Violeta violenta
"Pintar esta ausencia con lagrimas violentas, pintar esta presencia con lagrimas violetas"
El violeta no es un color, es una forma violenta de expresar las cosas. Es un golpe a la imaginación,
un insulto al odio, una oración cincelada, musculosa y tonificada.
Me veo reflejado en una laguna que construí con lágrimas violetas. A la que luego le puse un puente
(para gravitar sobre mi desecho); a la que luego le di peces y algas ociosas que vivían en el templo
ya inundado de mi alma.
Violenta mi forma de callar, violenta mi forma de mirar a los espejos que me muestran sus bolsillos
vacíos, cuando saben que me deben de hace tiempo varios tiempos y rostros de juventud.
Violenta es mi forma de abrir la ventana y lanzarme de espaldas a mi cama. Rebotar tres veces porque
tiene siglos de resortes, porque tiene siglos de paz y descanso perpetuo.
Me he buscado y me busco siempre que la luna (ahumada por una niebla de ceniza violeta) se sienta
encima de mis hombros para tejerse otro mantel estrellado.
Nunca me he buscado en el entorno de colores estoicos y superficiales, en el entorno que prefiere
eludir la pasión y el cruel pero real acuerdo de los sentidos expuestos al dolor espiritual.
Y tal vez me llegue a buscar cuando prenda mi velador y se ilumine mi cuarto de violeta.
Tal vez me siente sobre mi almohada y me ensucie los ojos de lágrimas, sabiendo que los sueños, aunque
insistan en ser violentos y tensos, se terminan siempre desvaneciendo, frunciéndose como cabellos que
anhelan volver a dormirse sobre mis hombros.
Lloro porque no pude continuar abrazándote al violeta; deseo perdido en lo inmenso y onírico de cada
noche, y que equivalía a la única posibilidad de poder tocar ese cuerpo tuyo y bello hasta la medula
de tu propia sombra. Esa silueta fantasmal que ahora recorre mi cuarto pintando de violeta esta
ausencia, esta presencia misteriosa y desconocida.



