La sombra que vendió al hombre
Una humillación escribir con esto; mucha falsedad sobre la depresión que sienten los jóvenes cuando se ven adornados bajo el signo de la época. El siglo de barro que dibuja la intriga frente a un lápiz con moño y campanita.
¿La realidad entendida como resumen? ¿El espacio y tiempo y las categorías para entender? ¿Aquello que es humano y social, real y que no se eleva a concepto científico natural se desinfla en un punto sin mundo? Es probable que además me cause humillación copiar esto pero la modernidad parece generosa y las casas embrujadas pasan a ser hombres embrujados que se encuentran con ellos mismos y se asustan más en el día que en la soporífera lactancia de la noche.
Esa tarde, maravillosa para nadar, lo vendió haciendo justicia por mano propia. Se supo que poco fue lo que recibió; apenas le alcanzó para arreglar su piso. Había voces humanas que aún seguían estropeando la pared y optó por trasladarse unos días a todas para limpiarlas con un "quita voces".
En su cabeza bastó el ancho de la pintura y se arremangó y se colocó unos guantes de plástico blanco, lo cual causaba una increíble alucinación para los posibles espectadores que probasen una droga.
Este inconveniente que finalizó en una pelea y en la absurda puesta en escena, confirmó lo que supusieron algunos profetas repetidos y conspirados en describir la verdad sin detalles aparte de la distorsión que pueda llegar a oscurecer una sombra bajo la lupa de aquella "posible ilusión que nadie piensa".
Pero, qué es lo que había hecho el hombre para merecer una cosa como ésta. Las aventuras llegaban a concretarse si el alma juraba no separarse jamás de sus principios. Y el orgullo, que irónicamente lo guardaba su sombra en el bolsillo izquierdo (pues este era más grande que los dos juntos del pantalón que llevaba el mortal). Y si el sol se presentaba dilatado y poderoso, los de la sombra tendían a ser infinitos y albergar cuantas cosas entrasen en la conciencia humana.
Estuvo dos años buscando otra persona para compartir las oscuras formas con las cuales se aburría porque carecían de pasión. Hasta existía la idea de que extrañara la cobardía o la propia maldad de parada, que miraba al horizonte con ganas de asesinarlo.
Elementos de violencia quedaron en el aire y el vocero y juez que dictaminó la devolución del hombre a la sombra, se los guardó para otra ocasión (excusas), las regaló a otra pareja con intenciones de separarse.
En un aviso publicitario se presentaba la novedad con una frase que decía: "Si el mundo estuviera separado en hombres y sombras y los ladrones se pudieran desatar de sus sombras (o las sombras se pudieran desatar de sus ladrones) como si fueran sus esposas, se duplicarían los robos..." después seguía con otra cosa y terminaba:
"Recupere ya su sombra y no deje que lo deje"
La causa de la venta había tenido sus porqués bien marcados y presentados a esta hoja como una joya enterrada en el renglón.
Era una sombra celosa, coqueta, pero que nunca había recibido un abrazo ni siquiera en los sueños proyectados sobre el techo. Mientras el hombre dormía, ella estaba despierta, acostumbrada a la decepción y la espera que siempre devenía en más espera porque cuando el hombre regresaba de su ensoñación, debía ésta aguardar una variedad de minutos detenidos en la misma celda de su cabeza. Dos horas con los ojos abiertos contemplando la proyección de los sueños que había dejado la sombra para embellecerlos.
El final se iba acercando muy de a poco a la sombra. Si el hombre se movía, ella lo seguía y el final se alargaba, usurpando otra vez el camino.
Sentado estaba él en una silla, dubitativo, pero escuchando la radio a todo volumen mientras el agua hervía. Al apagar la ornalla detectó que sobre sus pies evanescía una especie de mensaje recortado de su sombra, como cierta prolongación que lo ayudaba a conformarse con haber recibido de vuelta su propia sombra.
El hombre arrimó la pava a la mesa y mientras intentaba leer sobre el piso cada palabra tensada a los brazos de la sombra, que ya no parecía una sombra sino una malformación oscura y caprichosa, dejó caer el deseo inverso sobre la hoja de papel que más cerca tenía a su alcance: "Dios creó al hombre, pero el hombre no lo debería haber creado; las sombras crearon a Dios aunque estén más abajo en la escala evolutiva"
Otra vez una pelea, otra vez el orgullo y el ego amurallando las distancias que dividían al sujeto de su prolongación oscura. Y atentos a lo que sigue porque esta vez nadie pudo vender sus partes. El hombre terminó pagando por otra sombra y la duplicación generó un clima de tensiones y acuerdos secretos entre las sombras, entre el hombre y su nueva sombra, y a veces entre los dos viejos compañeros.
La cuestión radicaba en preferir un límite de seres de carne y hueso y no de sombras. Esta producción generaría a la larga un mundo apagado con un sol que carecería de función y la conquista de cualquier suelo por parte de las sombras. La cosecha sería sombra, los mares y las montañas recubiertos con manteles de sombra.
Más allá de hipótesis descabelladas como la que acaban de oír, hubo una sombra con intenciones de participar en un hecho de tales magnitudes. Se vio agobiada por el poder que emanaba del hombre y su talento no alcanzaba para venderlo en alguna subasta de seres condenados al cuadro de la vida.
En un momento de discusión entre el hombre y su verdadera sombra, ésta produjo una reflexión que causó una convulsión en la persona y su físico se desmoronó como si fuera una casa de cartas: "Los hombres pueden ser vistos descuartizados pero nosotras no, tampoco discriminamos ni poseemos rasgos que connoten clase social y sector. Un hombre se vería mejor solo y en pedacitos"
¡Que terrible falta de adulación! ¡Cuánto desprecio recibido a bajo y negro precio!
La sombra acotó el deseo de no quedarse recostada por mucho tiempo. A su cuerpo se le notaba la irradiación furiosa y el anhelo de ver además un destino oscuro en el pequeño hombre, ensanchando la cavidad y su color en la fuerza.



