Nosotros somos la lluvia
Está por venir, en cualquier momento se aparece por acá, si no se le antoja alguna de sus ambiciones lo tenés echando vapor en menos de lo que un granizo canta. Nosotros somos la lluvia; ella se llama Lorena y le gusta el mar, sobre todo el que se forma con precipitaciones, es decir el que nos toca llenar a nosotros.
Por si acaso, metete abajo del techito, me dijiste que solo usabas paraguas cuando subías a la terraza del hotel. ¡Pero que extraño!, avergonzarse por llevar en la mano un paraguas, viejo ni que fuera un arma.
Todavía te pareces che; estás muy irritado, deberías dormir un poco. Te puedo prestar una cama, no hay drama. Además somos la lluvia, que mejor dormir con la lluvia de fondo.
Después está Fátima, tiene mucho dolor de cabeza y se imagina que vive para obedecer a Dios. Yo le dije que dejara de mirar el cielo. Nosotros, ¡nosotros! eso es lo único bueno que te va a caer. Y se despierta y cuenta una pesadilla pero contenta, parece que están buenas, al menos en los sueños.
Bueno pasá, hay tiempo de sobra. Hablé con el serbio que es meteorólogo y me dijo: "En realidad el tiempo no sobra, falta demasiado. La mesa de los hombres está vacía y ustedes encima la llenan hasta inundarla. No se puede estar evidenciando siempre un extremo. Un poco de piedra, un poco de ustedes, un puñado de sol, una cucharada de nube, con eso alcanza para mantener a flote el país"
Después se volvió frustrado. No tengo nada che, y si tuviera una moneda la verdad no sé que haría. Seguramente que tampoco podría dejártela, me haría mucha falta, al menos para alimentarme con un chocolate. O para cosechar bolsillos con más de un año de sequía. Por supuesto que nosotros somos la lluvia y por ende los bolsillos estarán fértiles en todo momento.
Fátima se siente sola hasta en los sueños. Primero se la ve caminando. Un amanecer hermoso, el sueño lo hace más aún. Y de repente se da cuenta de que no busca a nadie y se pregunta qué sentido tiene ver un amanecer tan bello en ocasiones como esa.
Cerró los ojos sin que nadie la ayude; pero las lágrimas salían igual, chorreaban de las paredes prácticamente humedecidas con tantos días lloviendo
Por otra parte, las plantas están contentas, pero creo que ya, a esta altura no lo soportan
Somos un grupo con virtudes particulares. Antes digo un detalle. Algunos son dulces, otros somos salados. Bandos opuestos que si bien elaboran el mismo producto, las caras se conocen y cada uno sabe con quien debe caer. Después, si volvemos a lo mismo, eso es cosa del tiempo. Te vuelvo a repetir (aunque todavía no halla aparecido en el relato) que nuestro primer enemigo es el sol, lo mismo que le ocurre al misántropo. ¡Pero es tan bondadoso! Fátima lo adora y Lorena le propuso casamiento varias veces. El sol le dijo: Primero tenés que dar a luz, yo ya estoy podrido; estoy cansado de ser el que siempre lo tenga que hacer. Es extraño no saber si en verdad uno tiene amantes escondidos detrás del horizonte, que cuando lo cierran, quedan todas al descubierto. Por suerte del lado del dormitorio.
¡Acá vino! ¡Por fin! Él es Juan, ella la rosa amarilla por recado de la naturaleza innata. Nosotros somos la lluvia, un gusto, un grupo de usurpadores que se apoderaron desde hace tiempo y del tiempo y tantas veces volvimos con espectáculos bajo el cielo, que cobramos caro; pero no me vas a negar que la ciudad sea hermosa. Entrá, no te preocupés, ella sabe bien lo que buscás y que tanto luchaste por llegar hasta acá. Sabemos, o creemos, que vos eras de izquierda. De chiquito, ya en la primaria te ponías en la fila de la pared porque sabías para quien jugabas. Ya estás grande, los partidos son más grandes pero menos personas entran; en el patio del colegio jugaban todos. Nosotros, como te dije, lavamos aquellas calles y diagonales que se dejaron llevar por la basura de los hombres, que se ven feas, aptas para bocetear una escena misteriosa. No me dijiste todavía si eras blanco, ¿te cruzaste con mi compañero en la esquina?
-No, no lo vi. Soy blanco. ¿No tenés ojos o me tomas el pelo?
-Te veo, te veo, quería saber cómo eras antes, ya sé que ahora sos bien blanco
-Era rojo como el fuego y fuego surgía de mí a patadas. Hoy mi vida ha cambiado, me siento profundamente angustiado, por eso recurro a ustedes. Estoy en la vida, si, pero no es más que una caída lenta a los tétricos acantilados de la muerte.
-Te haremos un lavado total y vas a quedar agradecido por el hecho mismo de vivir
-Que así sea.
Juan entró con la rosa amarilla, entregándose en cuerpo y alma, sobre los pétalos que la luz formaba se trabajaría para hacer real el pedido de un cliente nuevo. Ahora que recuerdo, debo mencionar que salimos los sábados a la mañana por televisión, y si se quieren acercar no deben más que llamar al número que ven en pantalla y presionar el asterisco luego de haber escuchado: Nosotros somos la lluvia, bienvenidos al reino de la conciencia limpia, estamos para ayudarlo.



