Poeta azul
Escribía, el poeta azul,
Recostado sobre la nube de nieve,
En la nebulosa de la muerte inusual,
las memorias ancianas de su vida
Rememorando su estar en el suelo,
Su ventana de ámbar que daba al cielo
Sus memorias fluían,
como cuerpo omnipresente
Hizo monumento al ángel de su madre,
quien derramó la fuerza de la metáfora cándida de su alma
y la puso en su ironía,
en su objeto de gracia,
en su prenda de alma candente.
El poeta azul es ahora una palabra,
una nube escrita en la hoja del cielo,
una estrella en el pizarrón de la noche
Lo que tanto en vida quiso manifestar
Dios le concede su forma,
su flexible pero poderosa prosa
Y su gloriosa libertad ponderada
"Mis memorias, escribía el poeta azul,
serán llevadas a las manos irregulares de mi madre, que aún vive,
aunque siga siendo para mi un ángel guardian y el mañana siempre"
Serán llevadas al niño que perdido está sin su padre.
A la mujer que dejó aquella tarde oscura de nubes que hacían de ascensor
Y la elevación, inicua del destino pero no para el placer de los dioses,
era de hecho un monumento a la realidad, a la máscara con maquillaje vencido
El poeta azul escribe la última oración de sus memorias
pero aún no termina su día, jamás ha terminado
falta que escriba un árbol, un sol, el azul de su cuerpo
y el atuendo de los dioses
Falta que escriba el horizonte de nuevo, la novedad
Y el día blanco y azul llegará pronto, consumiéndose al instante más devoto que el señor le presta para navegar.
No es necesidad sentirse vacío, termina diciendo el Poeta azul, con baldazos de piedra que reemplazan lo que el mar indigesta y su posible éxtasis con plumas de luna



