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Cuento de los hermanos imaginarios (segunda parte)

por Alejandro
sábado, 14 de junio del 2008 a las 23:27

          Anocheció temprano aquel día de los hermanitos imaginarios, fecha patria que sólo rendía homenaje a dos pequeños sujetos envueltos en las sombras y un cielo de celofán oscuro. Enchufado por éste, el velador de la luna resplandecía mientras sus ojitos se apagaban muy de a poco. Temores a la oscuridad absoluta eran conocidos allá arriba, tanto por la luna como por las mismas estrellas que también iban encendiéndose y haciéndole una gauchada a las fuerzas tectónicas de la iluminación nocturna.

         Enormes lunares de un cuerpo celeste se debatían el terreno para cultivar aún más señales y nuevas manchas de nacimiento crecían como nebulosas en forma de planos paradisíacos.

         Y los dos entraban al mismo sueño de la mano vaya saber uno de qué misterioso espectro. Alguien más podría haber tenido implicancia en la construcción de una utopía tan ingeniosa como la hermandad que los unía. Sin embargo todo estaba congelado; silencio y noche reinaban la plaza de los hermanos. Radios, alarmas y leves movimientos de las hojas ejecutados por la brisa maestra quedaban afuera de esta ceremonia novedosa y un poco gótica.

         A las tres de la mañana el hermano mayor abrió sus parpados con una suavidad muy sutil. Cuando pudo contemplar más o menos su nueva realidad (la convivencia con los sueños se había transformado en la insignia a seguir de su alma) despertó a la hermana con un grito muy extraño y frontal: Piiii! logrando que ella se levantara muy rápidamente y percibiera el estado en el que se encontraban (paraísos nocturnos sólo se ven arriba) Entonces emprendieron el camino de vuelta a casa. Caminando iban ahora, siguiendo una estela de rayo lunar, una mecha blanca de una bomba sin tiempo ni con explosión, más bien la mecha de un hogar que iba a explotar de emociones y bubuleadas cuando llegaran.

         Nunca habían pasado tanto tiempo juntos, y pensaba el hermanote cómo iban a lograr aguantarse de ahora en más. En otra vida quizá (pensaba) me toque ser un bonito animal domestico, una tortuguita, un roble o pino perdido en alguna postal plausible de ser placentera para los ojos. Pero se daba el gusto y nadie se lo iba a sacar, un gusto infinito de poder en esta vida compartir cada paso junto a ella.

         -Prometo robarte los cordones. Le dijo en una especie de susurro que se perdió en la conciencia de su hermanita.

         No caía no caía. Qué querrá decir este hermano bubulero y con pretensiones de llegar antes que yo a mi colchoncito. Claro! Me quiere usurpar la habitación, quitarme mis hermosos cordones rojos y todavía ni siquiera llegamos a la esquina.

         -Hacen juego con mi corazón herma. Hoy en día hay que tener estilo y conjugarlo con nuestro interior.

-No me quieras convencer vos (respondió su hermana frunciendo las cejas y mirándolo seriamente) haciéndote el poeta, que a decir verdad faltan demasiados pero vos lo usas para enmascararte y avivarte, apropiándote de las cosas lindas que me compra mama.

         -Mentira mentira mentira mentira! Gritaba el hermano mirando con los ojos apretados y cerrados de cara a la noche estrellada, y pegaba saltitos que implicaban el deseo de ser más chiquito que ella.

         -Quiero tus mediecitas, quiero tus remeritas y tu ponchito, porque tengo celos de tu propia ropa, está siempre pegada a vos, mientras tu querido hermanote tiene que esperar a que vuelvas o mandarte mensajitos preguntándote obsesivamente con quien estás o por donde andás metida.

         Su hermana se empezó a reír descaradamente, sabiendo que todo aquello eran farsas que la cabecita de su pobre hermanito construía "bajo el designio de un instinto fabuloso" La hermana no paraba de reírse porque sabía que su hermano la quería tanto tanto que hacía el ridículo diciendo bubuleadas.

         Eran altas horas de la noche, pero la pequeña siestita los había despabilado bastante. Los dos estaban bajo el efecto de la luna hechizante y caminaban y caminaban como marionetas cariñosas de algún creador que tenía ganas de ver un espectáculo que valiera la pena. Durante el resto del recorrido la hermanita le contó algún que otro secreto guardado que tenía. Su hermano llegó a pedirle un curso acelerado de francés al enterarse de aquella dote que su hermana poseía prodigiosamente.

         Cuando llegaron a la puerta, su hermana sintió que la salida del alba estaba a minutos de poder presenciarse. El trayecto había sido verdaderamente largo y acogedor, sin bondis a la vista, alguno que otro habían visto pero cargados de fantasmas y sombras, muy misteriosos por así decirlo, carentes de números que paraban con solo mirarlos (parecían querer llevarse a uno a pasear por otro mundo sepulcral)

         A la hermana se le había ocurrido esperar a que saliera el sol, juntar a sus padres en el cielo, juntar a toda la familia aunque sea un instante. Pero el hermano ya se había metido adentro como una rata grandota que está a la búsqueda de un maravilloso pedazo de queso parmesano.

         -Ufa herma, vení para acá! Bueno, Otro día será mama... Miró de soslayo a la luna, se mordió con las paletas el labio inferior sacudiendo la cabeza al mismo tiempo y entró resignada, hallando terrible hermanote recostado como si fuera un feto sobre su colchón, un bebe que no sólo había nacido para ocupar su lugar en el mundo (ese colchón que su hermana tanto cuidaba) sino también para saber en qué momento hablar y en cual cerrar el pico y aprovechar la ocasión para ganar el turno. Su hermanita abrumada, se limitó a darle con toda su fuerza una paliza en la nalga izquierda, y como tenía tanta hambre se fue derecho a la heladera donde descansaba una rica torta de frambuesa y alguna que otra cosa que se pudiera considerar desayuno bien bien matutino.

         Ellos no volvían de una noche de escabio, pero si alguien entraba en ese momento a la casa podría haber confundido fácilmente la situación con un estado de resaca patógeno. Su hermano haciendo ronquidos irritantes que daban la sensación táctil de una espuma asquerosa y su hermana recostada en una silla y con las piernas levantadas en una ventana, con la mirada lista para contemplar la salida del sol.

         Los primeros rayitos dieron en su frente y con sus pies, ya envueltos en pantuflas rositas con elefantes, empezó a juguetear tapando y destapando el disco del sol, haciendo efímeros eclipses que le provocaron una leve sonrisita con mucho Noni encima.

         De repente la sombra de su hermano (henchida de oscura vagancia) se estampó sobre la pared, a la derecha de su hermana.

         -Hermanote! Dijo la hermana bajito, casi como una tosesita. ¿No estabas ronroneando? Y tiró sus manos hacia atrás para que éste pueda tomárselas.

         -Si, dijo el hermano con una voz bronca que en otros tiempos había tenido cierta elegancia y jovialidad.

         -Vení, acercate a la ventana, mirá que lindo el solcito, aguantáme acá que voy a buscar más torta. Su hermana se levantó y se dirigió de vuelta a la heladera de la cocina.

         Otra vez quedaba su hermano totalmente solo, en esa pieza, con los ruidos de fondo de una hermana intentando cortar el postre sobre un plato de vidrio. Un hermano que contemplaba por fin el regreso del alba; perplejo y dormido, con los hombros cansados y los brazos caídos sin movimiento alguno. Especie de trance con la naturaleza, con el cosmos y la idea de tener finalmente una hermana a sus espaldas. Que lindo momento pensaba. Extraño momento! que había empezado el día anterior cuando se miraba al espejo y se acomodaba lo mejor que podía sus cabellos, cuando se relamía y barajaba sus deseos de conocerla. Cartas del destino humano que por fin caían sobre la mesa de la felicidad.

         Volvía la hermana con los brazos ocupados y perfumados de frambuesa.

         -Herma (empezó a decir ella) ¿no se puso a pensar si estamos acá de verdad (parecía ahora iluminada por su costado más filosófico) si no seguiremos dormidos? Siento todo un poco extraño; el brillo del solcito parece más intenso; las pantuflas más calentitas y esta torta demasiado rica cuando yo pensaba que no era tan así (y pasó la lengua por encima de su mano derecha, tan sabrosa por el perfume que traía el postre).

         -Herma (concluyó) ¿no seremos acaso la creación de algún vago escritor que canaliza sus nostalgias en una hoja, construyendo hermanos y hermanas y soles y postres de mentirita?

         Su hermanote no le respondía, seguía reposando en el aire, vaya a saber uno si había prestado atención a las fantásticas reflexiones de su hermana que ahora volvía a sentarse de nuevo en la sillita de la ventana.

         Mientras se acomodaba su pelo con un gomita miraba a su hermano fijamente y después de hacer varios intentos más por traer al hermano de vuelta al mundo continuó refiriéndose al supuesto escritor navegante de los sueños y mares de palabras (con las que hacía grandes olas de imaginación para alojar en la orilla la creación de estos dos hermanos espumosos pero dulces; glotones pero generosos; extraños pero felices a su modo).

         Finalizado este viaje de intrigas en el que su hermanota se había sumergido, habló él por fin, sin descuidar por ello el modo con que lo hizo. Porque se vio claramente como sus ilusiones por retomar al colchón de su hermana habían quedado en el olvido. Despabilándose efusivamente se acercó a los hombros de su hermana, besó cada uno de ellos y luego hizo lo mismo en su frente.       

-Hermana somos imaginarios, siempre lo supe y vos también, eso no quita que fuéramos enviados por alguien. Todos, en definitiva, son enviados por alguien, sean o no imaginarios. Necesito creer hermanita que usted está muy lejos de ser algo meramente imaginario, pero si lo fuera, aproveche y mire su corazón, como lo estaba haciendo yo hace un ratito, mientras usted hablaba pensando que yo no la oía. Estaba mirándome hermana, viendo de frente mi alma, metiendo la cabeza en ese pozo tan insondable como es el alma. Y tan parecida a la suya era! Que me dio un chucho el pensar que seamos simples palabritas perdidas en un papel o en la mente de otra persona.

         Y así fue como su hermana comprendió y respondió al abrazo que su hermano le había dado. De ahora en adelante, ¿qué cosa podría presentarse como algo más verosímil que ellos?, ni siquiera un escritor de carne y hueso echando tinta en alguna parte del tiempo y del espacio. No había nada que representara mejor un cariño tan real como el que se tenían ahí, prendidos en esa piecita por la luz de un solcito ya típico de madrugada tibia que presagia un día agradable.

         Desayunaron oficialmente una hora más tarde (bien puesto llevaban su condición de glotones) y salieron por la misma puerta que su hermano consideró varias horas antes como punto de largada para lograr el trofeo del colchón.

         Afuera, libres de toda competencia y soplamocos, se despidieron afilando sus cachetes, golpeándose despacito tres veces las cabezas. Qué difícil despegarlos! Siameses unidos a la melancolía de un saludo que se hacía eterno. Su hermana subió al Bondi finalmente y éste arrancó, echando una humareda que dejó al hermano totalmente envuelto en una nube negra.

         Y así fue como se largó él caminando, haciendo terrible contraste con la inmensidad celeste que tenía encima de su cabeza; sabiendo que de ahora en más, si se venía alguna de esas tormentas que tanto miedo le producían, no le iba a quedar otro remedio que dormir con la cara pegada a los piecitos de su hermana.

Ce le Alejan

por Alejandro
domingo, 25 de mayo del 2008 a las 21:25
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Madonna, de Edvard Munch

 Ce le alejan muertos porque uno de ellos siente demasiada pasión. Ce le alejan. También están vivos, aquellos tuvieron una misteriosa forma de conocerse.

         Y todo quedó sin cuerpos. El silencio contra la palabra que insiste y se obsesiona por llegar hasta las mismas ramas de la muerte.

         El silencio que piensa y espera del otro lado. No parece desesperado, aunque los silencios muchas veces lo sean. Y la palabra insiste, le ruega y se arrodilla ante los pies del silencio; le ruega y se vuelve a arrodillar; le ruega de nuevo y esto se vuelve rutinario.

         ¿Existirán otras formas de jurar? Aquí esta metido el amor, que expira una confluencia de sensaciones desconocidas en el universo. Aquí está inevitablemente algún miembro de la muerte inyectando un color espantoso en el alma de la palabra.

         Adentro lloran los niños como órganos envejecidos, miran hacia arriba donde está el corazón; pero este es un Dios que también esta llorando y que todavía no ha cumplido la edad necesaria para que deba llevar atuendo humano. El humano está afuera, muerto de un frío existencial, con la palabra en los ojos. Y la obsesión de cada palabra es también una obsesión por llorar y no poder hacerlo por alguna extraña enfermedad ponderada.

         Los muertos, Ce le alejan; pero ellos no están muertos y los vivos se les acercan demasiado. Y ciega es la confianza que se da en años, o al menos podría llegar a serlo, mientras que cinco días bastan a veces para intimidar demasiado.

         Váyanse todos a la eternidad y vuelvan renovados que los años cada vez parecen más cortos. Ce le alejan, lejos de todos, una tarde donde todos estaban, justamente en la eternidad, con reposera y sombrilla y el mar a sus pies, como si todos hubieran de colarlo algún día en ese intento de jarro que lleva el nombre de imaginación y se muestra como el mas apropiado para vivir de veras en la eternidad.

         Me presento con el único movimiento que de antaño decía cosas nuevas, lejos del mar, lejos de todos.

         Ce le alejan, pero éste ultimo esta solo, siente el deseo insondable de estar con ella (aunque aparezcan juntos en el título del poema)

         ¡Y cuanto amor desaprovechado como para cubrir planetas y babear estrellas de tamaño natural! Cuanto amor que tiene para darle y son estas cosas las que producen formas nuevas de concebir a la muerte, ángulos inesperados que surgen ahora con bastante sentido. La terrible ceguera de un alma hecha solamente de manos. Manos creadas con la sola condición de buscar, durante toda la vida una gemela.

         La perturbación inmensa y racional de los sentidos. El sufrimiento forma parte de sus planes, o quizá, inconcientemente, su plan sea sufrir y ya no hablemos por favor de palabras ni de silencios. 

Violeta violenta

por Alejandro
viernes, 23 de mayo del 2008 a las 05:47
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Violeta violenta

"Pintar esta ausencia con lagrimas violentas, pintar esta presencia con lagrimas violetas"

 

El violeta no es un color, es una forma violenta de expresar las cosas. Es un golpe a la imaginación,

un insulto al odio, una oración cincelada, musculosa y tonificada.

Me veo reflejado en una laguna que construí con lágrimas violetas. A la que luego le puse un puente

(para gravitar sobre mi desecho); a la que luego le di peces y algas ociosas que vivían en el templo

ya inundado de mi alma.

Violenta mi forma de callar, violenta mi forma de mirar a los espejos que me muestran sus bolsillos

vacíos, cuando saben que me deben de hace tiempo varios tiempos y rostros de juventud.

Violenta es mi forma de abrir la ventana y lanzarme de espaldas a mi cama. Rebotar tres veces porque

tiene siglos de resortes, porque tiene siglos de paz y descanso perpetuo.

Me he buscado y me busco siempre que la luna (ahumada por una niebla de ceniza violeta) se sienta

encima de mis hombros para tejerse otro mantel estrellado.

Nunca me he buscado en el entorno de colores estoicos y superficiales, en el entorno que prefiere

eludir la pasión y el cruel pero real acuerdo de los sentidos expuestos al dolor espiritual.

Y tal vez me llegue a buscar cuando prenda mi velador y se ilumine mi cuarto de violeta.

Tal vez me siente sobre mi almohada y me ensucie los ojos de lágrimas, sabiendo que los sueños, aunque

insistan en ser violentos y tensos, se terminan siempre desvaneciendo, frunciéndose como cabellos que

anhelan volver a dormirse sobre mis hombros.

Lloro porque no pude continuar abrazándote al violeta; deseo perdido en lo inmenso y onírico de cada

noche, y que equivalía a la única posibilidad de poder tocar ese cuerpo tuyo y bello hasta la medula

de tu propia sombra. Esa silueta fantasmal que ahora recorre mi cuarto pintando de violeta esta

ausencia, esta presencia misteriosa y desconocida.

La huella hostil de mi alma

por Alejandro
domingo, 27 de abril del 2008 a las 04:13
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Dejé jocoso, la huella hostil de mi alma
y su forma quedó estampada en el lodo de tu pantano;
¿Pero notaste aquel gramaje lapidario
bendecido con el agua oscura de la santa lluvia?

Tu camino prosiguió erguido hasta el cutis ornamental de un cadáver oculto.
Hasta el cielo apático hundido en su falta de luz milagrosa

Su pieza negra, clandestina,
Ve nacer mazos de rosas y plantas color tabaco
que impiden la mano del sol y el puño de un ángel
Lamentos se ciernen y me consideran ajeno a la posibilidad y espiarte

El juego impío se manifiesta más allá del río de vidrio
Vacío de alcohol y olor a botellas podridas de dar reflejo como garantía

Tu espectro de laurel quiso entrar en el plato putrefacto que sabe a muerte,
condimentar el escarceo de mar satánico donde el alma divagante suele meterse

Bañarse en la huella hostil de mi alma no es un crimen de causa perpetua;
pero su estadía termal se halla cerca de tu delito
Y se conecta con la raíz diabólica del antro manantial

El agua oscura de la santa lluvia permite liberarte de tu camino inconexo
Lleno de pieza negra y cadáveres desenfrenados
Camino sucio de tierra hirsuta que no deja desprender tu espectro de laurel

Dejé jocoso, la huella hostil de mi alma
pero elegiste el sabor a suerte del plato putrefacto
Aunque bendiga el vasto peregrinar,
Y ornamente tu sendero maltrecho

Diozpas

por Alejandro
viernes, 04 de abril del 2008 a las 06:05
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Mistery Train, Jim Jarmusch

En algo coincidíamos, no todo era siempre un prólogo barato de cómo poner la mesa de las contradicciones justo a la hora en que se hace la digestión, como si fuera un entretenimiento que sólo hace hincapié en el cuerpo. Una vida cargada con plomo y aventura de sociólogo; omnisciencia sobre la pantalla; animales olfateando la vía láctea, instinto neutro convalecido y fortuna de más; más que nada, una fortuna en la manera de combinar sonrisas, en estar de acuerdo con lo tuyo y vos con lo mío.

        Coincidíamos primero en los inoportunos planos subjetivos; la hipocresía que la película nos transmitía era extremadamente insoportable. Y esa simbología barata de atar el cuello del mundo con la pobreza mental del hombre hasta degollarlo. El mundo cae y se va de la vía láctea mientras vemos un gatito con el hocico encima de un charco blanco. Después nos fuimos y charlamos, mientras nos íbamos charlábamos y también cuando ya no nos íbamos, cuando nos sentábamos en torno a una plaza media feúcha con algunas hamacas que me hacían recordar la infancia y la infancia que me hacía recordar el tiempo y el tiempo que me hacía recordar el espacio. Tanto espacio y tan poco tiempo que pasó y que hay en este momento. Todo parecía asociarse y culminar de vuelta en el dialogo. Mis pensamientos subrayaban el aspecto peyorativo de la vida y mi dialogo hacía de mí, por el contrario, una imagen más optimista, como si me subiera a un subibajas con otro yo y entre los dos lo mantuviéramos derecho en el aire.

        -Hay algo que no comprendo Lorena, uno ve todo esto; el frío, la vida, la noche, la plaza (bueno esto no se ve tanto) pero siempre con cierto grado de egoísmo que termina limitando su verdadero significado, y así entramos a sentir soledad, desprecio por algo que no se si debería provocarnos eso. Fijáte, la plaza se construyó seguramente de día como espacio diferente, natural, para que los chicos se diviertan y de noche uno la ve tan triste; además con el invierno; por Dios, como cambian las cosas y los efectos corroídos que se producen en mi interior.

        -Ahora sí que no te entiendo, vos que siempre comprendés todo...

        -Yo no comprendo nada, que decís; pero me doy cuenta de esto, que no comprendo nada, cuando estoy con vos Lorena. Ahí noto una diferencia casi metafísica, un emblema degradado en forma de alma; que se puede ser feliz siendo conciente de todo esto

        -¿De qué? Un espacio feo y frío es siempre un espacio feo y frío, por más que lo deduzcas con alguien que te gusta

        -Si, me gustás

        -A mi me gusta más el cine, estás más abrigada, tenés un lugar lindo para sentarte como si estuvieras en casa, y encima te alejás un poco de ver lo mismo. Siempre estás, o que ves lo que pensás o que ves esta realidad de mierda.

        -Pero Lorena, acabamos de salir rajando; mierda, que en ves de ver eso prefiero la realidad

        -Si si, pero igual. Junta todo el cine que viste y comparálo con toda la realidad que viste, apilálos por sensación, que me decís

        -Yo no recuerdo todo eso, te estoy hablando de esto, del presente. Una película termina y ya se transforma en recuerdo; lo que vi ayer también, las sensaciones se confunden, están todas adentro de mi cabeza, encima la mayoría de las veces me juegan en contra, no tiene sentido, yo te digo que la compañía, estar con alguien en este momento, sirve para que mañana halla acumulado otra alegría y así borrar pensamientos confusos

        -Me quedo con el cine y con vos también tarado, yo te traducía lo que me dice mi corazón al oído

        -Y yo lo que mi corazón me esconde

        -Yo te contaba siempre todo lo que me decía mi tía María José, te acordás

        -Si, al pedo, eran todas cosas vacías

        -Re contra vacías, pero el hecho de hablar, nosotros siempre hablamos y en los silencios estamos pensando algo que lo hacemos saber al rato

        -No es verdad, hay cosas que nunca te dije Lorena

        -Es difícil de creerte, a vos no te hace falta engañarme, no te conviene, vos necesitás decírmelo, sacarlo de tu mente para que le des paso como bien decís a la felicidad

        -Si, pero hay cosas que no, es alegría pura e individual, no se puede compartir

        -Bueno si, la familia, la siesta, algo que suena muy cursi contarlo

        -No Lorena, a veces siento que la salsa sobre un bello semblante es más interesante, una máscara que denota mejor los rasgos de la pasión verdadera

        -¿Qué? por eso te digo, el cine y los actores, además me lo estás diciendo o sea, me lo estás contando y decías que lo ocultabas 

        -En forma de metáfora Lorena, para que puedas comprender otra cosa, no es lo vos decís y dejálo así, ya está

        -Creí que siempre podíamos confiarnos todo

        -Yo también, pero ¿no te das cuenta que nunca coincidimos en nada Lorena?

        -Sí, me doy cuenta, eso es lo que nos mantiene unidos

        -Unidos y desunidos

        -El complemento perfecto, como ese símbolo chino

        -Somos almas incompatibles Lorena

        -Sin embargo estamos acá, ¿acaso no compartimos la misma noche? Mirá como nos cubre, parecemos hijos de una misma sombra enorme; además estamos abrazados, los cuerpos se quieren Daniel y yo te quiero todo contradictorio. Que pareces y no pareces, yo se que vos a mi no me escondiste nada nunca. La salsa y todo eso no es más que una comida que preparaste con sensaciones, poemas, ilusiones por ahí

        -Compartimos el abrazo, ¿eso es demasiado?

        -¿Te parece poco? la vida no es más que un abrazo, se busca eso, después vienen los motivos

        -El abrazo, en este momento, es la única prueba empírica que tengo de que sea de noche

        -Claro Daniel

        -Es un dato que me cae del tobogán introspectivo, o el de la plaza que se yo

        -Claro Daniel

        -Es un abrazo que lo siento en el alma, Lorena tenés razón

        -Por supuesto Daniel

        -Y ahora, ¿que hacemos?

        -Hablamos, como siempre

        -Yo nunca te oculté nada

        -Yo si Daniel

        -Entonces contámelo

        -No puedo Daniel, son cosas que las cuento a través de mi cuerpo; la oscuridad profunda de la noche me hace ver mejor las cosas

        -Te veo tan hermosa Lorena, por mas que me ocultes tu cuerpo veo la belleza emanar de tu voz, tu voz es tu cuerpo, nunca me ocultaste nada, además el abrazo, no te olvides que con esto me lo contás

        -Nos contradecimos Daniel, por eso estamos juntos. Seremos un caso particular

        -Muy particular, estamos entre la vida y el cine, solo tu vos ilumina en este momento todo lo que puedo llegar a ver, no comprendo, no recuerdo como era tu sonrisa ¿acaso importa eso? Te quiero sin forma, con el abrazo y una vos y nada más

        -Salgamos Daniel

        -Salgamos Lorena

        Se levantaron y se fueron casi arrastrándose por la fuerza de los brazos

        Caminaron hasta el alba charlando sobre cine francés, amigos y problemas con el destino; las frases, otra noche, el chocolate de menta y las fantasías humanas. Se dieron cuenta y de golpe que lo que a ellos les pasaba tenía todos los matices de una historia, o más bien las sobras de una historia que estaban en la cabeza de algún guionista interesante, aunque Lorena siempre se negaba a creer lo que decía Daniel: Una historia en la cabeza de su tía María José 

Ecos

por Alejandro
viernes, 04 de abril del 2008 a las 05:44
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Ecos

No hay sistema más corrosivo que envíe mi vos

como boomerang recibo mi dolor y desgracia.

Roban gritos dormidos al aire de la somnífera voluntad

Debajo, el sarcófago del silencio, la bóveda de mis sentidos

Un eco se aloja viejo cerca de mi vago espíritu

Y está permitido despertar en el reverberar de los sueños

El eco es un horario puntal que llega eterno y guiado

se reposa de campana sobre la punta sorda de mi pirámide.

Desesperada, apunta directa al cielo (irán destinos)

y en su búsqueda objetiva de ira conjuga un empeño fabuloso

Ecos acosados por paredes elásticas. Jamás regresarán sin motivo

Ecos enamorados por la voz del engaño y la mentira

Afánese usted mi eco, que tanto influye en la piedad de mi vida

Aflíjase que mi suerte es el colmo de la muerte

cuando ella convive y sobrevive en mí

Ecos vuelven a mi pasado, donde ya no estoy si seré

aunque mi futuro se halla prevenido del SI GLO (sistema de intercomunicación globalizado)

Ecos que rebotan en la orquesta de mi paladar

bañan mis ojos de piedra premiada, retuercen montañas

 y me dejan atadas en la cima dos hermanas pestañas. Guío un eco corto de vista

Ecos que pecan en venir

peor aquellos que son sedentarios. Muertos viven de la soledad y la mañana

Ecos procrean mundos paralelos

y mi voz de tono excitado

retrocediendo a la gloria fértil de alzarse sobre tierra celeste con otra frecuencia

Ecos que dan por mi la antorcha

y la libertad se agita en más de un instante

Ecos de hielo caen hacia buenos y abismos aires

probando el timbre en el fuego porque la casa sonaba de frío

Llevo en mi mano una bolsa de ecos, mis recuerdos no se quieren perder

Los gritos llegaron temprano a la cima de tu corazón

Y hoy reposan en la eternidad del amor aturdido

Taimados los ecos

que el silencio nos suele dejar

Cuando en la guerra se advierte su ausencia

Y retumba su hospedaje en el rango de paz   

El vagón de mi conciencia

por Alejandro
viernes, 04 de abril del 2008 a las 05:37
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El vagón de mi conciencia

 

En una sola dimensión

No podía ver todas aquellas cosas

Se moría mi ilusión

Mi solemnidad tan poco peligrosa

 

Yo quería hacer el bien

Yo quería ser un rey que traiga amor

Y el dolor del corazón es peor que no haya un Dios

Más si las rosas hoy se ven tan mentirosas

 

Escondía mi bondad

En un tan raro placard hecho de prosas

Y ese viejo paredón

Dividía mi lugar de confesión

 

El vuelo del moscardón

Parodiaba mi canción tan prejuiciosa

Me besaba los cien pies

Cuando Kafka hablaba de transformación

 

El vagón de mi conciencia se va se va

No me espera si me piensa se va se va

 

Era éste un terrible mes

Para recordar todas aquellas cosas

Yo viajaba en ese tren

En la sombra de una cálida pasión

 

El vagón pisa mi cien

Si me pongo a resolver las paradojas

Si la vida es el andén

Seguiría hasta una cómoda estación

 

Si tu alma va a robar

Las dos vías que llevaban la carroza

Si tu amor es un crayón

Pintaría con aquel mi corazón

 

En tu gran caparazón

No podía esconderte ni una rosa

No podré salir de acá

No podré tener ninguna profesión

 

El vagón de mi conciencia se va se va

No me espera si me piensa se va se va

Una vorágine de odio

Levantó la frialdad de mi cabeza

Es tu aroma que va al podio

Cuando suelo frecuentar un callejón

 

Cuando todo va a brillar

Y el vagón llegue por fin algún lugar

 

Me preguntaron si sabía

Cuantas vidas tiene una mariposa

Respondí que sólo un día

Les bastaba para hallar su libertad

 

Mientras los seres humanos

Se la pasan con cosas maravillosas

Ni una vida les alcanza

Para amar y ver que es la felicidad

 

El vagón de mi conciencia se va se va

No me espera si me piensa se va se va

Es la flor

por Alejandro
viernes, 04 de abril del 2008 a las 05:29
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Es la flor

El desinterés actualizado que se descarta a solo pasos de la adoración más pura. Es inevitable su magia divina. Es cierto que hubo años en los que nadie se dio por aludido pero esta vez a lo que voy, o lo que llego a decir en el hacer el ayer; se descarta haciendo el papel del anochecer sobre una escena compacta.

         El personaje falta a la cita que en realidad es un destino por hoy. Porque mañana se pone cualquier otra cosa en los ojos para no mirar lo que pueda llegar a ponerse delante suyo.

         Más tarde sale anonadado, olvidando también a la mujer nieve y a la niña que ya no es tan niña; y eso te das cuenta (que no es tan niña) porque le ofrecen el papel de la flor. Además ésta niña es muy desatenta, sobre todo cuando experimenta la realidad misma que tan efímera le parece debido a que ahí crece y no le queda ninguna opción para ser artificial, el agua la va dejando grande; pero cuando actúa se hace la grande y eso le fascina. Ahora que se va el personaje, ella se deprime y se seca hasta en los ensayos. Sin embargo sigue creciendo porque deja pasar las lágrimas ante los horarios que duran incluyendo la función. Desatenta la termina y se va sin pasar por el vestuario. La noche está fría aunque es nada más que por el momento porque el día pronto va a llegar. Para ella será lo mismo.

         La flor, alegoría según donde crezca y alabanza obedece predicando una pronta cicatriz que se le abrirá en el pétalo de su cuerpo que sigue siendo parte todavía de su cuerpo hasta llegar a su casa y la madre le saque la flor para lavarla y tenderla en la mañana que también tiene función. Y si el personaje sigue faltando no la seques le dice, quiero ser una flor triste y mojada, desarrollar la obra en cinco posiciones nuevas donde me voy de pique al suelo y me entierro y si llaman que viene el personaje ya será tarde. Nos veremos en la raíz, y si el desinterés persiste, la inmortalidad pensaré que se hizo para vivir de más. Me quedo plantada y viendo que la nieve pasa de izquierda a derecha y nadie la ve aunque igual le pagan, igual, igual, igual se va contenta a su casa donde la recibe el marido con un abrazo que los deja bastante fríos puesto que dura unos cuantos minutos pero que sin embargo en el fondo, en el núcleo del abrazo se genera un grado de felicidad que ocupa una parte mayor y la víspera de cuando ellos ya no tengan existencia. La felicidad entonces quedará sola, esperando para hacerles compañía a personas nuevas y propietarias de esa humilde casita.

         Es la flor la última en enterarse que está volviendo el personaje, tarde pero viene, la obra todavía no lo precisa y es la flor una protagonista primordial hasta que regrese, ¡flor de responsabilidad!; ya regresa, ya regresa le gritan, y ella plantada parece importarle poco hasta que se riega en lágrimas hirsutas y el hombre con el secador de piso (que es el personaje) que no viene que no aparece para limpiar esa carita de nena con piel de muñeca nueva. Y la magia divina se estanca en adoraciones impuras que le dan la espalda al rayo más creíble del sol. Pero se da cuenta la flor que ahora también le gusta el anochecer; lo ve apuesto o le ve algo que antes no se lo encontraba. Quizá fue el acercamiento porque suele acercase a menudo a las mujeres cuando no tiene nada que hacer. Aparece en un acto y nada más y se sienta libre, es cierto que cobra menos pero más aún que conquista corazones por doquier.

         El anochecer se fue acercando al caer el sol y ella lo vio diferente, un galán que estaba por desaparecer y se lo dijo; el anochecer le secó con su pañuelo blanco de luna todas esas lágrimas que impedían verle sus ojos brillosos. Le dijo que era necesario que se quedara con ellos, con los ojos, porque ya no tenía ninguna estrella, todas habían huido, fuera por diversión, distinción o divorcio y cuando la flor oía todas esas cosas el personaje se acercaba cada vez más al proscenio pero se alejaba con estrépito de los póstumos recuerdos que alojaba ella bajo la piel del estigma.

         Cuando lo vio, él no la vio porque seguía vendado, anonadado, olvidando sus amoríos y la gente que pasaba por sus sueños. Pero al anochecer lo vio y lo vio justo. Y recordó en ese instante que no la podía olvidar, que por más que se dejara los ojos vendados, ella estaba en la escena haciendo un papel ridículo (¡flor de mujer!) y cuando se miraba él mismo se daba cuenta, ¿quien no hacía un papel de ridículo?, ¿quien adivinaba el secreto para llegar a aquella luz de la que le gustaba hablar a Platón? Después abrió el oído para escuchar que la ficción se había encamado con la realidad y él tenía que decir su parte en la obra; la mujer nieve abrió el diálogo pero lo suyo no era diálogo sino el designio de un final morboso que acusaba a toda la sala de un asesinato calculado para que después pudieran irse a sus casas dejando el aplauso dichoso en la conciencia de los actores; para los maquilladores, para los de atrás y los que escribían lo mejor que podían, responsables en dejar satisfechos a todos aquellos que iban a reflexionar y recibir una recompensa por lo que no lograban hacer en sus vidas.

         El personaje gritó: ¡Es la flor! cuando todos atónitos esperaban saber quien había sido responsable de tan terrible juego de desengaños y sospechas elocuentes.

          ¡Es la flor! volvió a decir inoportunamente, porque el telón inteligente ya había bajado dejando las discusiones para otra función, otra obra donde se tenga por objeto intensificar las infidelidades entre los hombres y las mujeres.

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El blog de alesurro

Una manera de esquivar el horror;  imagenes que se han manifestado increiblemente, circulando por los resquicios de la realidad, imagenes que debieron pertenecer al dolor de un pasado que no se ha consumado sino en la eternidad rompiente, donde los fantasmas tienen el privilegio de vivir orgullosos mostrando sus heridas mortales. Una manera de esquivar el horror, las presencias inhóspitas. Escribir es algo así como taparme los ojos; es un juego para esquivar mis propios fantasmas, fantasmas de palabras; es una paradoja, porque a medida que los voy generando, voy seduciendo a mis ojos para que fuguen hacia dentro, se escondan de sus propios horrores (que no precisamente tienen que carecer de belleza).

Y así mis manos se vuelven omniscientes, porque al mismo tiempo que me cubren de ellos, los crean sin cesar, los adoran y los visten una y otra vez, como si fueran angelitos a los que hay que cuidar y hacerles infusión de tinta.

 

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