjuran llevando cruces de luz y peste en sus garras.

         Caminan hacia mi descendiente y barren sus restos cuando ya lo han pulverizado con miradas que solo han visto la predicción de un acto siniestro.

         Pululación de horrendos pero espíritus. Separación de mundos por nieblas violetas y filosas y manchas en el umbral de lo real. Atisbos de pasados ocultos para el hombre y creencias en razas con almas viejas que vuelven a inmiscuirse con las de este mundo.

         Se cierra el cielo como si la oscuridad vistiera un tapado aún más oscuro que su carne.

         Las llagas de mi muerte se abren superando a su propia herida de vida. El corazón se delata solo y se dispara por última vez. Mis células de una alquimia de mercado económico y horrendo se deforman sobre algo espantoso como la tierra húmeda bajo la noche sin estrellas y vegetales odiosos y vivos.

         Se dispara por última y esta vez es mortal.

         ¡Hechiceros implicados en el desarme de mi propia ausencia! Que mi alma fuera bañada por manos de monstruos que siendo una criatura me mecían y sonreían sin labios y la ternura escondida debajo de sus tumbas. Que mi alma fuera codificada para hacerla pasar por las más terribles desgracias jamás imaginadas.

        

Alguno por ahí sabrá (amores fallidos y flores nocturnas de soliloquios podrán confirmarlo), que todas estas cosas que ando describiendo como si fuera un hereje, un gótico del siglo XIX, no son más que caricias infinitas de jardines y girasoles que salen al mundo cuando amanece la primavera.

 

 

Y recién ahora salgo

por Alejandro
jueves, 05 de marzo del 2009 a las 16:13
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Y recién ahora salgo

Caído desde adentro, a la yerba menguante que de lo alto me recita con una luz accesible a toda sensación de odisea. Le Aparecí a un parado, redondo y cinético torbellino de niebla obnubilada, que desde las profundidades surgía como sueño de fiebre, famélico de vida, un vivíboro alerta de su creación y dispuesto a caminarme encima.

         Al otro lado, un inmenso pájaro pesado insoportable en los brazos del aire, hacía giros de nómade arrepentido, imitando a los siniestros remolinos de fuego que lo seguían como si fueran sus criaturas. Mis terrores me complacían, porque no estaba eminentemente en peligro de muerte, puesto que mi corazón no funcionaba aquí a vida, sino a pila; y primo Pílades, consejero de Orestes y hermano de mi Electra, ¡Electra mía!, que lo incitaste a que tu padre se vengara de tu madre y de Egisto. Y mis razones de vivir antiguamente se mezclaban con otras ambiciones secundarias.

Tan vívido parecía, en la colmena de sueños pasados y futuros guardados en archivos de alguna memoria omnisciente, que no seguía sino a las comarcas desaparecidas en el cielo del doctor y vicario y caballero y también sacristán de todas las iglesias derruidas en mi corazón a pila.

Los cabellos que en el sueño no se agitan, y se frenan eternos como si llevaran la marca de un accidente horrendo que nunca han podido reparar; los brazos aleteando en vano con la intención de metamorfosear en alas y viento; el rostro tieso pero idílico, como si fuera un ícono moderno estampado en las paredes de cualquier ciudad del mundo terrenal; las vistosas rodillas de un cosmos que desfila para las estrellas; y el cuello de una guitarra, largo como el de la jirafa, movedizo y musical como el de un reído que escapó hace tiempo del zoológico.

El pasillo no se angosta a causa de predicciones sobre la contracción de mi alma, mientras el corazón se va quedando sin pila, se angosta por causas místicas y perdones que no fueron aceptados; por las lluvias eléctricas que lo van destrozando de a poco, hasta quedar casi como si fuera un cable que desemboca en uno de los tantos horizontes que tiene el infinito, en el repertorio de todas las angustias que cuelgan sobre mi cuerpo.

Y recién ahora salgo, por fin que salgo, luego me levanto y luego duermo y luego me acuesto, creyendo que las gentes de todas estas calles seniles y secretas me miran demasiado por todo esto que llevo puesto encima     

 

Y a las hojas de los árboles dedico mi traición

por Alejandro
lunes, 02 de marzo del 2009 a las 20:07
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Y a las hojas de los árboles dedico mi traición

La traición de los cuadros y las reinas del verano subidas al oyamel.

Cuentos que traicionan lo que el poeta ha querido vivir.

Semejantes fieles traicionaron el estupor que tuvo alguna vez un héroe embalsamado.

Traicionar a todos aquellos destinos que dicen llevar en sus mochilas el significado real de la existencia.

Me he traicionado comiendo un helado de frente al físico ornamentado, a las plásticas voces que respiran debajo del sudor.

Rencores que traicioné al dejarlos muriéndose solos y abandonados en los suburbios de mi alma.

El amor que algún día me traicionará, y cuando yo lo sepa sabré precisamente que estoy enamorado.

La capital de mi templo erigido en palmas y líneas postizas que traiciono rutinariamente con el objeto de que todo se venga abajo.

Las provincias de mi templo hace tiempo ya que son ruinas traicionadas por el dialogo de organismos que no se ponen de acuerdo

¡Cuántas arañas caben en el techo de esa casa que tuve antes de nacer!, en la panza de mis tedios y enidmas y cuadros hechos a pedido de un burgués traicionero

 

Y a las hojas de los árboles dedico mi traición. Ellas los dejan en otoño, y el que viene otras los dejarán, y así hasta que todos ellos se mueran.

A la muerte le gustan los huesos, si, como a los perros, ¡traición!

No soporto la idea de que alguien se enamore de mis huesos.

Y mis ojos, ¿dónde se llevarán los recuerdos? La leña de mis recuerdos que tanto me costó recolectar. ¡Traición! Traición de mis ojos, de mi cuerpo, que tiene pensado dejarme con el tiempo y me dice que la fogata la haga con todas estas palabras que prenden rápido si se las ponen una encima de otra, una encima de otra, una encima de otra, y así hasta traicionar lo que yo tenía pensado decirles. 

 

Inservible inocencia

por Alejandro
lunes, 02 de marzo del 2009 a las 01:29
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Inservible inocencia

Inservible inocencia que detesto de las horas con lluvia y algo más que se ve desde mi pensamiento balcón

 

Arrojado al entusiasmo rico de mil veces atribuible al cosmos arrodillado

 

Al pequeño vértice que incide en la dulzura deshuesada.

 

Amar y mar y sol y estar pasar tomar y se que Estoy bien ahora de animo y escribo al que llegue más rápido a mis huellas comparsas y estelares

 

Amigo que miro desde las sombras cremadas en la noche, y hablo de la noche con la justa razón de olvidarme por dos momentos la particularidad de que todo lo que e dicho en papel ha sido de día;

el primer momento fui pecado y el segundo pescado rabioso que después navego tanto que tengo que caer en la conclusión de que “momento realmente” dentro de la mente es un sinónimo de “eterna vivencia” y sigo que hoy estoy soy voy al disfraz de cabeza

 

Me tiro al revolver como si fuera más que un disco, más que mi propia muerte que todavía la guardo en un cajón que tengo bajo la tierra de mi cama; y la tierra que planea por un aire movedizo, como de viento holgazán que no quiere terminar de madurar; y los que no pueden despeinarse lo castigan impunemente con actos que parecen sacados de un programa de disciplina militar.

 

Voy al disfraz de cabeza, sabiendo lo inservible de mi inocencia; pero aquí me siento peor aún, porque puedo ver solamente con los ojos, y me desespero que mi cuerpo se asfixia, que mi color se vuelve oscuro bufón. Y acaricia mi cuerpo todo el pegote sin querer hacerlo, y no hay peor cosa que acariciar sin tener ganas de acariciar. La pasta y la mitra tapando todo lo sincero que pueda haber dentro mío.

¡Por dios! que no tuve que viajar para llegar hasta tu boca de gusto a libro azul; hasta tus ojos a vitral de iglesia profana; hasta tus mejillas a paisaje con llanuras de piel y pleamar empachado; hasta las siestas de todos los santos acumuladas por orden y vestigio de ser los verdaderos momentos que ellos tuvieron para soñar esta vida donde nosotros realmente estamos y conocemos y hacemos para justamente aceptar la idea de que todo esto es lo contrario a un sueño (al menos desde mi humilde e inservible inocente opinión)

 

 

 

Vengo a reprocharte (de parte de tu alma)

por Alejandro
viernes, 06 de febrero del 2009 a las 18:04
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Vengo a reprocharte (de parte de tu alma)

Nunca de tu vida viste salir al alma dar un paseo por ahí. Ella vestía con algodón de mármol; los anteojos sin aumento (que tenían intrínsecamente el privilegio de ver a la sociedad de la misma manera), buscando no sé qué cosa. Pero nunca de tu vida viste que haya salido.

            Tal vez pienses que está perdida dentro tuyo, pero eso no significa que no quiera ella dar un paseo por ahí.

Vestida con faldas y ojotas amarillas (las dos totalmente iguales porque el alma tiene los dos pies izquierdos); pulseras de artesanos hermosos y una musculosa lisa (las frases tan significativas que uno puede llegar a imprimirle a una musculosa lisa, el alma prefiere llevarlas dentro suya)

            Necesita al menos escaparse, dar un paseo por ahí. El cuerpo es un ambiente claustrofóbico, carece de oxígeno y tiene las ventanas selladas como si fueran las de un colectivo trucho, como si fueran venas tapadas por parásitos gordos que nadan por los ríos de sangre profunda.

            Prefieres, aún estando muerto, ver a los grandes nadadores parásitos salir por tus ojos, y eso que tu alma, como una hijita frente a sus padres improvisando una obra teatral hogareña, no hizo más que mostrarse y mostrarse delante tuyo y desesperada, anhelante de que la mires danzar y cantar y caminar contenta por las playas y los mares carmesíes.

Verano porteño

por Alejandro
viernes, 06 de febrero del 2009 a las 17:49
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Fotograma de "La zona" (A.Tarkovsky)

Paz con salsa entre los dientes. Se mojan los suburbios de sus muelas, toda esa zona con departamentos antiguos que no van cayendo precisamente por el reemplazo prematuro de la infancia.

            Masticar el barco con las olas del insomnio. La espuma famélica que aún le sale después de muerto.

            El paraíso masacrado por piedras que tiran desde abajo, golpeando los talones de todos los Aquiles que pasaron por este mundo. Denostando suelas de zapatos que ensucian el pasto idílico; la flor princesa.

Corazón que pasta como ganado por la extraña naturaleza de llevar otro corazón dentro su interior.

Otro golpe constante maúlla como el diablo primero, el diario que primero venden las canillitas ahogadas en su propia water vomito.

            La radio y la ventana desde la que se ven y escuchan (respectivamente) todas las alas pintadas en batista batirse hasta la vida de aquellos espectros cremados y listos para arrojar a los sueños más profundos del verano porteño.

Material plastico y agradecido

por Alejandro
martes, 03 de febrero del 2009 a las 04:13
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Material plastico y agradecido

Gracias que soy del acrílico más prestado y ladeado que una hoja de celofán vencido pueda llegar a recibir con cierta inseguridad.

Agradezco el día que me dejaron pintado allá a lo lejos, inamovible, pudiendo torcer solo un cuarto del cuello para dejarme que te viera infinito.

Allá a lo lejos; pero sólo ese instante incomodo, lleno de todo el displacer jamás imaginado, lleno de una pintura opaca y matizada sin la menor gana de un encuentro posible entre los dos.

Un cuadro tirado a las vidas del tren lunar, a las llamas que atardecieron tarde y se apagaron en ese momento en que tus parpados parecieron moverse, en que tu cuerpo tomó el relieve necesario para mirarme de frente.

Y que tu decisión haya corrompido la tela fue un acuerdo natural, no hizo falta la idea de un pintor, vos quisiste que así sucediera, mientras que ahora aguardo y espero porque ya nada puedo hacer,

por eso agradezco demasiado, cuando uno es conciente de que ya por su lado ha hecho lo necesario, lo ha intentado todo hasta el cansancio.

Es el sentimiento de impotencia vacuo que toma la fuerza de un dinosaurio interior, primitivo y devorador, azul y monstruoso, plagado de horrendos vegetales de órganos secos a su alrededor.

Caminar ahora es una cuenta pendiente y milenaria, y que solo hará de mí un ser mas difuso de lo que parecía; un viaje hasta tus verdaderas intenciones de haberme elegido por el color de mis ojos.

Allá a lo lejos, los tuyos se me parecen, ¿y no será atractivo verse obsesivamente en el otro? ¿encontrar en el sexo que no es de uno ese espejo que no muestra más que alma y profunda razón de existir?

Gracias que soy de acrílico y de regalo pude contener el aliento, esperar toda una generación de artistas para que venga alguien a dibujarte solo a unos pasos de mi terrible y estático albergue nupcial.

Alguien que te agregó a mi vida sabiendo que mi soledad venia de siglos cada vez más largos y perfectos, que mi soledad venía a ser el tema indiscutible del cuadro y que tu ahora has desentonado (con tus pechos perfumados y tu pelo de viento negro) este oscuro relato, cambiándolo a la supuesta creencia de que el amor a primera vista se da a solo pasos de distancia, aunque mi pintura genere la sensación de que las distancias son en realidad mayores e indefinidas.

Los

por Alejandro
martes, 03 de febrero del 2009 a las 04:00
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Elephant, The White Stripes

Vengo aquí, me fallezco

y todo que sea demás es también una parte del tupido azaroso.

Como nos identificamos, ahora bajo las olas y mantas.

De marcas hablo,

hablo de la piel, tan abreviada, tan infantil que olvido momentos.

Olvido qué son los recuerdos cuando no cabe más que un freno de goma y afuera de mi cuerpo se ven adivinos.

Los, aquellos los que, casualmente no supieron adivinar si aún quedaba vida alojada en esa  sombra caminando por el piso.

Venís conmigo, te vas sin decir conmigo.

Y sobrio quedan algunos locuaces.

Mariposas reposando en angustias mortales y vidas que pasan a ser moralejas que acumulan vuelos inoportunos.

Todo se ve muy claro,

hablo de marcas que doblan en tamaño sus destinos olvidados,

en recuerdos olvidados por tantas cabezas,

que a la luz y la ceguera parecen verse ideales.

Sobre el blog

El blog de alesurro

Una manera de esquivar el horror;  imagenes que se han manifestado increiblemente, circulando por los resquicios de la realidad, imagenes que debieron pertenecer al dolor de un pasado que no se ha consumado sino en la eternidad rompiente, donde los fantasmas tienen el privilegio de vivir orgullosos mostrando sus heridas mortales. Una manera de esquivar el horror, las presencias inhóspitas. Escribir es algo así como taparme los ojos; es un juego para esquivar mis propios fantasmas, fantasmas de palabras; es una paradoja, porque a medida que los voy generando, voy seduciendo a mis ojos para que fuguen hacia dentro, se escondan de sus propios horrores (que no precisamente tienen que carecer de belleza).

Y así mis manos se vuelven omniscientes, porque al mismo tiempo que me cubren de ellos, los crean sin cesar, los adoran y los visten una y otra vez, como si fueran angelitos a los que hay que cuidar y hacerles infusión de tinta.

 

Todas las obras están legalizadas en Dirección Nacional del Derecho de Autor

 

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