Y recién ahora salgo
Caído desde adentro, a la yerba menguante que de lo alto me recita con una luz accesible a toda sensación de odisea. Le Aparecí a un parado, redondo y cinético torbellino de niebla obnubilada, que desde las profundidades surgía como sueño de fiebre, famélico de vida, un vivíboro alerta de su creación y dispuesto a caminarme encima.
Al otro lado, un inmenso pájaro pesado insoportable en los brazos del aire, hacía giros de nómade arrepentido, imitando a los siniestros remolinos de fuego que lo seguían como si fueran sus criaturas. Mis terrores me complacían, porque no estaba eminentemente en peligro de muerte, puesto que mi corazón no funcionaba aquí a vida, sino a pila; y primo Pílades, consejero de Orestes y hermano de mi Electra, ¡Electra mía!, que lo incitaste a que tu padre se vengara de tu madre y de Egisto. Y mis razones de vivir antiguamente se mezclaban con otras ambiciones secundarias.
Tan vívido parecía, en la colmena de sueños pasados y futuros guardados en archivos de alguna memoria omnisciente, que no seguía sino a las comarcas desaparecidas en el cielo del doctor y vicario y caballero y también sacristán de todas las iglesias derruidas en mi corazón a pila.
Los cabellos que en el sueño no se agitan, y se frenan eternos como si llevaran la marca de un accidente horrendo que nunca han podido reparar; los brazos aleteando en vano con la intención de metamorfosear en alas y viento; el rostro tieso pero idílico, como si fuera un ícono moderno estampado en las paredes de cualquier ciudad del mundo terrenal; las vistosas rodillas de un cosmos que desfila para las estrellas; y el cuello de una guitarra, largo como el de la jirafa, movedizo y musical como el de un reído que escapó hace tiempo del zoológico.
El pasillo no se angosta a causa de predicciones sobre la contracción de mi alma, mientras el corazón se va quedando sin pila, se angosta por causas místicas y perdones que no fueron aceptados; por las lluvias eléctricas que lo van destrozando de a poco, hasta quedar casi como si fuera un cable que desemboca en uno de los tantos horizontes que tiene el infinito, en el repertorio de todas las angustias que cuelgan sobre mi cuerpo.
Y recién ahora salgo, por fin que salgo, luego me levanto y luego duermo y luego me acuesto, creyendo que las gentes de todas estas calles seniles y secretas me miran demasiado por todo esto que llevo puesto encima




Comentarios sobre Y recién ahora salgo
muy bueno tu blog es excellente para cualquiera que lo lea