Sepultado
Me quiero comprar una cruz, ya tengo la V de Victoria y una colección de recuerdos: tierras con las que el pasado me sepultó.
Aquí veo la paz; está muy oscuro como para sentirla y ya no me concede gritos para tirar al aire libre.
Me enteré que ahora, las cruces, vienen con lamparitas hacia adentro. Antes las vendían sin luz; ¿y si uno le teme a la oscuridad? ¿Cómo van a olvidar que las flores no sustituyen al día, que de noche se parecen o son iguales?
Es un poema bastante oscuro, lo sé; pero yo había encargado una cruz para vivir en el núcleo del sol; y sin embargo aquí estoy, viviendo sin luz, sin agua, con la paz que ya no la imagino.
Hay dos sonidos que me mantienen con ganas de seguir acostado: el de las llaves y la vos de las propias manos al escribir; y ya compuse algo más alegre de lo que se pueda pensar, están todas en clave de sol y enchinchadas en el alma, yo prefiero una cruz artificial antes que el negro natural de la sepultura. Es muy simple; salgo, vendo las sobras con las que mi corazón se abastece, y regreso sin envidia y sobre todo, con la cruz que más me conviene.
Me muero por vivir otra vez, y recordar que los recuerdos me sepultarán algún día.


