Verano porteño
Paz con salsa entre los dientes. Se mojan los suburbios de sus muelas, toda esa zona con departamentos antiguos que no van cayendo precisamente por el reemplazo prematuro de la infancia.
Masticar el barco con las olas del insomnio. La espuma famélica que aún le sale después de muerto.
El paraíso masacrado por piedras que tiran desde abajo, golpeando los talones de todos los Aquiles que pasaron por este mundo. Denostando suelas de zapatos que ensucian el pasto idílico; la flor princesa.
Corazón que pasta como ganado por la extraña naturaleza de llevar otro corazón dentro su interior.
Otro golpe constante maúlla como el diablo primero, el diario que primero venden las canillitas ahogadas en su propia water vomito.
La radio y la ventana desde la que se ven y escuchan (respectivamente) todas las alas pintadas en batista batirse hasta la vida de aquellos espectros cremados y listos para arrojar a los sueños más profundos del verano porteño.



